Fulanita tiene un medio novio

Pasajeros en un autobús urbano. :: HOY/
Pasajeros en un autobús urbano. :: HOY

En las conversaciones del bus urbano se refleja la complejidad de las nuevas relaciones

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Conversación impagable en el autobús urbano. Una señora, acomodada en un asiento de pasillo, pregunta a otra señora, acomodada en otro asiento al otro lado del pasillo, y pregunta sin discreción, sin preámbulos, a palo seco y con un tono de voz que permite al resto del bus asistir con regocijo a la conversación: «¿Tu hija sigue con aquel medio novio?». Y todo el pasaje aguza el oído.

Dos adolescentes, que cargan con mochila y repasan apuntes de Bachillerato, sonríen y disimulan, haciendo como que estudian la Generación del 98. Un caballero que canturreaba eso tan popular de la chau, chau, chau y los partisanos, deja a un lado las veleidades revolucionarias, que no son horas, y atiende sin disimular su interés. Varias señoras, que van a trabajar a casas del centro de Cáceres, parecen ajenas a todo, pero un imperceptible arqueo de cejas, un ceño fruncido sin que se note, un intempestivo rascar de orejas las delata: son todo oídos ante la revelación que de un momento a otro se va a convertir en el motivo principal de conversación a la hora del café, del recreo, de la cháchara por el móvil.

Si los de Betfair arriesgaran, deberían instalar un puesto de apuestas en el bus urbano. Que la hija no sigue con el medio novio se pagaría dos a uno, que sigue, tres a uno y que el medio novio ya es novio entero, seis a uno. Pero seamos medio serios: ¿qué demonios es un medio novio? Aunque vamos a dejar las respuestas para más adelante porque la señora del otro lado del pasillo del bus urbano abre la boca para responder, lo hace sin inmutarse, sin complejo alguno, y nos deja tema para la reflexión, el debate y la pregunta metafísica. La madre de la medio novia del medio novio, responde lo siguiente: «Pues sí, hija, ahí siguen. Ahora medio vive con él».

Si lo de medio novio puede tener un pase y uno se imagina que sería lo que en Santiago de Compostela llamaban un refresquito en los 70 y en el resto de España se llamaba ligue (lo del derecho a roce es que ni se planteaba). Decíamos que entendemos lo de medio novio y encontramos fuentes que lo explican y lo entroncan con tradiciones hispánicas acendradas y respetables. Pero lo de medio vive... ¿Qué es medio vivir? ¿Será pasar una semana con el novio y otra con la madre, será pasar el día con él y la noche en el domicilio familiar, será dormir juntos los fines de semana y separados de lunes a viernes...? La gente vive o sobrevive, pero no medio vive.

Estas conversaciones sin sentido del autobús urbano, protagonizadas por medio novios que medio viven el uno con el otro, son el resultado de lo que mi madre llama un jaleo. Es decir, unas relaciones que, atendiendo a los calificativos de moda, podríamos llamar líquidas o de baja intensidad.

A las madres, en cuanto los hijos no están casados como Dios manda, todo les parece un lío. Mi madre, por ejemplo, que va por la vida anunciando que ella dice siempre la verdad, a lo que replicamos que una cosa es ser sincera y otra muy distinta ser ineducada... Mi madre, cuando sus nietos o sobrinos medio viven con sus parejas, no pregunta a mis sobrinas por sus medio novios, sino por sus amantes. Suena muy fuerte que tu abuela te suelte: «¿Qué tal está tu amante?». Mis sobrinas se parten de risa y responden que muy bueno, lo que para una abuela quiere decir que está lustroso y gordito, pero para una medio novia significa, pues eso, que está muy bueno.

Pero mis primas, que andan ya por los 50, pegan un respingo cuando su tía llama, temerariamente, a los amantes por su nombre y no se interesa por medios novios ni por parejas, amigos o compañeros. Es mucho más duro preguntar por un amante que preguntar por un follamigo. Lo segundo suena divertido, ligero, cómplice, pero que tu tía te pregunte por tu amante descoloca y asusta.

El bus urbano llega al Múltiples, donde medio pasaje se baja. Los bachilleres y el partisano han vuelto a sus apuntes y a su de la chau, chau, chau... La señora que interrogaba se despide de su amiga: «Bueno, Fulanita, vamos al lío. Igual, la próxima vez que coincidamos ya eres medio abuela».