Inclusión

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SALVADOR CALVO

Por birlibirloque, un servidor fue a Salamanca a estudiar Preuniversitario, y mire usted por dónde, en la Academia Santo Tomás de Aquino, tuvo por profesor de Literatura y Filosofía a un joven licenciado canario de nombre Ignacio Gómez Galtier. Lo que son las cosas, las clases de aquel joven contribuyeron a despertar, si es que no había despertado ya, en mi ánimo la inclinación por las letras. De modo que después de superar, con ímprobos esfuerzos, las asignaturas infumables de ciencias, me lancé de cabeza, «en plongeon», a estudiar en la Facultas de F. y L., palacio de Anaya.

Este farragoso prólogo ¿para qué? Para venir a decir que, tras la licenciatura me vi, de la noche a la mañana, dando clases de Lengua y Literatura durante la friolera de treinta y siete años. ¿Podré opinar, como experto, sobre lo que es dar clase a 25 – 30 alumnos durante cinco o seis horas diarias a lo largo de las décadas dichas?

Pues verán. Hay alumnos de varias clases. Cuando digo alumnos incluyo a chicos y chicas, no hace falta repetir ambos géneros, como hace esa caterva de ignaros repelentes que nos tienen hasta los mismísimos con el matarile de os/as para todo lo que parlan. Decía varias clases. Hay chicos con talento que necesitan poco esfuerzo para aprender los conceptos. Otros con menos talento, que necesitan más tiempo para lo mismo. Y otros con escaso talento que sí que han de trabajar (hincar los codos) todo lo posible. Bien

También hay chicos diligentes y otros perezosos, por no decir vagos. Si el chico es listo y trabajador, miel sobre hojuelas; y si es menguado de talento y encima perezoso, ya tenemos un grave problema, señora mía. Y ahora viene lo que no me apetece ni comentar, no sea que se ofenda alguien y nada más lejos de mi ánimo.

Hay chicos a los que Naturaleza les dio muy poquito, es decir, nada, y no llegan, pobrecitos, a lo que entendemos como normalidad. He tenido algún alumno así y ciertamente se me partía el alma al ver el sufrimiento de aquella criatura que, con su escasísimo entendimiento, apenas podía entender qué hacía allí, en clase.

En mi centro, y en todos supongo, había especialistas para trabajar con esos chicos y conseguir de ellos todo lo que buenamente pudieran dar de sí. ¿Adónde quiero ir a parar? A que por lo visto ahora, que viene otra Ley de Educación, quieren que los chicos estén todos juntos y revueltos. ¿Qué hará el profesor? ¿Cómo se conduce una diligencia en la que hay caballos veloces, otros cojitrancos y otros incapaces de dar un paso? Insisto en que Dios me libre de herir alguna sensibilidad.

Tal vez suceda que yo ya no estoy al día en estas cosas de la enseñanza y la pedagogía. Y tal vez con los nuevos métodos (la informática y todo eso) se puedan conciliar clases para todos sin menoscabo de nadie. Si así fuese, mira qué bien; pero lo dudo. No sé si habrán entendido lo que he tratado de exponer. Más claro: Hay ahora por ahí una película que trata de un equipo de baloncesto formado con personas especiales (ustedes me entienden), pues un servidor no piensa verla ni aplaudirla. No me hace p…la gracia que empleen a esas personas para un taquillazo, un óscar, un goya o una exhibición egolatrista que me repatea.

No, no, de ostracismo nada. A cada uno lo que necesite para que llegue hasta donde pueda. Otra cosa es que se empeñen en que, en una prueba de atletismo, entren todos en la meta al mismo tiempo. Eso no puede ser.