No es un juego

Urge una ordenanza municipal que regule y limite la publicidad de las casas de apuestas en las cercanías de nuestros colegios e institutos

No es un juego

El juego y las casas de apuestas constituyen, hoy en día, una de las grandes amenazas para sectores cada vez más frágiles, jóvenes y vulnerables de nuestro entorno. Como podemos comprobar en nuestra ciudad, estos negocios no eligen su ubicación a la ligera. De hecho, gran parte de las que se ubican en Mérida se encuentran muy cerca de centros educativos en los que nuestros hijos cursan sus estudios. Valgan como ejemplo el colegio Nuestra Señora de la Antigua –con no una, sino dos casas de apuestas a menos de 100 metros de las puertas de entrada al centro–, o la cooperativa docente Santa Eulalia –con una casa de apuestas a 60 metros de su entrada–, o el colegio Miguel de Cervantes, en cuyas traseras podemos encontrar otra.

Hay dos factores decisivos en el aumento de la adicción entre los jóvenes en los últimos años, relacionado también con el auge de los videojuegos y de internet: el fácil acceso a las salas de juego y la escasa reglamentación al respecto. Por ello, el grupo parlamentario de Podemos en la Asamblea de Extremadura ha promovido una iniciativa cuya intención es regular y endurecer los requisitos para la apertura de este tipo de locales cerca de nuestros centros educativos, definiendo qué se entiende como zona de influencia de un área educativa e incrementando la distancia mínima que tiene que haber entre casas de apuestas, hasta ahora claramente insuficiente (solo 100 metros). Por ello, no sólo ha de regularse a nivel regional, sino también aquellas otras cuestiones que dependen del ámbito municipal, aquellas en las que el Ayuntamiento de nuestra ciudad puede y debe tomar medidas de manera urgente. Nos referimos a la rotulación y publicidad que estos locales muestran en nuestras calles. Urge, en este sentido, una ordenanza municipal que regule y limite la publicidad excesiva que las casas de apuestas exhiben y la incitación a apostar que supone, fundamentalmente en las cercanías de nuestros colegios e institutos, fomentando claramente la ludopatía en nuestros hijos. De hecho, el crecimiento de esta adicción en nuestra comunidad resulta exponencial y exige tomar medidas contundentes para atajar un problema social.

El juego en las salas tiene un altísimo potencial adictivo y, aunque lo más importante es concienciar y realizar una labor preventiva, lo primero es regularlo anticipándonos a las consecuencias, ya que estamos ante un trastorno adictivo que cumple los criterios de cualquier droga, que genera tolerancia y síndrome de abstinencia.

Resulta, por eso, fundamental que el Ayuntamiento dicte normas restrictivas en cuanto a los rótulos, luminosos y pantallas que ahora mismo son exhibidos como reclamo para el juego. Es necesaria una acción decidida que proteja a nuestros hijos e hijas de la permanente incitación a iniciarse en las apuestas, un problema social que lleva camino de convertirse en epidemia y que ya ha destrozado a demasiadas familias de nuestra ciudad y de nuestra región.