Lanzando piedras

Lanzando piedras
CARMEN HERNÁNDEZ ZURBANO

Es mi obra preferida, no los panes envueltos en el periódico del día, las barricadas de pan rodeando el coche, sino los periódicos mismos. El anuncio que aparecía, pagando, en distintos periódicos. Un anuncio por palabras. Una esquela. Son las cosas que no conocéis las que cambiarán vuestra vida. Es mi obra preferida. Quería que Sara la viese pero está en otro museo, prestada. Así que se la he contado. Algunas veces son pequeños anuncios que pasarían desapercibidos si no te fijases bien, otras veces son grandes anuncios que ocupan casi toda la página de la derecha. En diferentes idiomas. Nos hemos sentado en unas sillas y seremos peligrosamente irresistibles e inmensamente afortunadas. Nuestra obra preferida es la que no está.

Wolf Vostell llegó un día. Hay cápsulas del tiempo debajo de los nidos de las cigüeñas. El coche empotrado en un muro de hormigón en medio del camino. Del mismo color que el cuello de las garzas. Toda la charca es un gran espejo que repite el paisaje boca abajo. Los pájaros vuelan y bucean. Las hilachas de nubes flotan en dos cielos. El coche cucaracha, la aspiradora con alas, las chuletas y los televisores. Los platos tan blancos, medio costillar, el hormigón sobre los pupitres, las motos apiladas. La música que suena cuando te acercas. Creo que esa es de Dalí.

Hay cosas que se pueden tocar. La tecla de un piano que pone en marcha un pequeño ventilador. La tecla de un piano que enciende una bombilla. La tecla de un piano que hace que una lavadora comience a funcionar. La rama de una hiedra atraviesa un lienzo blanco. La trayectoria de una mosca sobre una ventana durante todo un día. Esa es la obra. Hay cosas que no entiendo, pero entiendo que están escritas con lápices de colores. Cosas que en una balanza harían que uno de los platillos descendiese, que el otro subiera, y sin embargo permanecen en equilibrio. Cosas que ni siquiera pesan.

Me pregunto qué pensaron cuando él apareció. Qué pensaron de sus amigos. Era simpático, parece. Era grande. Alemán. Qué pensaba él. Dónde creyó que se encontraba. Mujeres extranjeras con vestidos negros, rubias, con el cabello suelto o rapado, con el pecho descubierto, como el San Jerónimo del cuadro, lanzan piedras dentro de un coche.

Pensándolo bien, el instante en que se abre la puerta y sales al mirador sobre la charca, sí, esa es mi obra preferida. Seguida de la noche en que escuchamos al grupo portugués junto a la escultura que hay en el patio; y todo lo cubría una luz roja. Seguida del sonido que hacen con sus picos las cigüeñas que anidan en esa escultura. Seguida del disco de aquella actuación volviendo de trabajar en Miajadas. Ese recuerdo. Fue el año que estaban arreglando el tramo de Almoharín. Nos pareció interminable. Reíamos tanto botando entre los baches; bajábamos los cristales de las ventanillas y aquella música sonaba de vuelta a casa. Era el final del verano.