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Ahigal y Guijo de Granadilla se disputan el uso de un pantano

Ahigal y Guijo de Granadilla se disputan el uso de un pantano

En 1983, ambos municipios protagonizaron una lucha por conseguir más hectáreas de regadío del nuevo embalse de Las Cumbres, que se estaba construyendo

JAIME PANADEROBADAJOZ.

En el verano de 1983, dos localidades de la zona norte de la provincia de Cáceres, Ahigal y Guijo de Granadilla, se enzarzaron en una polémica por el uso de un pantano que se estaba construyendo.

El embalse en cuestión estaba previsto crearlo sobre el arroyo del Palomero, en el término municipal de Ahigal. El Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA) llevaría a cabo la obra en la zona de 'Las Cumbres', nombre con el que pasaría a conocerse el pantano, como compensación por los perjuicios causados a las poblaciones cacereñas derivados del trasvase Tajo-Segura, que había empezado a funcionar unos años antes.

La controversia entre los vecinos de ambas localidades residía en el número de hectáreas regables que le pertenecían a cada una gracias al nuevo pantano. Ahigal contaría con 220 hectáreas, pero quería que se ampliasen hasta las 420, tal y como le habían prometido. Por su parte, a Guijo le correspondían 190, pero en ese momento solicitaba otro centenar más.

Los ediles pedían las 810 hectáreas prometidas para el regadío

Por tanto, el embalse tendría que regar un total de 810 hectáreas para satisfacer las necesidades de ambas poblaciones. En cambio, su capacidad de abastecimiento, en principio, no era superior a las 500 hectáreas.

El teniente de alcalde de Ahigal, José María Domínguez Ruano, y el concejal Julián García aseguraban que el Ayuntamiento «pidió explícitamente ese pantano al IRYDA» para los regadíos del pueblo, y que las primeras pruebas de tierra se habían tomado hacía «unos diez años». Ellos se aferraban al hecho de que la presa se colocaría en su término municipal para defender que el agua fuese utilizada solo por sus vecinos. Solo en caso de excedentes, podría ofrecerse a otras localidades cercanas.

Por su parte, el alcalde de Guijo de Granadilla, Tomás Rodríguez Terroso, discrepaba con ellos. «El pantano se iba a construir en Ahigal como pudo haberse hecho en cualquier otro pueblo, como en Guijo, porque la intención era simplemente dar un pantano más a Cáceres por las compensaciones», manifestó a este periódico.

Ambas poblaciones acusaron al IRYDA de ocultarles información

En algo sí estaban de acuerdo: toda la culpa era del IRYDA, que había negado ofrecer cualquier tipo de información sobre el proyecto, a pesar de que ambos pueblos se lo habían solicitado en reiteradas ocasiones. Tanto la institución como el ingeniero que había diseñado la construcción, Fernando Revert, ignoraban las constantes peticiones para aclarar el asunto. De hecho, no se sabía de forma oficial el coste que tendría el proyecto, la cantidad de agua que embalsaría o las hectáreas que podría regar; ni siquiera si pagarían las expropiaciones realizadas para ejecutar las obras.

«No queremos que haya roces entre los dos pueblos, pero el silencio del IRYDA es sospechoso. No entendemos por qué un organismo agrario como este nos oculta información», coincidían ambos portavoces.

También creían que el ingeniero y encargado de la construcción, Fernando Revert, les «toreaba». Una comisión del Ayuntamiento de Ahigal concertó una cita con él y se desplazó hasta Cáceres para poder solucionar el problema, pero Revert ni siquiera se presentó.

Las obras de nivelación había comenzado unos meses antes, en abril de ese año, según confirmaron los representantes municipales de Ahigal y Guijo. «Lo han hecho sin consentimiento del Ayuntamiento, sin escuchar a nadie, sin haber expropiado ni una hectárea de terreno y arrasando olivares, sembrados y cercados», manifestaba el teniente de alcalde ahigalense.

Su posición era tajante: «Lo que tenemos claro es que queremos 420 hectáreas o ninguna. Únicamente vamos a apoyar la obra si contempla las 420 hectáreas que nos prometieron. Si no, todos los vecinos nos manifestaremos a principios de septiembre».

El pantano nunca acabó cumpliendo la función para la que fue creado

Ante la posibilidad de que la obra del pantano se pudiese paralizar si finalmente no llegaban a un acuerdo, el alcalde de Guijo lo tenía claro: «Pues si no se construye el pantano, que no se construya». Aunque se alargó más de lo previsto, la presa al final se acabó construyendo y ambas localidades pudieron disfrutar de ella, aunque no cumplió la función para la que originariamente se había creado. En 1992, aunque el embalse ya llevaba varios años terminado, aún no se había realizado la concentración parcelaria necesaria para poder abastecer los regadíos de la zona. Y, aunque parezca inverosímil, nunca se llegó a hacer.

El uso del pantano cacereño de Las Cumbres, por tanto, quedó meramente restringido a la pesca deportiva y a otras actividades ociosas de los vecinos de Ahigal, Guijo de Granadilla y Cerezo, como rutas en bicicleta, romerías o zona recreativa de baño.

Eso sí, el pantano se convirtió rápidamente en una de las mayores reservas de tencas de la región extremeña. La calidad de sus aguas también permitió la proliferación de otras especies acuáticas, como el cangrejo americano, la trucha o el barbo, que suponían un enorme atractivo para los amantes de la pesca. Cientos de aficionados a esta modalidad deportiva llegaban cada año desde muchos puntos de la península para capturar peces en sus aguas.

No era el objetivo inicial del proyecto, pero al menos sirvió de desahogo para los vecinos de la zona, ante su inutilidad para abastecer el regadío.