¿Hernán Cortés o Ferrán Cortés?

Estatua de Francisco Pizarro, en la plaza Mayor de Trujillo. :: E.R./
Estatua de Francisco Pizarro, en la plaza Mayor de Trujillo. :: E.R.

En Cataluña se inventan conquistadores propios y en Extremadura los escondemos avergonzados

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

En Extremadura tenemos el síndrome del conquistador malvado. Es una patología social que aqueja, sobre todo, a quienes podríamos catalogar como progresistas y consiste en asociar la conquista de América únicamente con el genocidio, el expolio y la destrucción. Esa visión de la conquista se extendería a sus protagonistas, los conquistadores, personajes detestables de quienes nos avergonzamos, y vendría impuesta por la leyenda negra urdida en Inglaterra y Holanda, por el rechazo a la utilización que el franquismo hizo de la conquista y por la eclosión del 'Procés' catalán, que nos lleva a tener mucho cuidado para no ser acusados de irredentos nacionalistas españoles franquistas.

Recuerdo a Subhas Yadav, un joven hindú al que entrevisté el año pasado. Ajeno a leyendas negras, procés y franquismos, me confesaba que estaba en Cáceres haciendo su tesis porque «el hispanismo empieza en Extremadura con los conquistadores, que son quienes llevan España a América». Es decir, Subhas no hablaba de exterminio ni conquista, hablaba de hispanismo.

No hay conquista sin horror, pero por mucho que busquemos en los archivos de Londres o La Haya, nunca encontraremos leyes que defiendan a los indígenas ni planes sobre su integración, algo que sí proponen en España De las Casas y Montesinos. Proponen y se les hace caso.

Los españoles propusimos los derechos humanos en el siglo XVI gracias a la Escuela de Salamanca e incorporamos América a la civilización occidental. Y Extremadura no es tierra de conquistadores, sino tierra de colonizadores. Pizarro no era el porquerizo pobre y analfabeto que se marcha a América para poder comer y, de paso, destruye el imperio inca él solo. Se han escrito biografías suyas recientemente que lo presentan como un hombre culto, de origen noble y ponen en su sitio su actividad americana.

Pizarro va a América en la expedición de fray Nicolás de Ovando de 1502. Este brocense-cacereño es fundamental en la colonización americana, aunque como no es útil a la leyenda negra, se habla poco de él. Organizó y capitaneó la flota más grande que fue a América: 32 barcos y 1.500 colonizadores. Creó algo así como el Plan General de Ordenación Urbana de la colonización, que permitió construir ciudades como La Habana, Santo Domingo, Veracruz, Cartagena de Indias o Panamá de manera racional. Levantó el primer hospital de América, que prestó servicio durante tres siglos y precedió a más de 25 grandes hospitales en las Indias, creados entre 1500 y 1550. Además, se fundan más de 20 universidades españolas en América y ninguna holandesa o portuguesa.

Pizarro era pariente lejano de Hernán Cortés, cuya biografía, escrita por Christian Duverger, lo presenta como hombre culto, político sagaz y persona reflexiva frente a la leyenda negra, que nos presenta a Cortés como un desalmado caudillo extremeño que desembarca con 500 soldados para exterminar, ellos solos, a los entre 80.000 y 250.000 aztecas de Tenochtitlán.

Duverger demuestra que las matanzas de aztecas fueron cometidas por tribus que pactan con Cortés y que antes habían estado sometidas a los aztecas, un pueblo totalitario que fundamentaba su poderío en el terror y en los entre 20.000 y 30.000 indígenas de esas otras tribus que sacrificaban cada año.

Aunque lo más incomprensible es que en Madrid o en Mérida miremos para otro lado cuando se habla de Cortés y de Pizarro mientras en Cataluña, historiadores como Víctor Cucurull, de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), defienden que Hernán Cortés era de allí y no de Medellín y que se llamaba, en verdad, Ferrán Cortés o que Francisco Pizarro, según Pep Mayolas, ni se llamaba así ni era de Trujillo, sino catalán de pura cepa y de nombre Francesc de Pinós de So i Carrós, largo apellido que, al contraerse, devino en Pizarro. Estas teorías se pueden ver y escuchar en Youtube. Parecen del Club de la comedia, pero no, van en serio. Ellos se inventan conquistadores propios y nosotros los escondemos avergonzados.