Las inquietantes nieblas de Badajoz

Avión entre la niebla visto desde la sala de embarque pacense. :: A.T./
Avión entre la niebla visto desde la sala de embarque pacense. :: A.T.

Volar desde el aeropuerto extremeño se ha convertido en un ejercicio lleno de incertidumbre

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

El jueves pasado vi Cáceres desde el cielo. No me esperaba contemplar mi ciudad como nunca la había visto, a 10.000 pies de altura y a bordo de un avión que partió del aeropuerto de Badajoz rumbo a Madrid, pero que por razones de navegación, en vez de ir por Mérida, subió hacia el norte. Esa mañana, salí de Cáceres a las siete y no había niebla, pero cuando cogí el cruce del aeropuerto en Talavera la Real, dejó de verse la carretera a más de 20 metros y me temí lo peor.

Efectivamente, el avión que llegaba desde Madrid tuvo que estar 25 minutos sobrevolando la pista de aterrizaje hasta que se atrevió a franquear aquella niebla espesa como algodón de azúcar y aterrizó sin problemas, pero con la emoción consiguiente: pocas experiencias son más inquietantes que un aterrizaje atravesando la capa de nubes bajas, descendiendo sin ver nada hasta que aparece la pista casi por sorpresa y el reactor se posa.

Partimos de Badajoz con 50 minutos de retraso. El piloto se comprometió a recuperar parte del tiempo perdido y llegamos al aeropuerto de Barajas-Adolfo Suárez en 40 minutos. Una curiosidad, en el vuelo viajaba Adolfo Suárez hijo, que la noche anterior había presentado a Javier Fragoso como candidato a la alcaldía de Badajoz por el PP.

Vi por primera vez Cáceres desde 10.000 pies de altura y luego, bella lección de geografía, volamos sobre los valles del Jerte, la Vera y el Ambroz

Quizás el avión pasó por Cáceres para atajar. Después subió hacia los valles del Jerte, la Vera y el Ambroz, en una lección de geografía física inolvidable y bellísima, para girar hacia Madrid a la altura de Béjar. Un viaje perfecto, aunque en tierra ya se temían que iban a preparar unos sándwiches para trasladarnos en autobús, lo que hubiera supuesto la pérdida de enlaces en Madrid para varios países de América y varias ciudades españolas.

En el aeropuerto, una ingeniera aeronáutica muy atenta nos entregó una encuesta inteligente en la que se nos preguntaba por las conexiones aéreas pacenses. Digo que era inteligente porque proponía señalar las carencias del aeropuerto y acertaba (accesos, transporte público), también proponía los horarios que pediría cualquier viajero y otras cuestiones muy lógicas que, si se cumplieran, ayudarían al crecimiento del aeropuerto extremeño.

Lo que desde luego no ayuda es la niebla, tan frecuente en esa zona pegada al Guadiana, que convierte los viajes desde Badajoz en una lotería. El avión, como casi siempre últimamente, iba lleno y el futuro de nuestro aeropuerto va a depender de los sistemas para que funcione con niebla espesa. Si eso no se arregla, Lisboa, Sevilla y Madrid nos comerán.

Mi emoción, un tanto aldeana, lo reconozco, al ver Cáceres desde el cielo, me permitió comprobar que lo que identifica a mi ciudad a vista de pájaro no es la parte antigua, sino el corte de la avenida de Hernán Cortés. De hecho, como no esperaba ver Cáceres, me pregunté qué ciudad sería aquella amurallada en su flanco este, pero no era muralla, sino esa avenida cacereña, que desde 10.000 pies marca e identifica.

Aunque más allá de la postal, la pregunta que surge inmediatamente y que me hago a sabiendas de mi ignorancia en cuestiones aeronáuticas, es por qué no se vuela siempre desde Badajoz a Madrid por la ruta norte si se llega antes. Supongo que se trata de una cuestión de tráficos y aerorrutas, pero la experiencia mereció la pena. Y ya puestos a pedir, ¿sería posible poner en Barajas (puestos a llorar, también en Badajoz) unas finger o pasarelas que permitieran a los viajeros de los reactores pequeños como el nuestro pasar directamente de la cabina a la terminal en lugar de ir caminando y pasando frío?

Pero paso a paso. Primero, que se pueda operar con niebla. Después, más destinos. A continuación, mejor carretera de acceso desde Talavera y un autobús a Badajoz. Se trata de mejoras encadenadas que atraerán a más viajeros y el resto (finger, poder tomar un café o comer algo en una cafetería que dé servicio a la zona de embarque, etcétera), caerá por su propio peso.

 

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