LA LECCIÓN DE LA CRISIS

Protesta de empleados públicos en Mérida en 2012::  hoy/
Protesta de empleados públicos en Mérida en 2012:: hoy

En ciudades como las nuestras, la crisis se notó de verdad cuando afectó a los empleados públicos. Reducirles la jornada laboral como hace la Junta quizás sea una extraña estrategia para resolver los problemas de Extremadura

PABLO CALVO

El año 2008 pasará a la historia como el del comienzo de la crisis económica, aunque 2007 ya acumulaba suficientes datos como para reconocerle la condición de prólogo a esta década perdida. Mayo de 2010 fue, sin embargo, el momento en que nos dimos cuenta de que la crisis iba en serio. Durante ese invierno había comenzado a hablarse, de forma irresponsable como se puede ver claramente ahora, de brotes verdes, pero no fue hasta ese fatídico mes, cuando Obama descolgó el teléfono para avisar a Rodríguez Zapatero de lo que se le venía encima, cuando la sociedad española percibió que la crisis se iba a llevar por delante muchos puestos de trabajo y bastantes derechos.

Pero, de verdad, de verdad, cuando la crisis económica se notó con toda su crudeza en ciudades como las nuestras fue en 2012. ¿Por qué? Porque fue cuando se le metió la mano en los bolsillos a los empleados públicos: se les bajó el sueldo, se congelaron las convocatorias de plazas, se amortizaron otras, las administraciones se desprendieron de los temporales, hasta se sugirió públicamente que un trabajo allí a lo mejor no era para toda la vida.

La consecuencia es que se desplomó el consumo, en general, pero sobre todo en estas ciudades que viven de los empleados públicos, de sus gastos en cafeterías y tiendas, que se fueron quedaron sin esos clientes fieles, comedidos pero siempre seguros.

El desempleo no solo comenzó a afectar a los albañiles como hasta entonces, sino también a los camareros, a las dependientas, a la jefa de las dependientas, al vendedor de coches, al interino, al que vendía ordenadores, al que los arreglaba, a la agencia inmobiliaria..., y el miedo a gastar de los empleados públicos generó un efecto dominó que acabó por hundir las pequeñas economías de provincias.

Pero ya se observa el horizonte de otra manera. Para los empleados públicos digo. También para los docentes y los sanitarios, que realmente son colectivos con muchos problemas pendientes, pero que, al menos, después del verano tendrán 35 horas semanales y en el 2019 todo será como después de la crisis. Y habrá que alegrarse, porque si ellos están contentos, y tienen su dinero en el bolsillo y su tiempo libre, y están un poquito más descansados, podrán gastar más, y entonces habrá más trabajadores en la cafeterías y en las tiendas, y quizás mejores ventas en los concesionarios de coches, que la confianza siempre es buena para meterse en gastos.

Quizás la decisión de la Junta de Extremadura sea una extraña estrategia para acabar con el paro tan alto de la región, por vía indirecta: en lugar de incentivar su creación, favorezco a los funcionarios, que con eso se moverá la economía. El dominó funcionará a la inversa, se supone. Alguna plaza más de profesor y de médicos se podrá crear y tal vez así, los jóvenes extremeños que se deben ir fuera por falta de oportunidades, deseen volver a hacer oposiciones y olvidarse de tanto discurso de que lo importante es emprender.

O quizás sea un comienzo. Primero dedico esfuerzo y dinero a cumplir con los deseos de la empleados públicos, a cerrarles las heridas de la crisis, a devolverles lo que perdieron para que sigan disfrutando de lo que conservaron, el empleo, y ya, con más tiempo, se buscan fórmulas para mejorar las condiciones de quienes no son funcionarios ni laborales. Los que no tienen seguridad en el trabajo, los que firman contratos por semanas o días, los que superan en un pispás las jornadas lectivas de 18 horas de los profesores, los que pasan ese tiempo buscando empleo.

La tarea, en cualquier caso, no ha acabado. El Sindicato Médico lo ha dejado claro: el acuerdo de reducción de jornada a 35 horas semanales es «nefasto». Tienen una lista larga de reivindicaciones, que supongo habrá que ir también atendiendo pues las elecciones no quedan lejos y no es verdad que Extremadura siempre esté a la cola de todo: nos hemos situado en cabeza en la tasa de riesgo de pobreza, es decir, donde se aprecia más desigualdad entre la población, y somos la comunidad autónoma con más empleados públicos en proporción a la cifra de habitantes. Quizás por eso tienen preferencia a la hora de que les arreglen los problemas.

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