Eres lo que lees

Un joven lee un libro en un vagón de metro. :: HOY/
Un joven lee un libro en un vagón de metro. :: HOY

Los periódicos y los libros que leemos dan más pistas que los móviles

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

He publicado una novela que lleva la palabra orgasmo en el título y la elección de este vocablo tabú está provocando situaciones curiosas. Cuando la escribí, hace ya 20 años, quería titularla como la he titulado ahora, pero varias amigas juiciosas y prudentes me recomendaron que fuera conservador y buscara algo más comedido. Así que la titulé: 'Miradas que llenan' y así llegó a la lectura final de dos premios de novela. Pero a mí, aquel encabezamiento no me llenaba así que ahora, además de corregir y reescribir algunos capítulos, he optado por mi primera intención y he colocado un sonoro, llamativo y evidente orgasmo en el título.

Puede pensarse que lo hago para llamar la atención y que se venda más o puede pensarse que es un error porque habrá quien se retraiga pensando que con las 50 sombras de Grey ya tuvo bastante. En realidad, pensé que no podía ser otro el título, pero sí, es verdad, está provocando algunas situaciones curiosas.

Una sobrina ha mandado una foto por WhatsApp en la que aparece tendida en una playa y leyendo un libro sobre orgasmos y pueden imaginarse la de tonterías que le han escrito. Hay casos de señoras que pedían tímidamente la novela en las ferias del libro: «Sí, el libro ese sobre eso». Y la librera, divertida, les preguntaba rotunda y en voz alta: «¿La novela esa del orgasmo?», provocando risas nerviosas y miradas sorprendidas. Una amiga que viaja todos los días en tren entre Pontevedra y Santiago de Compostela, ha acabado forrándola para poder leerla sin provocar sonrisitas, picardías y comentarios.

Los tabúes son los tabúes y siguen funcionando. A ello se une un hábito antiguo consistente en juzgar a los lectores por lo que leen. Si en el título aparece Schopenhauer debe de ser una persona profunda e interesante, si es un best seller debe de ser superficial y sin personalidad, si se titula 'Cómo hacer que te pasen cosas buenas' (Marian Rojas) te imaginas a un lector con ansiedad y frustraciones, si lee novelas tituladas 'Todo de mí' (Moruena Estríngana), 'Confía en mí' (otra de Estríngana) o '¡Alto! Ese novio es mío' (Vanessa Lorrenz): romántica al canto, romántico, no porque ellos también leen esos libros y se emocionan con ellos, pero los forran. Y, en fin, si pone orgasmo en el título, te imaginas de todo.

Estas suposiciones no dejan de ser tópicos y prejuicios bobos que no van a la vuelta de la esquina, pero la verdad es que no resulta fácil atreverse a viajar en un avión, en el metro o en un tren mostrando a los demás viajeros que lees 'Todas las malditas veces que la tuve debajo de mí' (Cristina Prada), una novela que va de pop y amor, pero que huele a políticamente incorrecto que tira para atrás y puede dar una imagen equivocada de quien la lee.

Con los periódicos sucede o sucedía lo mismo. Para los mayores de 50, el diario que lees lo dice todo de ti. Hace 30 o 40 años, se llevaban determinados periódicos debajo del brazo como quien enarbolaba una bandera o portaba una condecoración. Yo soy así y pienso así, como piensan quienes leen esto. Ya no son así las cosas, aunque conozco a mucha gente que sería incapaz de tener las agallas de Mariano Rajoy y aparecer con un diario deportivo en las fotos.

Al escribir la palabra foto, he pensado que tengo que pedir una fotografía que ilustre este artículo y no sé si será fácil encontrar una actual en la que se vea a un viajero leyendo un libro en un tren o en un avión. Y quien dice un libro, dice un diario.

En el AVE y en el Talgo, si vas en clase preferente, aún tienen el buen gusto de ofrecerte un periódico gratis. Pero si no vas en Preferente-Talgo, a las estaciones extremeñas de Renfe hay que ir con el periódico puesto porque no suelen venderlo. La última vez que fui en tren, todos los viajeros miraban el móvil, que solo tiene una ventaja sobre el libro: nadie sabe si lees una novela sobre el orgasmo o si lees el último éxito de Andrea Owen: 'Deja de sentirte como una mierda'.