Generales

Vista general de Alarcos y sobre el cerro su castillo./,UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA
Vista general de Alarcos y sobre el cerro su castillo. / ,UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA
AGAPITO GÓMEZ VILLA

No, el título no tiene nada que ver con las probables elecciones generales de noviembre. En tiempos de Franco, general de generales, ¡generalísimo!, por ahí va la cosa, el personal se quejaba de que había estado cuarenta años sin votar. Pues ahora, lo que se dice ahora, lo vamos a dejar de sobra. A lo mejor es una venganza de la historia: para sacar el atraso de aquella pertinaz sequía 'votacional', palabra que me acabo de inventar, ¿a que no suena mal? Al grano.

Última hora: descubiertas las tumbas de un príncipe y veinticuatro aristócratas íberos (iberos en la fonética latina, la otra es la griega) en Alarcos, Ciudad Real. ¿Que por qué se sabe la condición social de los difuntos? Lo de que el jefe era príncipe no sé cómo han podido averiguarlo, pero lo de los aristócratas está clarísimo: a quién van a enterrar, si no, junto al jefe. Pero no solamente han averiguado que el lugar, siglo III a. de C., era un principado, ¡si había príncipe...!, sino que aquellos señores bien pudieron haber participado, toma ya precisión, en el combate que tuvo lugar no muy lejos del lugar, y en el que fue derrotado y muerto, Amílcar Barca, el primero de los tres generales, ¡aquí está!, que provenientes de Cartago, «colonia fenicia del norte de África» (enciclopedia escolar, textual), vinieron a dar una corrida en pelo a los pueblos ibéricos, que maldita la gracia que les haría. Los otros son, como es conocido, Asdrúbal y Aníbal, yerno e hijo de Amílcar, respectivamente. Aníbal, después de lo de Sagunto, se fue en cata de los romanos.

Tres generales, ya digo. ¿Generales? La pregunta no tiene nada de simple. Los que hicimos la mili (lo reciclo todo positivamente: volvería a vestir de caqui, soldado raso que fui), les decía que los de aquel tiempo no sólo sabemos lo que es un general (o una generala, que ya tenemos una), sino que somos capaces de distinguir un general de brigada, de un general de división o de un teniente general. Sabemos, asimismo, que, antes de acceder al generalato, es preciso haber pasado previamente por los empleos de: comandante, teniente coronel y coronel. Y antes: alférez, teniente y capitán. Pues bien, resulta que los historiadores, que han sido capaces de escudriñar la vida y milagros de los tres célebres cartagineses (los de Cartagena son cartageneros), no dicen ni palabra acerca de su ascenso al generalato. Como lo oyen. Lo lógico hubiera sido alguna alusión a su época de capitanes (hay militares celebérrimos que no pasaron de tal: Gonzalo Fernández de Córdoba, por ejemplo); o de comandantes: Fidel Castro se quedó ahí. Pues nada: hete aquí que, de golpe y porrazo, aparecen como generales. Imagino que sería por méritos de guerra, como Franco.

Ni que decir tiene que el más famoso de la terna es el tercero, o sea, Aníbal: lo de los elefantes atravesando los Pirineos y los Alpes, es algo que queda grabado para siempre en la memoria escolar. Pero hay algo más, mucho más: por lo visto fue un excepcional estratega militar, admirado por Napoleón. Y más todavía: dice la historia que, «de viejo» (¡mucho más joven que yo!), se dedicó a la política. Me quedo con las ganas, ay, de saber si fue o no progresista.