TÚ AL PUEBLO, YO A LA PLAYA

Un intrépido veraneante más allá de la frontera

Javier es un apasionado de la piragua, tiene una en Sesimbra y recorre gran parte de la costa en ella. /HELENA
Javier es un apasionado de la piragua, tiene una en Sesimbra y recorre gran parte de la costa en ella. / HELENA

El pacense Javier Alarcón tiene en Sesimbra (Portugal) su refugio durante todo el año

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

Cada vez es más frecuente que los españoles tengan una segunda residencia. Entre los extremeños, tener una otra casa en la playa ya no es algo excepcional. En el caso de Javier Alarcón Domingo (Badajoz, 1967) lo que no es normal es el partido que le saca a su otro 'hogar', Sesimbra, una población de la costa portuguesa.

Javier ejerce de psicólogo en capital pacense y en el año 2006 empezó a rondarle la cabeza comprar una vivienda en la playa. Su primera opción era la costa de Huelva, pero precisamente una publicidad inmobiliaria insertada en HOY sobre unas promociones en Portugal le hicieron volver la mirada hacia Sesimbra. Una visita de fin de semana, constatar que estaba a apenas dos horas de coche y la aprobación definitiva de Carmen, su mujer, decantaron la balanza hacia este pueblo costero del país vecino.

La bicicleta, la piragua, una barquita, los senderos, el tenis, la fotografía y hasta convertirse en constructor naval recuperando embarcaciones tradicionales son solo algunos de los entretenimientos que este extremeño ha encontrado en este pueblito pesquero que en estas fechas se anima al máximo. Lo conoció en plena época de expansión hasta el punto que un nuevo apartamento que le privó de las vistas al mar le obligó a mudarse al otro extremo del pueblo.

Javier con la bahía y el puerto de Sesimbra al fondo.
Javier con la bahía y el puerto de Sesimbra al fondo. / HELENA

«Para mí Sesimbra es mi refugio no solo de verano sino durante todo el año. Cambiar de lugar y a la vez de idioma te traslada a un contexto diferente, te aísla totalmente y te permite evadirte», dice encantado este pacense que se matriculó en portugués en la Escuela Oficial de Idiomas para integrarse mejor en su nuevo pueblo y romper una barrera histórica. Él es padre de dos hijas que han ido creciendo allí y ya tienen su propia pandilla lusoparlante. «Mi sensación es que siempre hemos vivido de espaldas a Portugal y cuando veníamos aquí íbamos de sobrados, algo que creo ya está superado», señala.

No se tumba en la playa

«A mí tumbarme en la playa no me gusta», afirma tajante antes de detallar a qué suele dedicar el tiempo libre en Sesimbra, en cuyo puerto guarda una piragua, una barquita a motor y una Aiola. Esto último es una embarcación tradicional de la zona que va a remos y a vela. «Siempre me llamó la atención el mar y estando en Sesimbra primero tuve una piragua y al ir tanto al puerto conocí a su gente. Me encantaba ver cómo trabajaban la madera. Por eso encargué hacer una que le llevó ocho meses al armador y luego terminó siendo la última que construyó aquella persona porque falleció. El proceso lo grabó la televisión portuguesa y venían a verla gente que estudiaba ingeniería naval. Le pusimos de nombre 'La aiola'».

La bicicleta es su otra pasión, y aunque Sesimbra está en cuesta sobre una bahía y no es muy cómodo pedalear por el pueblo, los senderos que hay sobre los acantilados del Parque Natural de Arrábida sí regalan rutas muy interesantes para el ciclista de montaña. Sin embargo, Javier no se conforma con las actividades convencionales y un día se le metió en la cabeza hacer el trayecto Badajoz-Sesimbra pedaleando, unos 250 kilómetros. «Fue hace dos años, salí a las siete de la mañana y me llevé ropa por si acaso. Cuando llevaba cincuenta kilómetros le dije a mi mujer que tardaría dos días, pero a los cien me vi fuerte, seguí y llegué a las nueve de la noche», dice este pacense que no huye los desafíos y también puede contar que ha hecho un maratón.

Se vino en bici desde Badajoz y con piragua quiere descender el río Sado, entre otros desafíos

Su próximo reto tiene lugar este verano y si las corrientes no han podido con él quizás cuando se publique esta página ya lo haya conseguido. «Quiero salir con la piragua desde Alcacer do Sal y bajar por el río Sado hasta su estuario, seguir remando hasta Troia y dormir en unos pinares antes de partir el día siguiente hasta Sesimbra. Son unas veinte millas en total y tengo que hacerlo en unos días muy concretos aprovechando las mareas», explica el intrépido extremeño, quien también se ha involucrado en la vida cultural del pueblo. Su Ayuntamiento le cedió una sala para una muestra de fotografía que fue muy alabada. «Ya había hecho una exposición en Alandroal sobre la pesca del pez en río y hablando con el concejal de cultura de la Cámara (ayuntamiento) me propuso traerla a Sesimbra». En aquel acto de inauguración el presentador habló de seguir uniendo lazos entre españoles y portugueses.

En una de las muchas actividades que celebra el pueblo.
En una de las muchas actividades que celebra el pueblo. / HELENA

Este pacense ha ido más allá y reconoce que cuando vuelve a España se le escapan palabras en portugués, indicio de lo a gusto que se siente al otro lado de la frontera, donde reconoce que no descansa y ya piensa en más actividades que se llevan a cabo en la zona y que él aún tiene pendiente: voley playa, escalada, kitesurf, ... cualquier cosa menos tumbarse en la playa, que es lo que desea cualquiera en estas fechas.

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