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De jóvenes a padres, un verano diferente

Enrique Callejo y Cristina Gallego, ambos de Badajoz, con Mateo, su único hijo, este verano en una de las playas de El Portil, en la costa de Huelva. :: Jlg/
Enrique Callejo y Cristina Gallego, ambos de Badajoz, con Mateo, su único hijo, este verano en una de las playas de El Portil, en la costa de Huelva. :: Jlg

Cristina y Quique han empezado a adaptarse al ritmo estival que les marca Mateo, su primer hijo

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

Cristina Gallego y Enrique Callejo son una pareja viajera. Bueno, eran. «Cuando no éramos padres en verano no pisábamos España», dice ella antes de enumerar capitales para las que sacaban billete en estos meses, donde lo mismo acababan en París que en Nueva York. El resto de los días de vacaciones solían elegir destinos de la vecina Portugal, donde las olas y el agua fría no eran un impedimento para disfrutar en julio y en agosto. Incluso no hace mucho esta pareja extremeña hizo un punto y aparte en sus vidas y pasaron catorce meses seguidos en Australia.

Seguramente retomen sus hábitos, pero a día de hoy la realidad es que su hijo Mateo, de dos años, es lo mejor que les ha pasado en sus vidas, pero con poco más de un metro de estatura también es quien les marca el ritmo y el destino vacacional. Así lo reconocen estos dos padres de Badajoz que han pasado parte del verano en las playas de El Portil, en la provincia de Huelva, donde el agua ni está fría ni las olas representan un peligro si el príncipe de la casa decide bañarse.

«En mi vida me he plantado yo en una playa con una sombrilla», decía este verano Cristina, que además de este artilugio para proteger del sol a su pequeño Mateo lleva una nevera portátil para conservar su comida, unos hábitos que ahora sabe que le acompañarán durante los próximos años.

«¡Ahora veo a dos personas jugando a las palas y me entra envidia!», dice la madre

Tanto 'Quique' como su mujer han debutado en varios sentidos en este verano de 2018. Porque otra novedad, añade Cristina, ha sido pasar unos días de veraneo con su madre y con su suegra, una ayuda que reconocen que les viene muy bien para darse una tregua en la atención que requiere Mateo. Para la madre de Cristina, Estrella Navarro, es el octavo nieto, para la de Enrique, Inés Barrena, el primero. Y no hay más que verlas interactuar con el pequeño para comprobar que el niño no les molesta, todo lo contrario, parecen encantadas de verlo jugar y corretear por la arena de la playa, todo un mundo nuevo para él.

Las vacaciones más familiares

La madre siempre se ha dedicado al comercio y relaciones internacionales y en estos momentos ejerce como docente en un colegio de Badajoz. El padre trabaja en el departamento internacional de una bodega de Almendralejo.

Este año las condiciones son diferentes. Falleció el padre de Cristina, el logopeda Diego Gallego, de modo que su madre, también logopeda conocida como especialista en deficientes auditivos, está pasando el verano con sus cuatro hijos. «Estamos en un chalé que tiene mi hermana, el cual suelen alquilar, pero este año es la primera vez que hemos decidido usarlo nosotros. Estas van a ser las vacaciones más familiares en todos los sentidos», señala Cristina.

Estrella e Inés, las abuelas, encantadas con su nieto Mateo.
Estrella e Inés, las abuelas, encantadas con su nieto Mateo. / JLG

Según cuenta, su rutina este año es coger el coche y venir cada mañana a una playa que dista de El Portil apenas cinco kilómetros y en cuyo acceso existe un chiringuito, el Fashion Club, que les aporta comodidad y cierta tranquilidad al estar con un niño pequeño. «Nosotros tenemos un plan cada día, pero la verdad es que es el niño el que marca tanto el destino de vacaciones como el ritmo porque él come a la una, echa la siesta, ...».

Estos dos pacenses son muy viajeros, pero este verano han elegido El Portil, una playa tranquila y cercana, y la compañía de las dos abuelas

Inevitablemente, tanto Cristina como Enrique afrontan un dilema del que todas las parejas con un solo hijo pequeño no pueden huir aunque quieran, el de ir a por el segundo o quedarse como están. De momento, una cosa han aprendido y es que en los siguientes veranos planearán las vacaciones con otros amigos que ya tengan niños, a ser posible de una edad similar para que los pequeños jueguen juntos y no se aburran.

«Ahora veo a dos personas solas jugando a las palas y me digo ¡qué envidia!», señala con tanto humor como resignación.

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