José María Riñones ya puede conducir

Un médico y un examinador de la DGT confirman que puede ponerse al volante

José María Riñones maneja el volante con su brazo biónico y con el muñón de su brazo izquierdo. :: PAKOPÍ
EVARISTO FDEZ. DE VEGABadajoz

José María Riñones ha experimentado estos días una sensación parecida a la que vivió cuando, después de quedarse sin sus cuatro extremidades, consiguió ponerse de pie de nuevo y dar sus primeros pasos. «Con el carné de conducir se te abren otras posibilidades porque tendré la oportunidad de realizar desplazamientos sin necesidad de que me lleven y me traigan».

El examen en el que obtuvo el permiso de conducir se realizó con un coche que tenía pedal de embrague en la pista de tráfico que la DGT posee en el polígono industrial El Nevero. Allí, un médico comprobó que reúne capacidades físicas suficientes para ponerse al volante de un coche, y un examinador se cercioró de que puede maniobrar un vehículo de forma adecuada.

Tan pronto como supo que había superado la prueba, José María no pudo contener la emoción. Llevaba meses preparándose para conducir y por fin tenía en su poder la licencia que le permitiría dar un nuevo paso en la normalización de su vida.

«Yo no le he enseñado a conducir, eso lo trae de fábrica», afirma Ángel de los Santos, el profesor de autoescuela con el que preparó el examen

Atrás quedaban las palabras que escuchó decir a los médicos cuando se recuperaba en la UCI de la amputación de sus dos pies y sus dos manos. «Yo no podía hablar, porque me habían hecho una traqueotomía, pero sí escuché decir que mi futuro estaba en una silla de ruedas».

En ese momento no podía imaginar que dos prótesis colocadas en sus piernas le permitirían andar de nuevo. Ni que podría volver a ponerse al volante de un coche. «Yo no le he enseñado a conducir, eso lo traía de fábrica», explica Ángel de los Santos Sosa, responsable de la Autoescuela Ángel de Montijo. Él ha tutelado las prácticas que le han permitido ponerse a los mandos de un coche.

Cuando comenzó con las prácticas, en la cabeza de José María seguían muy vivos los conocimientos adquiridos durante sus más de 30 años de trabajo en la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. En aquella etapa solía pasar hasta ocho horas a bordo de una motocicleta o un coche uniformado.

Ángel asegura que cuando recibió el encargo de darle las clases tenía la convicción de que este alumno tan especial ya reunía las condiciones necesarias para circular. «La principal dificultad estaba en que él no tiene el giro de talón de cualquier persona, pero eso no le impide controlar los pedales».

Su coche será automático, por lo que no tendrá embrague. :: PAKOPÍ
Su coche será automático, por lo que no tendrá embrague. :: PAKOPÍ

Esa limitación ha sido tenida en cuenta a la hora de concederle el carné, en el que se recoge la obligación de que utilice un vehículo automático sin pedal de embrague. «Lo que más le costó es calcular el tiempo que necesitaba para reducir la velocidad antes de entrar en las rotondas, ahora tiene que frenar un poco antes».

«A partir de ahora podré realizar desplazamientos sin necesidad de queme lleven y me traigan» JOSÉ MARÍA RIÑONES

«Lo que más le costó es calcular el tiempo que necesitaba para reducir la velocidad en las rotondas» Ángel de los Santos, Profesor de autoescuela

Menos dificultad le ha supuesto manejar el volante que ahora agarra con su mano biónica derecha y con el muñón de su brazo izquierdo. «El primer día que salimos de Badajoz para ir al Cerro Gordo fue increíble, al volver a casa no pude dormir la siesta de lo emocionado que estaba. Era como si me hubiera tomado tres cafés portugueses de esos que están muy fuertes».

En otra de las clases ingresaron en la autovía y Ángel constató queno tenía dificultad para circular a una velocidad adecuada y realizar adelantamientos. «Se me venía a la cabeza el primer día que lo vi después de su enfermedad. Aquella tardeme cayeron las lágrimas al verlo en la silla de ruedas, pero ahora me doy cuenta de lo que ha evolucionado».

Ángel y José María, felices. :: PAKOPÍ
Ángel y José María, felices. :: PAKOPÍ

«La clave está en la cabeza», confirma este profesor de autoescuela que se siente orgulloso de haber puesto sus conocimientos al servicio de una persona con la que comparte una estrecha amistad desde la infancia. «Ángel era central en el equipo de Montijo y yo jugaba en la media del Puebla de la Calzada. Pero como él era más grande, yo era el que me llevaba las patadas», bromea José María.

Ahora, José María está centrando sus esfuerzos en analizar los distintos modelos de vehículo que existen en el mercado. Quiere asegurarse de que el coche automático que adquiera tendrá incorporados los automatismos más avanzados «para no tener que estar pendiente de las luces, los limpiaparabrisas o las maniobras de aparcamiento».

«Lo primero que me dijo que iba a hacer cuando tuviera su coche era llevar a su hija al conservatorio, es algo que ha echado de menos durante todos estos meses», indica Ángel.

«Y cuando salga a carretera iré a Puebla de la Calzada para visitar la casa de mis padres», concluye José María, que ya se imagina a bordo del vehículo que le permitirá desplazarse de nuevo sin necesidad de ayuda.

Una enfermedad inesperada que cambió su vida

José María Riñones nació hace 58 años en Puebla de la Calzada y allí creció hasta que a los 21 años ingresó en la Guardia Civil. Pronto se incorporó al Subsector de Tráfico, una especialidad que ha venido ejerciendo en Badajoz desde 1982. En los primeros años salía a patrullar a las carreteras, pero sus conocimientos terminaron convirtiéndolo en una pieza importante para el Grupo de Investigación de Accidentes de Tráfico, que esclarece los delitos viales de mayor gravedad.

Ésa era su vida cuando en julio de 2017 sufrió una endocarditis infecciosa por stafilococo aureus. Esa bacteria dañó la válvula mecánica que le habían colocado en el corazón y, cuando estaba a punto de morir, un medicamento con fuertes efectos secundarios le salvó la vida.

Pocas semanas después tuvieron que amputarle las dos manos y los dos pies. Su futuro estaba en una silla de ruedas, pero José María no se resignó y tras una etapa de recuperación en la Casa Verde de Mérida contrató los servicios de un ortopeda que le diseñó unas prótesis para los pies y un brazo biónico que le permite agarrar objetos.

Desde comienzos de esta semana, también puede conducir, un nuevo paso en su titánica lucha por recuperar capacidades.