El hospital de Mérida aplica una técnica que evita la caída del pelo a enfermos de cáncer

Una enfermera de la sala de quimioterapia del hospital de Mérida muestra los cascos. :: brígido/
Una enfermera de la sala de quimioterapia del hospital de Mérida muestra los cascos. :: brígido

Se trata de un casco que enfría el cuero cabelludo durante las sesiones de quimioterapia y se ofrece en pocos hospitales públicos

M. Ángeles Morcillo
M. ÁNGELES MORCILLOMérida

Los pacientes que estén sometidos a un tratamiento oncológico y que noten como pierden su pelo, sus cejas y sus pestañas pueden evitar ya pasar por este gran inconveniente. La solución la aporta el hospital de Mérida, donde se ofrece un nuevo servicio que resulta eficaz.

El Área de Salud de Mérida acaba de incorporar la técnica 'scalp cooling', que busca el enfriamiento del cuero cabelludo a través de un casco que consigue, en determinados cánceres y con determinados tratamientos -no sirve para todos los casos- que los pacientes tengan una menor pérdida de pelo durante su tratamiento.

De este modo pueden conservar la mayor parte del cabello que tenían antes de tratarse. La empresa que lo instaló en Mérida se llama Oncobel y se trata de una prestación que aún ofrecen muy pocos hospitales públicos del país. El primero en el que se aplicó en España fue el de Ourense.

Se aconseja a pacientes que tienen tumores sólidos y que reciben tratamiento para su enfermedad

Tras conocer su existencia, el Área de Salud de Mérida se puso en contacto con la empresa que lleva esta técnica en España para adquirirlo para el hospital de la capital autonómica, el primero de Extremadura en el que se instala y uno de los pocos públicos del país.

Este sistema está ampliamente desarrollada por todo el mundo. En España está extendida en la sanidad privada, pero ha llegado a muy pocos centros públicos. «No podíamos consentir que a una técnica que existe en Europa, EEUU y España, que está avalada, solo tuvieran acceso los pacientes de la sanidad privada».

Así se expresa el gerente del Área de Salud de Mérida. Juan Carlos Escudero, quien indica que fue muy sencillo adquirir este sistema, cuyo coste es de a unos 14.000 euros al año. Antes, tuvo que coordinarse y ponerse de acuerdo con las partes implicadas: los oncólogos clínicos, los oncólogos radioterapeutas y el personal de Enfermería del Hospital. «Esto significa un cambio en la mecánica de trabajo, porque la sesión por paciente dura un poco más».

También palpó la opinión de la Asociación Oncológica Extremeña y de la Asociación Española de lucha contra el Cáncer, que desde un principio estuvieron de acuerdo en la aplicación a los pacientes que lo demanden.

En ese proceso habló con las psicooncólogas, que son las que más gestionan este tipo de enfermedad. No en vano, a las asociaciones se les ha encomendado la misión de informar y ofertar este tipo de prestaciones a los enfermos y familiares con los que tratan día a día, explicándoles sus ventajas, inconvenientes y efectos secundarios.

Recuerda que en la primera sesión clínica que se aplicó esta técnica estuvieron presentes médicos, enfermeros y pacientes. «Todas las partes mostraron todo su apoyo y luego todo fue de corrido, pues la decisión fue muy fácil tomarla. A principios del pasado mes de julio ya disponíamos de la máquina», relata el gerente de área.

A día de hoy hay tres pacientes, las tres mujeres, que se han sometido a este nuevo tratamiento. De hecho, esta técnica no vale para todos los pacientes. Solo para los que se les hayan diagnosticado tumores sólidos y para determinados tratamientos de quimioterapia. «Pero de esta nueva técnica se pueden beneficiar entre el 60 y el 80%».

La primera persona que se ha puesto el casco ha sido una mujer de unos 60 años. Lo pidió porque dijo que no quería dar más muestras de su enfermedad ni de su tratamiento. Quería seguir trabajando y llevar una vida normal, explica Escudero. «Hay otras personas a las que les da menos cosa perder el pelo y no lo demandan».

Entre los 19 y 21 grados

Esta técnica consiste en que la persona se sienta en el sillón de quimioterapia para recibir el tratamiento. Aproximadamente unos 20 minutos antes de ello se le pone el casco, para que tenga la cabeza fría, y después recibe el tratamiento de quimioterapia. Tras finalizar la sesión recibe de nuevo el frío y tras acabar ya se puede marchar a casa. La temperatura que se aplica está entre los 19 y los 21 grados.

De las primeras pacientes que han decidido aplicarse esta técnica, algunas la aguantan mejor. Otras lo llevan un poco peor. No todos tienen la misma temperatura corporal, ni le afecta igual el frío, y mucho menos si se está enfermo y se tiene bajas las defensas.

Por el momento, en el hospital de Mérida se han instalado dos máquinas y los cascos se pueden aplicar a diferentes pacientes después de una exhaustiva limpieza.

Ahora, el personal sanitario del hospital espera los resultados de la nueva aplicación. Pero Escudero adelanta que seguramente serán buenos y confirma que ya se nota que a las pacientes a las que se les aplica no se les cae tanto el pelo. «Una vez que se pone la prestación en manos de los profesionales, son ellos los que tienen que ofrecérsela a los pacientes. Todo lo que tenga que ver con la humanización de la asistencia sanitaria es primordial».

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