El fútbol es la grada

Gradas repletas del Francisco de la Hera de Almendralejo durante un partido del Extremadura. :: HOY/
Gradas repletas del Francisco de la Hera de Almendralejo durante un partido del Extremadura. :: HOY

En Mérida o Almendralejo, el estadio lleno vibra 90 minutos, en Cáceres, ni se llena ni vibra

J. R. ALONSO DE LA TORRECÁCERES.

El fútbol es un deporte insulso si nos fijamos solo en el terreno de juego. En realidad, la emoción del fútbol está en la grada. En el campo, sobre el césped, 22 deportistas pelotean durante 85 minutos sin que pase nada. Solo durante cinco minutos, a veces durante diez, hay un poco de intriga: balones al poste, penaltis clamorosos que se pitan o no, goles y casi goles o algún regate endiablado, algún pase diabólico, algún disparo endemoniado... Pero lo que de verdad divierte es que en la grada haya un ambiente infernal. El fútbol es divertido si precisa de expresiones luciféricas para narrarlo. Si no es así, sobreviene el muermo.

El Real Madrid gana más veces, pero la grada del Bernabéu es un poco soporífera: en los fondos, cantan siempre lo mismo con un sonsonete que parece más una letanía que un grito emocionado de ánimo. El Atlético de Madrid gana menos partidos, pero ir al Metropolitano es muy divertido porque la grada es pura pasión. Lo estadios del Liverpool y del Atlético de Bilbao son los más divertidos del mundo. Los partidos tendrán más o menos minutos de emoción más allá del insulso peloteo, pero la grada no para y la piel de gallina se mantiene durante los 90 minutos. Repetimos: el fútbol es la grada y los grandes equipos lo son gracias a ella, al público que la llena y a su actitud entusiasta durante los partidos. Así que o contagias al público emoción o no hay nada que hacer.

En Extremadura, este axioma explica mejor que ningún análisis táctico o estratégico la realidad del fútbol regional. Aquí ha habido tres equipos que se han reinventado a sí mismos. El Extremadura, el Badajoz y el Mérida entraban en bancarrota, perdían adeptos y las gradas estaban dejando de ser el lugar de las grandes emociones. Pero los clubes desaparecieron, se crearon otros nuevos, herederos de los anteriores, empezaron desde cero, pero concitando aficionados y expectativas y el final de la historia nos deja a tres equipos triunfadores cuyo fútbol es más o menos emocionante y cuyos resultados acompañan o no, pero la grada siente al club como suyo y los partidos se juegan ante 10.000 espectadores o más, lo que en algún caso es casi el 30% de la población.

En ese ambiente, es lógico que Mérida, Extremadura de Almendralejo y Badajoz sean equipos triunfadores, más allá de los resultados. No se sabe bien si los jugadores emocionan a la afición o es más bien la afición la que emociona a los jugadores. Lo cierto es que en los estadios de esos tres equipos hay diversión, hay fútbol, hay pasión, es decir, hay grada.

No hace falta ser una gran ciudad para que el fútbol apasione: en Villanueva de la Serena y en Llerena, en Coria y Don Benito, en Navalmoral y Aceuchal, esos 80 minutos de peloteo y tiki taka más 10 minutos de intriga y peligro en el área son ovacionados por una grada entregada y numerosa de aficionados que se contagian los unos a los otros y convierten cada partido en una fiesta: se va al estadio con ilusión y se sale con alegría, tristeza o rabia, pero nunca con apatía y aburrimiento.

Hay, sin embargo, un caso de libro en el que esta situación no se da. Me refiero al Cacereño, mi Cacereño del alma. En Cáceres, vas al estadio y, excepto medio centenar de entusiastas aficionados de preferencia, aquello parece un partido de polo. Por razones múltiples, el equipo lleva varios años en los que no es capaz de provocar entusiasmo en la grada y el fútbol en el Príncipe Felipe son 80 minutos de peloteo, como en cualquier estadio, y 10 minutos de intriga emocionante, pero la grada, cada vez más despoblada, parece que ni siente ni padece. El Cacereño no se ha reinventado, no ha muerto para renacer de las cenizas, pero esa continuidad, que debería ser buena, ha provocado más tedio que satisfacciones.

Los especialistas podrán explicar con detalle las razones de que en Cáceres casi no haya grada, es decir, casi no haya fútbol, pero lo cierto es que mientras el Extremadura, el Coria, el Moralo, el Mérida o el Badajoz son equipos que enamoran y emocionan, el Cacereño languidece. Puede jugar bien o mal, ganar o perder, pero si el fútbol es la grada, en Cáceres hay poco fútbol.