HOY LO CONTÓ UN 11 DE AGOSTO DE 1954

La Haba no se cansa de trabajar y continúa sin conocer el paro

La Haba no se cansa de trabajar y continúa sin conocer el paro

El pueblo de la zona de Vegas Altas veía premiado así su trabajo día tras día y lograba estabilizar su tasa de desempleo en el cero por ciento en 1954

FERNANDO GASTÓN

Ojalá hoy en día se pudieran contar noticias de este estilo. El municipio pacense de La Haba celebró en 1954 el no contar con ningún miembro de su población activa en el paro. Esto fue posible gracias al buen hacer de todos de sus trabajadores para poder sacarle rendimiento a sus oficios.

Como es lógico por la época en la que se habla, la mayoría de los empleos que ofrecía la localidad tenían que ver con el campo. Gracias a estas labores se abastecía a buena parte de la comarca, además de conseguir exportar en gran número. Todo un referente para el trabajo de la región.

Mineros sepultados en Cali
Pocas veces habrán vivido en Colombia una tragedia similar en cuanto a cifras. En 1956 murieron sepultados 1.907 mineros y seguían heridos 1.800. Las autoridades ya habían perdido la cuenta.
La central de Valdecaballeros, autorizada
Era la primera central nuclear que lograba el visto bueno para funcionar en la región. El día en el que le dieron el sí, llegó en 1979, aunque necesitaba aún ser aprobado por las Cortes.
Contador defiende su inocencia
Tras ser acusado en un posible caso de dopaje por Clembuterol, el ciclista con raíces extremeñas salía al paso para declararse inocente y evitar la suspensión. Fue en el año 2007.
Valdecañas ayuda a Murcia
La región mediterránea lo estaba pasando bastante mal por la poca reserva de agua que tenía, y el pantano cacereño de Valdecañas quería salir a su paso. El Gobierno lo estudió en 2008.
Calderón, a la final
El base de Villanueva de la Serena se hizo experto en aliviar el calor y la crisis a toda España en aquel verano de 2012. Llevó a la selección a la final de los Juegos Olímpicos siendo protagonista principal.

La carretera que iba desde Don Benito hasta La Haba, atravesaba las ricas tierras de Barros. Eran tierras muy pobladas de cosechas de trigo rublo, que en pleno verano generaban una mancha ocre y rojiza que se perdía en suaves lomas y collados hacia el pico arisco del castillo de Magacela. Hacia el mediodía asomaban en la lejanía los encinares de la Serena, así lo definía este diario en la época.

La carretera de entrada tenía a los lados numerosas cosechas de trigo rubloHay que destacar que los caminos del municipio tuviesen adoquines en aquellas fechas

En ese año tan seco, apenas se veían melonares por los campos, casi toda la llanura estaba sin cultivos, solo los rastrojos rompían con su pajizo color la sinfonía colorista. El pueblo se encontraba en medio de una hoya que atravesaba un riachuelo, seco casi todo el año, pero que cuando se desbordaba por las tormentas inundaba las casas, ocasionando destrozos, como ocurrió no muchos años antes.

El enviado especial de HOY que acudió a realizar esta información aquel año, destaca sobremanera que al entrar en el pueblo el coche logró entrar en él sin muchos problemas. El compañero esperaba que el coche diese un salto -algo normal en cualquier localidad en la década de los 50-, pero se deslizó a la perfección, puesto que el camino estaba adoquinado. Las casas de La Haba eran sólidas y amplias, pero ya por entonces llevaban construidas desde hacía un siglo y medio, por lo que no es de extrañar que también hubiesen sido hechas por gente de la localidad dada su duración y atendiendo a su buen hacer en el trabajo. Los edificios más modernos eran el del Ayuntamiento -de color blanco- y la casa del médico, situada justo al lado.

El municipio constaba en ese instante con 8.346 hectáreas de terreno. Una buena parte del término lo constituían tierras de una feracidad extraordinaria, muy parcelarias, pero la mayoría estaban en manos de propietarios de fuera, sobre todo de Villanueva de la Serena y Don Benito. De hecho, el 80% de las tierras tenían por dueñas a familias que vivían en otros lugares de la comarca.

Este reparto de la riqueza mostraba claramente la dificultades a la hora de vivir de todo el pueblo. Esto se originó al emigrar a otras poblaciones los habitantes del pueblo que tenían más posibles para poder desarrollar sus labores más cómodamente. Precisamente la falta de nuevas construcciones en la localidad, como ya se ha comentado antes, era el principal caso al que se apuntaba sobre el impedimento de poder estar adecuadamente en la localidad. A pesar de ello, y esto es lo que centra esta información, el pueblo no había vivido hasta entonces ninguna época más próspera.

Para que la población pudiera disfrutar de una vida más plácida, lo mejor era darse a conocer al resto de la región, y para ello no había nada mejor que tener un buen acceso por carretera y ferrocarril. Pues bien, como viene siendo habitual en las poblaciones que no destacan precisamente por el dinero, las comunicaciones que se les ofrecía desde las administraciones eran bastante deficientes. Bueno, pues a pesar de ello, los valientes que decidieron quedarse en la localidad lograron sacar todos sus trabajos adelante. Tanto es así, que llevaron por bandera algo que en la actualidad resulta inimaginable, como es presentar una tasa de desempleo del cero por ciento. El sueño de todo alcalde.

Nuevas embajadas

Ese día también tuvieron lugar otras noticias de importancia a lo largo de todo el panorama nacional. Es el caso del nombramiento de los nuevos embajadores españoles en lugares estratégicamente muy destacados, como son Washington y Caracas. El elegido por la dictadura franquista para representar a España en la capital norteamericana fue José María Areilza. Era un hombre que ya tenía hecho un nombre en la escena política española por aquel entonces, lo que le valió el puesto de la embajada más importante de las que existen en el mundo, más aún cuando la dictadura se arrimaba tanto al americanismo. A Venezuela se fue Valdés Larrañaga.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos