Inmigración,problema y ¿solución?

Extremadura se vanagloria de hospitalaria y solidaria. Lancemos aunque sólo sea como hipótesis paraser estudiada que la región se ofrezca como lugarde asilo para miles y miles de refugiados

L. A. RUIZ DE GOPEGUIPeriodista

Nadar contracorriente no es aconsejable, dicen los expertos. Puedo considerar y aceptar, sin esfuerzo, que una gran mayoría de personas de nuestra sociedad estaría en contra de una inmigración más o menos masiva.

La prueba última del algodón grisáceo se manifiesta en la propuesta de un posible gobierno en Italia de populistas de extrema derecha e izquierdas (algo tan contra natura, desde el punto de vista ideológico, que ya, al parecer, ni siquiera asusta), en el que se apuesta por una devolución inmediata de los inmigrantes. Europa se encuentra en un momento crítico. Voces más o menos autorizadas señalan que el futuro de la Unión Europea tiene los días contados.

Europa, ante el fenómeno de la inmigración se convierte en una ¿fortaleza? Hace años, la Academia Europea de Yuste, en 2004, hizo una declaración 'Europa y el envejecimiento', en el que entre otros aspectos subrayaba lo siguiente: «Consciente de los profundos desequilibrios demográficos que suponen para nuestras sociedades el creciente número de ancianos y el número cada vez menor de jóvenes… con un desequilibrio entre población activa e inactiva que se incrementa todavía más por una aparente paradoja: la vida saludable se está prolongando mientras que la vida laboral se está acortando… La situación actual exige una actuación rápida. No será posible garantizar las pensiones ni los cuidados de salud en el futuro sin una serie de medidas dirigidas a mantener el crecimiento económico y a aumentar el número de personas activas… La inmigración es evidentemente un medio eficaz de aumentar la población activa».

Firmaron esta declaración, entre otras personalidades, José Saramago, Heinrich Rorher, Sir Peter Shafer, Ursula Lehr, Mstislav Rostropovitch, Umberto Eco, Reinhard Selten, y Marcelino Oreja.

En otra declaración, de 2006, la Academia manifestó: «Desde su creación en 1950 como comunidades europeas, la Unión Europea (UE) ha progresado mucho más de lo que nadie podía haber imaginado entonces. El proceso de integración europea garantizó una paz que ha hecho que la guerra entre los Estados miembros parezca prácticamente impensable. Nunca existió una Europa fortaleza, pero hoy los ciudadanos tienen que aceptar las realidades y las incertidumbres de una Europa permeable. La UE no se puede encerrar en sí misma frente a una circulación cada vez más libre de personas, mercancías, ideas, capitales y… gérmenes… La UE debe seguir admitiendo legalmente a los que piden asilo por motivos humanitarios y aceptar a los trabajadores inmigrantes por motivos económicos, sin que ello afecte negativamente a los intereses de sus actuales ciudadanos…».

Firmaron esta declaración, entre otros, José Saramago, Reinhard Selten, Umberto Eco, Sir Peter Shaffer, Heinrich Rohrer, Mstislav Rostropovich, Ursula Lehr, Marcelino Oreja, Ilya Prigogine, Hans Küng, Margarita Salas, y Alain Touraine.

El envejecimiento de la población tendrá un significativo impacto en el mercado laboral de las economías avanzadas. Y España se encuentra entre los países más afectados por este fenómeno demográfico, según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) recogidas en un informe publicado a principios de abril de este año.

De hecho, el propio organismo ya estimó que España pasará de los 9,5 millones de pensionistas actuales a los 15 millones en 2050. Ante este panorama nada halagüeño, el FMI considera positiva la incorporación al mercado laboral de trabajadores extranjeros. «La inmigración puede aliviar la presión del envejecimiento de la población y contribuir a otros beneficios a largo plazo, como un mayor crecimiento y productividad», sostiene en el estudio. «Cualquier esfuerzo para frenar la migración internacional agravaría aún más la presión demográfica. Se necesitan 5,5 millones de extranjeros hasta 2050», concluye.

En el libro recién publicado, '¿Qué nos pasa a los extremeños para estar donde estamos?' terminaba mi aportación en el trabajo 'La imagen de Extremadura', con estas consideraciones:

Una realidad y un sueño, como epílogo. La primera es que somos pocos, un millón de habitantes repartidos en más de 42.000 kilómetros cuadrados, con el encarecimiento de los servicios básicos. El segundo, más que una utopía, una locura: 'Extremadura, enclave 2050'. Dicen algunos economistas que, si Extremadura tuviera dos o tres millones de habitantes más, al mayor consumo se uniría un mayor crecimiento. El envejecimiento de la población en nuestra región, y en general en toda Europa, y el equilibrio demográfico negativo auguran un porvenir grisáceo.

Extremadura se vanagloria de hospitalaria y solidaria con los de fuera. Lancemos, aunque sólo sea como hipótesis ¿descabellada? para ser estudiada, que la región se ofrezca como lugar de asilo para miles y miles de refugiados.

El proyecto tendría que elevarse a la Unión Europea y al Gobierno central, tras asesoramiento de la ONU, ACNUR, y demás organismos y ONGs especialistas en migraciones. Una vez realizado el proyecto (tras unos años), se buscaría la financiación necesaria internacional y nacional. Un proyecto a largo plazo, multidisciplinar, que podría liderar la Universidad extremeña.

De sueños también vive el hombre.

 

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