Género

BEATRIZ MUÑOZ

Al final no me ha quedado más remedio que escribir este texto. Lo tenía en mente desde el primer 'Pisando charcos' y me resistía a hacerlo porque me parecía que era decir obviedades, sin embargo, la realidad se impone y me veo aclarando un concepto, el de 'género', que tanto interés como rechazo presenta.

A mis estudiantes les hablo del 'género' cuando explico el concepto de desigualdad social. Es entonces cuando señalo que existen distintas dinámicas de estratificación, es decir, criterios por los cuales se establecen las desigualdades en una sociedad. Así, no es lo mismo ser payo que gitano, no es lo mismo cobrar una pensión no contributiva que una pensión máxima, no es lo mismo tener 80 años que 25. Tampoco es lo mismo ser hombre que mujer y a estas últimas diferencias sociales construidas en torno al sexo de las personas es a lo que llamamos 'género'.

Las Ciencias Sociales y las Humanidades nos han proporcionado muchas evidencias acerca de cómo el género ha definido la vida de las personas no solo a lo largo de la historia sino también transculturalmente. Sirva como ejemplo el hecho de que durante siglos las mujeres tuvieron vetada la entrada en las bodegas pues se entendía que su cuerpo, cuerpo menstruante e impuro, podía echar a perder el vino. He aquí un claro ejemplo de cómo la biología ha definido diferencias sociales, esto es, de acceso a espacios, recursos y derechos.

Hoy día entramos en las bodegas, hay mujeres que han hecho del vino su profesión, las enólogas, y hasta podemos beberlo sin que se nos haga un juicio sumarísimo. Los cambios en materia de igualdad se han ido produciendo -gracias a las reivindicaciones y lucha del feminismo, otra palabra maldita para algunos- aunque a ritmo diferente según las sociedades, pues sobre lo que no hay ninguna duda es de que las desigualdades de género están presentes en todas aunque en grado distinto. Los indicadores educativos, de actividad económica, trabajo, salud, renta, etc., evidencian que el 'género' es la categoría que define y explica cifras y realidades diferentes y desiguales, por lo que no cabe que haya quien las niegue y se empeñe en hablar de ideología de género en lugar de desigualdades de género empíricamente demostrables y demostradas.

Son esas mismas personas que prefieren hablar de 'violencia intrafamiliar' en lugar de 'violencia de género' o 'violencias machistas', cuando los datos, insisto en la palabra 'evidencias', muestran su volumen y su especial naturaleza. Lo dicen instituciones y organismos españoles, pero también todos los internacionales que, como en el caso de la OMS por citar un ejemplo, considera la violencia contra las mujeres como «un problema de salud pública global de proporciones epidémicas».

Mientras la investigación, los gobiernos y las instituciones alertan de los datos y llaman la atención sobre la necesidad de emprender acciones específicas urgentes, en España estamos asistiendo a un vergonzoso mercadeo que pretende esconder la realidad homologando causas. ¿Se imaginan curar una hepatitis con una tratamiento para la gripe? Nada les importa lo que se sabe de la enfermedad, en este caso de la epidemia; lo suyo sí que es ideología, se llama misoginia y la comparten todos lo que participan de este cínico intercambio de cromos. Las personas rigurosas y los gobernantes responsables saben que el género es una categoría de análisis y de relación fundamental en el diseño y puesta en marcha de políticas públicas.