El Ford T

JOSÉ LUIS GIL SOTO

Un día como hoy, el 1 de octubre de 1908, fue presentado en público la primera unidad del Ford Modelo T. Era el nuevo proyecto del empresario norteamericano Henry Ford, que ya había hecho algunas pruebas con modelos anteriores con un éxito moderado. Sin embargo, el nuevo vehículo respondía a unas declaraciones de su creador: «Voy a construir un coche para el pueblo, el automóvil universal».

Comenzó produciendo escasas unidades que presentaban unas innovaciones fantásticas en comparación con los demás vehículos de la época. Fue el primer coche con el volante a la izquierda, en lugar de centrado, y tenía un motor con cuatro cilindros, veinte caballos y una amortiguación que le permitía adentrarse por los caminos con una comodidad desconocida hasta entonces. Los materiales utilizados y la forma de montaje consiguieron un coche no excesivamente caro: 825 dólares, que era el salario anual de un trabajador medio. Así que enseguida se disparó la demanda y Ford tuvo que pensar cómo producir muchas más unidades. El primer mes de fabricación sólo habían salido once.

Inspirado por una fábrica de montaje de armas en cadena, Henry Ford ideó entonces una línea de montaje en serie para sus vehículos. El resultado fue prodigioso: un automóvil cada tres minutos. El número de unidades fabricadas subió exponencialmente, las ventas también. Abrieron otras factorías en el mundo (una de ellas en Cádiz) y multitud de concesionarios, y en 1923 había casi dos millones de unidades vendidas, lo que suponía un tercio de la producción mundial de vehículos.

La versatilidad del Ford T era fantástica. Servía para tareas agrícolas, para transporte, para viajar en familia. Muy pronto, gracias a la producción en cadena, bajaron los precios. En 1925, al final de su vida, ya costaba tan solo 260 dólares. Miles de familias, millones, pudieron adquirirlo, haciendo así que una incipiente clase media accediese a un artículo que hasta el momento se consideraba de lujo.

Pronto surgió un problema en las factorías de Ford. La producción en cadena era monótona y aburría soberanamente a los trabajadores, produciéndoles hastío y desencanto. Henry Ford hizo entonces algo que revolucionó totalmente la industria: les subió el salario a más del doble. En aquellos momentos un trabajador en una fábrica cobraba unos dos dólares al día, y Ford subió ese salario a 5 dólares. Además, limitó los horarios a un máximo de ocho horas diarias. Recibió muchas críticas, pero ocurrió algo milagroso: aumentó la productividad de sus factorías y, para colmo, facilitando a sus trabajadores la compra de un Ford T a plazos, consiguió que prácticamente todos ellos adquirieran uno. Las ventas se multiplicaron.

Más de un siglo después de que se fabricase el primer Ford T se considera que aún hay unas 50.000 unidades en condiciones de circulación. En 1999 fue elegido el Coche del Siglo XX. Son los vestigios de un automóvil que revolucionó la historia de la industria para siempre, pero sobre todo cambió la vida de millones de familias en todo el mundo.