El feminismo, una forma de entender el mundo

Es necesario reconocer a las miles de extremeñas que trabajan de manera incansable para que las cosas funcionen

Concentración en Mérida este 8 de marzo./Brígido
Concentración en Mérida este 8 de marzo. / Brígido
GUILLERMO FDEZ. VARA | PRESIDENTE DE LA JUNTA

La movilización social que protagonizaron las mujeres el 8 de marzo del año pasado supuso un punto de inflexión en la lucha contra la desigualdad de género. Fue una auténtica revolución.

Las jóvenes que vimos entonces en las cabeceras de las manifestaciones son las hijas y las nietas de las mujeres que iniciaron esta lucha. Una generación a la que pertenecen, además, muchos hombres que se han incorporado al movimiento de manera natural, frente a los de generaciones anteriores que tuvimos que reeducarnos en igualdad y que nos incorporamos tarde a los movimientos de mujeres.

Recuerdo hoy el primer Consejo de Gobierno de la Junta de Extremadura del que formé parte en 1995. En aquella mesa solo nos sentábamos hombres. Hoy presido un Consejo de Gobierno con seis mujeres y tan solo un varón.

No es casual. Lo hice convencido, tras muchos años de experiencia en la gestión pública, de que las mujeres deben ocupar por derecho el espacio que les pertenece en la toma de decisiones. Tras estos cuatro años de legislatura, he constatado que trabajan con un profundo sentido de la responsabilidad, además de solvencia y pragmatismo.

Esto no solo ocurre en el Gobierno regional. Hoy, en Extremadura las mujeres ocupan puestos de alta responsabilidad. Presiden y dirigen instituciones como la Asamblea autonómica, el Consejo Económico y Social, las organizaciones sindicales, los medios de comunicación o la Audiencia Provincial de Cáceres.

Ellas son la parte visible de muchas otras. Es necesario reconocer a las miles de extremeñas que no vemos en los medios de comunicación y que trabajan de manera incansable para que las cosas funcionen. Las mujeres que trabajan en el campo, las que cuidan a los demás, las amas de casa, las limpiadoras, las médicos, las enfermeras o las maestras. Ellas, las mujeres anónimas de la sociedad extremeña que pelean cada día desde su entorno más próximo, son esenciales para combatir las desigualdades que aún persisten como la brecha salarial y, lo que es más importante, la resistencia de una parte de la sociedad que se niega a reconocer su imprescindible papel en la Extremadura de hoy. A todas ellas, mi profundo agradecimiento y reconocimiento.

La lucha feminista no es una moda, tiene siglos de historia.

Al calor de los movimientos feministas y las asociaciones de mujeres se han promulgado en nuestro país importantes avances legislativos en los últimos años que sitúan a España en la vanguardia de las políticas públicas en materia de igualdad entre hombres y mujeres.

Estos cambios legislativos se produjeron hace más de una década; el cambio social comenzó el 8 de marzo del año pasado. El feminismo no es una ideología, es una manera de entender el mundo, es un movimiento imparable.