La fábula del señor Casiano

Plaza de Ceclavín, la Mesopotamia Extremeña. :: E. R./
Plaza de Ceclavín, la Mesopotamia Extremeña. :: E. R.

La vida de este ceclavinero resume la historia reciente de España

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Cuando el señor Casiano nació, su pueblo era una isla. Solo se podía llegar a él en barca o por un istmo que pocos recorrían porque siempre resultaba más fácil y rápido cruzar el río. Poco antes de nacer el señor Casiano, Extremadura era toda una potencia nacional: cinco de cada 100 españoles eran extremeños y, por comparar, siete de cada cien españoles eran catalanes. Es más, de cada 100 euros de riqueza generada en España, cinco euros eran extremeños y siete catalanes.

El señor Casiano, cuando creció, se hizo segador, cantinero y cantaor. Iba con las cuadrillas de su pueblo a las eras de Ávila llevando una taberna desmontable en su mula. Por las noches, montaba la cantina y cantaba con su voz y su estilo, parecido al cante del gran Pepe Marchena. Su pueblo-isla, que ya podemos decir que se llamaba y se llama Ceclavín, no paraba de crecer y tenía más de 5.000 habitantes.

No creo que ningún paisano del señor Casiano se enterara de que, al tiempo que ellos nacían, se implantaban en España, de manera sucesiva, el Pacto del Triángulo, la Ley de Cuotas y el Coeficiente de las Cajas de Ahorro, que, resumiendo mucho, venían a significar que si en Ceclavín o en el resto de España querían comprar hierro o tejidos, tenían que comprarlos en el País Vasco o en Cataluña, aunque fueran dos veces más baratos en Inglaterra; también significaba que no se podían instalar en Ceclavín ni en el resto de España industrias que hicieran competencia a las instaladas en el País Vasco y Cataluña. Finalmente, obligaba a las Cajas de Ahorro de Cáceres, Plasencia, Badajoz o cualquier otro lugar, a prestar dinero a los empresarios de Cataluña y el País Vasco al 3% de interés, mientras que si el señor Casiano o cualquier español hubiera pedido un crédito para, por ejemplo, modernizar su cantina, habría pagado intereses al 22%.

A pesar del precio del dinero y de las dificultades de la época, muchos paisanos del señor Casiano se vinieron a Cáceres y coparon los mejores locales de las principales calles de la ciudad (Pintores, Moret, etcétera) para instalar en ellos los más boyantes comercios de la provincia: joyerías Barco, Corbacho, Rosado y Pozas, cine Norba de Tomás Pérez, mueblerías Mirón y Pérez, caramelos Teodoro Guardado, bodegas de Severo Martínez, tejidos y tiendas de Víctor García, Miguel Serrano, Marcelino Galán, Getulio Hernández... Todos eran paisanos del señor Casiano... Todos eran de Ceclavín.

Desde 1591 hasta 1950, el pueblo-isla del señor Casiano había sido el más poblado de la cuenca del Alagón y del Tajo. En 1950, aún tenía Ceclavín más habitantes (5.378) que Coria (5.368), Zarza la Mayor (4.535) o Alcántara (4.151). Pero algo sucedió a partir de 1950 para que Ceclavín, que no había perdido población, o la había recuperado enseguida, a pesar de las guerras de Portugal y Civil y las epidemias y las hambrunas, se quedara sin 1.500 habitantes entre 1950 y 1970, volviera a perder otros 1.500 entre 1970 y 1990 para, tras recuperarse en los años de bonanza en que la Unión Europea envió 118.000 millones a Extremadura, volviera a perder 300 habitantes tras la crisis de 2008 y se encuentre hoy con los mismos habitantes que hace 500 años: 1.871.

En 1966, el hijo y los nietos del señor Casiano tuvieron que emigrar a Cataluña y, desde 1950, Ceclavín ha perdido el 65% de su población. Aquellas leyes que se aplicaron en España sin que casi nadie se enterara (Triángulo, Cuotas, Cajas) más los planes de desarrollo de los años 50, dieron resultados demoledores. En 1850, de cada 100 españoles, cinco eran extremeños y siete catalanes. En 2018, solo dos son extremeños, pero 16 son catalanes. En 1850, de cada cien euros de producto interior bruto español, cinco eran extremeños y siete catalanes. En 2018, de cada cien euros, uno y medio es extremeño, 19 son catalanes y este verano, Ceclavín ha vuelto a ser un pueblo isla situado a dos horas y media en autobús de Cáceres. Como cuando nació el señor Casiano.

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