Los lápices de Ikea

En Cataluña al fin han caído definitivamente las caretas de la confrontación amigable y la amenaza del goma-2 se hace carne

Los lápices de Ikea
ALFREDO LIÑÁN CORROCHANO

No podía remediarlo; desde el día en el que alguien –a pesar de sus prevenciones– le llevó por primera vez a Ikea quedo subyugado por la pila de lápices de color madera que en cada recoveco del laberinto comercial se le ofrecían inocentes y tentadores como pastelillos de escaparate. Apilados en sus cajas, en perfecto orden de presentación, regularmente afilados, aseados y amigables como mozas de ventero. Desde aquel día acudía con cierta regularidad y soportaba estoicamente el recorrido obligatorio, sección por sección, siguiendo disciplinadamente las impertinentes flechas del suelo, pero feliz al sentir el frú-frú de un puñadito de lápices acogidos a sagrado en el fondo de sus bolsillos. Pero ¡ay! ninguna felicidad es duradera. Ayer mismo volvió para comprobar desolado que alguien había cambiado las normas y las cajas de lápices habían desaparecido. La crisis. La puñetera crisis, seguramente. Si ya ni siquiera hay lápices en el Ikea es que estamos a punto del crack. Seguro.

Y así rumiaba sus penas en la desolación del amor perdido, mirando cómo a su alrededor el mundo se hundía punto por punto: Pedrosánchez, crecido él, dando el salto a la fama internacional en la disputada sección de la incompetencia radical, ofreciendo sin despeinarse un recital ante el mismísimo pleno de las Naciones Unidas de hasta dónde un presidente de gobierno puede ignorarlo casi todo y quedar como un paleto –romance de villanía– explicando al mundo mundial que al fin ha conseguido rizar el rizo de la democracia sacando del valle del olvido los despojos funerarios del viejo general para resucitar el mito del mío Cid. En Ikea tampoco hay lápices.

En Cataluña al fin han caído definitivamente las caretas de la confrontación amigable y la amenaza del goma-2 se hace carne, coreada impúdicamente por el indigno «president» y sus sumisos cachorrillos en el «parlament». Pero al no gobierno de España y a su ínclita «portavoza» le parecen cosas menores, tontunas de colegiales revoltosos que se resolverán como un azucarillo el próximo día de San Martín, el 11 de noviembre. Y en Ikea, pásmense ustedes, sigue sin haber lápices. Ni uno.

Unidas Podemos se ha soltado el pelo para convertirse en Unidos Podemas. Que no es lo mismo, aunque pueda parecerlo, y la prueba es que ha vuelto E.T. en carne inmortal de becario black decidido a cortarle la coleta al maletilla de Galapagar y encima pavoneándose como don Hilarión del bracete de sus 'ex'. Y por si faltaba algo, para adornar la cosa, el cambio climático se convierte en negocio mundial y todos –y todas, por supuesto– con la niña del exorcista a la cabeza, se manifiestan contra él como si fuera el dragón de san Jorge, sin caer en la cuenta, quizá, de que es como manifestarse contra la ley de la gravedad que nos mantiene sujetos a esta puñetera tierra o contra la gravitación universal, tan dominante y absolutista. La culpa por supuesto es del capitalismo, del de la China comunista mayormente. Pero lo peor es que en Ikea alguien ha quitado los lápices, tan ecológicos y aseados.

El mundo se derrumba. El otoño caliente amenaza. Si no llueve, este año tampoco brotarán los manantiales y se agostarán nuestros campos en la sequía. Y, por si fuera poco, en Ikea no queda un lápiz. Que Thor, el dios del trueno, nos ampare.