Extremeños que investigan en precario

La mayoría de los jóvenes con un contrato predoctoral no llegan a los 1.000 euros y su horizonte laboral en la región es poco esperanzador

Extremeños que investigan en precario
Álvaro Rubio
ÁLVARO RUBIOCáceres

Javier Vaquero tiene 28 años y es físico. Obtuvo más de diez matrículas de honor en la carrera que estudió en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Extremadura (UEx). Fue uno de los mejores de su promoción. Se graduó con una nota media de 9,03 y seguidamente hizo dos másteres. Sin embargo, desde que dejó de sentarse como alumno en las aulas no ha parado de encadenar contratos que llegan a los 1.000 euros en el mejor de los casos. Primero como técnico de apoyo en un grupo de investigación de la UEx a media jornada. «Ahí rondaba los 750 al mes, era lo que había en ese momento», dice resignado. Luego recibió una beca de la universidad extremeña con la que llegó a cobrar 950 mensuales. Cuando finalizó volvió al grupo en el que inició su carrera laboral y a principios de 2019 le dieron una ayuda de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno. Ahora la Junta de Extremadura le acaba de conceder otra con la que ganará un poco más de 1.000 euros al mes. Con ella tendrá un contrato predoctoral para desarrollar su tesis. Investigará el vapor de agua en la península ibérica, estudiará su variabilidad en el espacio y el tiempo y su efecto radiactivo.

Javier Vaquero,28 años, estudió la carrera de Física: «Lo que peor llevo es la incertidumbre laboral que hay en la investigación»
Javier Vaquero,28 años, estudió la carrera de Física: «Lo que peor llevo es la incertidumbre laboral que hay en la investigación» / J.V. ARNELAS

Pese a ser uno de los que más sabrá sobre ese asunto del país, este pacense tendrá que vivir cuatro años más como mileurista y pensando en un futuro que le ofrece poca estabilidad laboral. «Deberíamos estar mejor reconocidos, es un mundo complicado porque hay que buscar financiación. La incertidumbre laboral es lo que peor llevo. Lo de ganar poco en Extremadura no es tan negativo como en Madrid. Allí otros compañeros no sé cómo llegan a fin de mes», reconoce Javier, que pese a ello se siente privilegiado porque se dedica a lo que le gusta.

Son escasos los contratos predoctorales, concertados con ministerios, la Junta, universidades y entidades privadas, que cuentan con nóminas de cuatro cifras. La que cobró David Gordillo durante los años en los que preparó su tesis giraba en torno a los 1.000 euros. Ahora, a pocos meses de presentar su trabajo, está cobrando la prestación por desempleo. Él es de Villafranca de los Barros, tiene 27 años y estudió Historia en la Universidad de Salamanca (USAL). Logró 14 matrículas de honor y su nota media fue de 9,24. Sabe inglés, italiano y un poco de francés. También cuenta con un máster y lo sabe todo sobre la dinastía Flavia. Ha estado investigando sobre ella casi un lustro y ha pasado horas y horas en archivos, museos, bibliotecas y además ha impartido clases, escrito en revistas especializadas y asistido a congresos internacionales. También ha estado lejos de su casa realizando estancias en universidades de Roma y Burdeos.

David Gordillo, 27 años, estudió la carrera de Historia: «Con el contrato predoctoral cobraba 970 euros; ahora estoy en el paro»
David Gordillo, 27 años, estudió la carrera de Historia: «Con el contrato predoctoral cobraba 970 euros; ahora estoy en el paro» / HOY

«Tras conseguir una ayuda del Ministerio de Educación y formalizar un contrato con la USAL durante cuatro años como personal investigador en formación, los conocidos como PIF, cobraba unos 970 euros al mes. Eso ha finalizado y ahora estoy cobrando el paro. Son unos 800 euros durante seis meses y luego descenderá a 600», detalla. «Durante mucho tiempo nos prometieron mejoras y se han ido demorando. Antes incluso no cotizábamos a la Seguridad Social. Se han conseguido avances aunque algunas universidades no lo están poniendo en práctica», lamenta David.

Mejoras con años de retraso

Se refiere al Estatuto del Personal Investigador en Formación (EPIF), aprobado el 15 de marzo de 2019 tras siete años de retraso por parones políticos. De hecho, ya lo contemplaba la Ley de Ciencia de 2011. Con él se regulan y mejoran las condiciones de todo el personal predoctoral. Establece el aumento del salario mínimo, que se sitúa en 16.422 euros anuales, un avance pese a que sigue siendo la mitad de lo que cobra un titulado que trabaja en la Administración General.

Para establecer las retribuciones se toma como referencia la tabla salarial de la categoría correspondiente al Grupo 1 de personal laboral de la Administración General, que ronda los 28.500 euros anuales. De ese modo, los contratados predoctorales de tercer año pasan a ganar el 60% de esa cifra, es decir, unos 17.100; y el cuarto año el 75%. Aún así no llegan a 22.000 euros.

A eso se suma el tiempo que se puede colaborar en tareas docentes: 180 horas en todo el periodo predoctoral, con un máximo de 60 anuales. El objetivo es que los jóvenes no sean utilizados como mano de obra barata y sustituyan a los profesores contratados. Además, la duración del contrato mínimo debe ser de un año y el máximo de cuatro, prorrogable si es inferior a cuatro de forma automática durante el tiempo que el investigador continúe desarrollando esa actividad.

Sin fondos

Sin embargo, ese estatuto no se está cumpliendo en la mayoría de las universidades españolas. La de Extremadura es una de ellas. Los campus no tienen fondos suficientes y como los Presupuestos Generales para 2019 acordados por el PSOE y Podemos no salieron adelante, el Estado no ha desembolsado el dinero para pagar la subida salarial.

«Se va a pagar el aumento salarial, pero estamos buscando la forma; la situación económica de la UEx es complicada»

«Se va a pagar el aumento salarial, pero estamos buscando la forma; la situación económica de la UEx es complicada» Antonio Hidalgo | Rector de la UEx

«Esto se va a pagar porque hay que cumplir la ley y lo que estamos haciendo es intentar encontrar la forma de hacerlo. Nuestra situación económica es complicada y los que han legislado han trasladado a las universidades el problema. El Ministerio ha aprobado este EPIF y un mes después ha sacado la convocatoria de becas de investigación con el salario antiguo. Eso es una incongruencia», argumenta el rector de la UEx, Antonio Hidalgo.

Debido a esa situación, las universidades catalanas y la de Castilla-La Mancha han interpuesto un recurso contra el EPIF aprobado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Lo han hecho con el objetivo de que se determine qué entidad (Ministerio o Universidad) se tiene que hacer cargo de la subida salarial. La UEx se ha adherido y espera que en octubre haya una resolución.

Respecto a las ayudas que convoca la Junta de Extremadura para investigación, Hidalgo avanza que están en negociaciones con ellos. «Están siendo bastante comprensivos y esperamos que paguen lo correspondiente a los beneficiarios de las becas», apunta Hidalgo.

Por su parte, sobre las ayudas que reciben los doctorandos de fundaciones privadas, el rector es claro. «No podemos asumir compromisos de terceras partes. Si la ley dice que hay que subirlo, será la fundación privada la que tenga que responder», asevera.

Eso mismo es lo que a principios de julio el rector de la UEx les trasladó en una reunión a la Asociación de Doctorandos de la Universidad de Extremadura (ADUEx), una organización creada por un grupo de investigadores de diferentes ramas para emprender proyectos y reducir el aislamiento de estos profesionales durante su camino a la obtención del título de doctor.

«Las sensaciones tras la reunión son muy buenas. El rector nos ha dicho que a partir de octubre se pagará y será con retroactividad desde que entró en vigor. También queremos reunirnos con la Junta de Extremadura», comenta el vicepresidente de ADUEx, Alberto Serna. Él es placentino, tiene 31 años y es ingeniero de Telecomunicaciones. En 2015 comenzó su tesis sobre electromagnetismo computacional. Tras lograr una plaza de técnico de apoyo a la investigación en la UEx por la que ganaba unos mil euros mensuales hasta junio de 2016, obtuvo una contrato para la formación de profesorado universitario (FPU). Ahora cobra 16.500 euros anuales.

Alberto Serna, 31 años, estudió la carrerade Telecomunicaciones: «Es fácil que gente de mi promoción gane el doble, pero me gusta la Universidad»
Alberto Serna, 31 años, estudió la carrerade Telecomunicaciones: «Es fácil que gente de mi promoción gane el doble, pero me gusta la Universidad»

«Es cierto que me gustaría cobrar más y es fácil que cualquiera de mi promoción me doble el salario estando en la empresa privada en Madrid, pero en Extremadura tengo la calidad vida que quiero. Tengo mucha vocación por la universidad y me gustaría quedarme, pero hay una gran competencia y no se jubila mucha gente», reconoce Serna. «Con la aprobación del EPIF tendremos mejores condiciones, aunque la forma de sacar el decreto ha sido muy precipitada y eso ha hecho que las universidades no tengan el aprovisionamiento de fondos necesarios».

Sin embargo, hay ejemplos de campus que ya están pagando la subida salarial. «La de Granada ha aceptado pagar los atrasos y al parecer lo está haciendo desde el mes de junio», detalla Javier Contreras, andaluz que tras tener una contrato predoctoral actualmente está en desempleo y desarrollando una investigación sobre las asociaciones vecinales en Badajoz. Forma parte de la Federación de Jóvenes Investigadores (FJI), una agrupación que lleva luchando desde el año 2000 por mejorar las condiciones laborales de este colectivo. «Se ha avanzado mucho, pero aún hay reivindicaciones que no se han logrado. Por ejemplo, el nuevo estatuto no recoge la posibilidad de recibir indemnización tras finalizar el contrato», añaden desde la FJI, donde en más de una ocasión han aludido a la marcha de jóvenes a otros países.

Fuga de cerebros

En Extremadura también hay ejemplos de ello. El emeritense Víctor Pablo Galván, de 31 años, que estudió Física y un máster de Ingeniería Biomédica, vivía en Badajoz hasta que el 13 de febrero de 2015 se marchó a Maastricht, una ciudad universitaria de Holanda. Allí está desarrollando su tesis sobre biomateriales para regeneración de tejido óseo. «Quería dedicarme a la investigación y en Extremadura no había muchas ayudas para hacer el doctorado, así que me fui al extranjero», explica.

Víctor Pablo Galván, 31 años, estudió la carrera de Física: «Estoy haciendo la tesis en un instituto médico de Holanda»
Víctor Pablo Galván, 31 años, estudió la carrera de Física: «Estoy haciendo la tesis en un instituto médico de Holanda»

Tiene un contrato predoctoral en el Instituto MERLN de Medicina Regenerativa Inspirada en la Tecnología. «Un doctorando en Países Bajos cobra entre 1.800 y 2.500 al mes. Aquí todo es más caro, pero con ese sueldo me da para vivir bien. Además, los investigadores están más valorados a efectos sociales que en España», comenta.

Su contrato acabará este año y luego le gustaría seguir investigando. «Si hubiese posibilidad de volver a España sería maravilloso, pero probablemente no la haya», lamenta. Es consciente de que aquí los salarios están lejos de lo que él cobra.

De hecho, en España también hay diferencias dependiendo de la ayuda predoctoral. Entre los mejor pagados destacan los investigadores del Programa Talento de Madrid, con casi 20.000 euros anuales. En el otro lado de la tabla se encuentran las convocadas por la Fundación Valhondo Calaff en Extremadura, con 11.520 euros. Alberto Aldana, placentino de 26 años, es uno de los beneficiarios.

Alberto Aldana, 26 años, estudió la carrera de Podología: «Hay mucha competencia para acceder a ayudas y el salario es ajustado»
Alberto Aldana, 26 años, estudió la carrera de Podología: «Hay mucha competencia para acceder a ayudas y el salario es ajustado»

Es graduado en Podología y cuenta con un máster de Investigación en Biomedicina. Empezó su tesis hace un año centrada en el diagnóstico y tratamiento de lesiones cutáneas causadas por el virus del papiloma humano. «Tengo un contrato predoctoral en el Centro Universitario de Plasencia y cobro 875 euros mensuales en doce pagas. El salario es un poco ajustado, pero hay mucha competencia para acceder a otras ayudas. La situación se espera que mejore con el acuerdo del EPIF, que afecta tanto a entidades públicas como privadas», apunta Aldana, quien asegura que lo suyo es puramente vocacional.

A él le gustaría hacer carrera investigadora, al igual que a los extremeños Javier Vaquero, Alberto Serna, Víctor Galván y David Gordillo, quien resume lo que previsiblemente les espera. «Hasta llegar a estabilizarse en un puesto universitario, desde que terminas la tesis hasta que consigues una plaza, pueden pasar más de diez años. En ese tiempo no paras de encadenar contratos y desarrollar labores como profesor asociado. Ahora mi perspectiva es intentar optar a un contrato posdoctoral, aunque en España es complicado». No parará de intentarlo. Si no le consigue se marchará al extranjero.