La inmensa mayoría de las hectáreas quemadas en la región son de pastos

Un bombero sofoca en julio un incendio de pastos en el entorno de la ciudad de Cáceres. :: l. cordero/
Un bombero sofoca en julio un incendio de pastos en el entorno de la ciudad de Cáceres. :: l. cordero

Apenas 150 de las 2.500 afectadas en la época de riesgo alto son arboladas y la mitad de los incendios han quemado menos de una hectárea

Celestino J. Vinagre
CELESTINO J. VINAGRE

Más superficie quemada que a estas alturas del año pasado pero casi toda de pastos, no de zona arbolada. Este es el balance provisional, hasta mitad de agosto, de la época de riesgo alto de incendios en Extremadura, un territorio donde hasta la fecha no se ha producido ningún gran fuego como sí ha ocurrido en diversas partes del país, entre ellas, la vecina Ávila. Los datos que maneja la Aeefor (Asociación Extremeña de Empresas Forestales y del Medio Ambiente) apuntan a que un verano sin excesivos días continuos de calor extremo está siendo vital para impedir que la sequía que padecemos haga más elevado el riesgo de incendio.

Desde el 1 de junio, inicio de la época de riesgo alto, hasta ahora se han producido alrededor de 300 incendios en la comunidad autónoma. Aproximadamente la mitad han sido de menos de una hectárea de superficie, lo que se denomina conato. Esos 300 fuegos han calcinado 2.500 hectáreas. Esa cifra se corresponde prácticamente con la media de la superficie calcinada en los últimos años en la región. Sin embargo, en el conjunto de España, la realidad es que en este verano van cinco veces más hectáreas quemadas que el año pasado por estas fechas.

De ese total de 2.500 hectáreas calcinadas en la región, 150 son arboladas, esto es, las que mayor valor ambiental presentan. Según Aeefor, la inmensa mayoría del fuego se ha centrado hasta ahora en zonas de pastos y, en menor medida, de matorral.

En lo que va de año se han producido 600 incendios, con 4.000 hectáreas quemadas (300 arboladas)

«Los incendios de pastos son de baja intensidad, los que menos daños provocan medioambientalmente hablando», incide Francisco Castañares, presidente de Aeefor.

El año pasado, entre el 1 de enero y el 20 de agosto, fueron 1.000 las hectáreas calcinadas. «El año pasado fue excepcionalmente bueno desde el punto de vista de los incendios. Llovió mucho entre finales del invierno y finales de la primavera y, en general, estuvo el tiempo bastante húmedo durante todo el verano, exceptuando la ola de calor de principios de agosto, que marcó máximas históricas en algunos puntos de la región», recuerda Castañares.

En cambio, este año está siendo muy seco pero, afortunadamente, no se han producido periodos continuos y largos de calor. Otro factor relevante es la persistencia este verano de vientos procedentes del oeste, que llegan con humedad a Extremadura y dificultan los incendios.

El mayor, en Garganta la Olla

«Hasta que no termine la campaña no se podrá saber si es mejor, igual o peor que las de años anteriores. Es obvio que hasta ahora no va mal y que la superficie afectada es básicamente pastos y no arboleda, algo positivo, pero se impone la prudencia», zanja Castañares.

El incendio producido por un rayo en el municipio verato de Garganta la Olla ha sido hasta el momento el más importante del verano. Las estimaciones realizadas a través de las imágenes por satélite hablan de unas 300 hectáreas afectadas por las llamas. La mayor parte del área quemada estaba formada por pasto.

En lo que va de año, la estadística que maneja la asociación forestal es que en Extremadura se han producido 600 incendios, de los que 350 han sido de menos de una hectárea. Esos 600 incendios han dejado unas 4.000 hectáreas quemadas. Solo 300 son arboladas.

Como es lo habitual, en la provincia de Cáceres hay más conatos que incendios mientras que en la provincia de Badajoz ocurre lo contrario: hay más incendios que conatos. Es debido fundamentalmente al tipo de incendios, pastos y dehesas generalmente en la provincia pacense, y matorral y monte cerrado más habitualmente en la de Cáceres; y el tiempo que tardan en llegar los medios de extinción. Son más rápidos en Cáceres que en Badajoz.

En territorio cacereño hay más zonas de alto riesgos, hay más medios y tienen menos superficie total que atender.

Cambio de época

Castañares explica que en campaña de riesgo bajo de incendios -del 1 de enero al 1 de junio- hay más conatos que incendios, «quizá porque aunque no están movilizados los medios, el combustible generalmente no está disponible para arder. Lo hace poco y mal».

No obstante, el presidente de Aeefor resalta que la sequía y el calentamiento global está haciendo cambiar esa tendencia. «Cada vez se notará menos la época del año en la que se producirán y la vegetación tenderá a arder en cualquier época de año, siempre que no llueva», sentencia a HOY.

En este sentido recuerda, por sus consecuencias trágicas, el fuego que se produjo en Portugal el 15 de octubre de 2017. En pleno otoño. Acabó con la vida de 44 personas y arrasó unas superficie de 200.000 hectáreas.

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