Menos gatos y más nietos

El primer niño extremeño nacido en 2019 con sus padres. :: HOY/
El primer niño extremeño nacido en 2019 con sus padres. :: HOY

En Extremadura nacen la mitad de niños que en 1975

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

El gato de mi hijo se llama Ódor. Cuando voy a su casa, me quedo mirando fijamente al minino porque es muy salado: frota su lomo contra mi pierna, ronronea, juguetea. Es como esa nietina con la que sueño y que tardará en llegar porque, lo asumo, las parejas jóvenes, que ni tan siquiera llegan a mileuristas, entienden lo de tener un hijo casi como una catástrofe económica y laboral a la que no pueden hacer frente.

Jamás le he dicho a mi hijo y a Bea, su pareja, que me gustaría que, además de Ódor, me enterneciera una nietina porque, ¡caramba, es su vida, no la mía! Pero si trasladamos mi anhelo callado a lo colectivo, entonces sí que es necesario pensar en serio en tener nietinos y nietinas: no se trata del capricho de un futuro abuelo chocho, sino de la necesidad imperiosa de una región, Extremadura, de que nazcan más niños.

En esto de los índices de natalidad no somos los últimos de la fila. En 2017, en Extremadura nacieron casi ocho niños por cada mil habitantes. Estamos por encima del distrito europeo con menos bebés: Euritania, en Grecia (5,1). La siguiente en la lista es la provincia de Zamora, donde nacieron 5,2 niños por mil habitantes. Si repasamos los índices de natalidad, nos percataremos de que los distritos con menos nacimientos al año están en Grecia (Phocis), Portugal (Alto Támega), la isla italiana de Cerdeña (Campidano y Carbonia) y el oeste de España. En nuestro país, las regiones con menor tasa de natalidad son Asturias (5,84), Castilla y León (6,40) y Galicia (6,82). Después vendrían Cantabria (7,09), Canarias (7,29) y País Vasco (7,88). Inmediatamente, ya aparecemos nosotros, Extremadura, con 7,92.

Podríamos consolarnos pensando que en esto del índice de natalidad no ocupamos el farolillo rojo, sino que somos los séptimos por la cola. Pero el problema es que en 1975 nacían en Extremadura casi el doble de niños por cada mil habitantes (14,47). Lo grave no es ser últimos ni primeros, lo grave es que formamos parte de la Europa que se despuebla inexorablemente y que, desde 1975, va descendiendo en Extremadura el número de nacimientos por mil habitantes: 14,47 en 1975; 13,25 en 1985; 10,18 en 1995; 9,32 en 2005; 8,18 en 2015 y 7,92 en 2017.

Habrá quien piense que si hay menos niños, también habrá en el futuro menos paro, más pisos y más baratos, etcétera. Pero se equivocan. En su libro 'Una sociedad sin hijos', Manuel Blanco Desar (Santiago de Compostela, 1965), resume de manera tan clara y rigurosa como tremenda el futuro que le espera a Extremadura y a este occidente español despoblado.

Para empezar, si nuestro objetivo es no perder el estado de bienestar, cimentarlo y reafirmarlo, es imprescindible alcanzar un nivel de población que no tenemos ni de lejos. Por ello, es necesario integrar a los inmigrantes porque los necesitamos. Sin población, Extremadura se convertirá en una región sin peso ni relevancia, menos aún, porque las inversiones de las empresas buscarán siempre regiones donde haya potenciales consumidores.

Una grave equivocación es pensar que si nacen memos niños, habrá más empleos. Todo lo contrario: sin jóvenes, no hay inversiones ni crecimiento aunque se mejore la productividad, como se está viendo en Corea del Sur y otros países del entorno, cuya competitividad es fabulosa, pero empiezan a desesperarse porque no nacen niños y no tienen suficiente gente joven. Podría haber oportunidades de empleo en la llamada economía plateada (por las canas) y en la relacionada con la muerte, pero esto es pan para hoy y hambre para mañana.

Manuel Blanco señala una cuestión preocupante: hoy a cada español le toca una deuda pública de 54.500 euros que deberá amortizar a lo largo de su vida. Si nacen pocos niños, la carga será más pesada, los jóvenes pagarán el doble, recibirán la mitad para que España amortice la deuda y no les quedará más remedio que irse. En fin, yo no digo nada, pero necesitamos menos gatos y más nietos.

 

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