Extremeños residentes en el exterior

En cuanto al desafío demográfico y el retorno, difícilmente podemos ser optimistas. Tenemos ahora prácticamente la misma población que hace un siglo: 1.070.000 habitantes.Y el futuro no conduce al optimismo: el INE prevéque para el 2033 bajaremos del millón de habitantes

MOISÉS CAYETANO ROSADODoctor en Geografía e Historia

Los días 21 y 22 de diciembre se celebra en Mérida el 'I Congreso Mundial de la Ciudadanía Extremeña en el Exterior', un encuentro con asombroso nombre eufemístico que sustituye a lo en otros momentos se llamó 'Congreso de Emigrantes Extremeños', de los que se han celebrado tres entre 1978 y 1986.

No todas las asociaciones de emigrantes están de acuerdo con este nombre y esta celebración, que puede resultar en su formato tentadoramente triunfalista. Baste indicar que la conferencia inaugural la pronunciará Miguel López-Alegría, al que se presenta como 'Astronauta de origen extremeño. Excomandante de la Estación espacial internacional y divulgador científico'.

Roto el hilo de aquellos congresos reivindicativos y centrados en experiencias directas de los protagonistas y sus grupos asociativos, no es mal momento para recomponer lo que debe ser un debate sobre el ayer y hoy de nuestra emigración, así como las acciones de futuro a tomar con respecto a la libertad de movimiento poblacional, la facilitación del retorno voluntario y la potenciación y ayuda a las federaciones, casas y centros regionales en el exterior.

¿Cuál es la presencia demográfica de Extremadura en el mundo? Pues la derivada de nuestra sangría migratoria del siglo XX, que tiene su máxima expresión entre 1951 y 1975: 25 años en que perdimos más de 670.000 habitantes (el 48% de la población de 1950) que, con los antecedentes de la primera mitad del siglo XX, llegan a 800.000, y que únicamente ven cortadas las salidas a causa de la crisis mundial de 1973, su acentuación en 1979 y prolongación de ausencia de ofertas laborales en lo que restó de centuria.

¿Y qué ha pasado y pasa en el siglo actual? Pues que tras unos primeros años de bonanza en que, incluso, fuimos por primera vez receptores de población extranjera (casi 50.000 entre 2000 y 2008), la crisis mundial de 2008 nos ha llevado a un nuevo éxodo, con 31.220 inscritos en Extremadura que fueron a residir al exterior hasta 2018, si bien más de la mitad corresponden a extranjeros que retornaron a su lugar de origen.

¿Cuál es la diferencia fundamental entre aquella vieja y esta nueva emigración?: por un lado, la masificación indiscriminada de la primera, siendo la reciente más selectiva; por otro, el grado de especialización de los que marchan: más preparados, titulados estos últimos, frente a una masa campesina que se enfrentó a una dinámica laboral de sectores industrial y de servicios ante los que no podían acceder sino a puestos de peonaje y baja cualificación.

Las experiencias laborales, sociales, convivenciales, etc. de una y otra hornada migratoria serán una aportación importante a este congreso para profundizar en su conocimiento, intercambiar estrategias para abordar el porvenir y conocer de primera mano las aspiraciones de futuro de unos y de otros.

Cuando en el segundo día se aborde el futuro del asociacionismo de nuestros emigrantes, entraremos en una problemática muy especial. Si en los años de fuerte flujo migratorio los centros y hogares extremeños sirvieron como lugares de encuentro, consuelo, identificación, los jóvenes de la segunda y tercera generación poseen un arraigo con los lugares de procedencia más difuso y una vocación de asociacionismo regionalista bastante mermado; los nuevos emigrantes tampoco tienen ese afán de búsqueda del paisanaje en los lugares de acogida. Será necesario hacer un esfuerzo institucional para reforzar los lazos afectivos, culturales, y también los proyectos de actuación económica, empresarial, laboral, para rescatar una actividad asociativa atractiva y rentable para todos.

Y en cuanto al desafío demográfico y el retorno, difícilmente podemos ser optimistas. Tenemos ahora prácticamente la misma población que hace un siglo: 1.070.000 habitantes. De ser el 5% de la población, hemos quedado en 2'34%, aunque representamos el 8'23% del territorio nacional. Y el futuro no conduce al optimismo: el propio Instituto Nacional de Estadística prevé que para el año 2033 bajaremos del millón de habitantes, mientras el conjunto español subirá de 49 millones: ¿qué se puede esperar en una región con el mayor índice de envejecimiento de España, causado por aquella emigración masiva de jóvenes en edad?

Y por lo que al retorno se refiere, las expectativas soñadas a finales del siglo XX y principios del XXI no se han cumplido, pues el arraigo interfamiliar creado en los lugares de acogida y la fijación en ellos de los descendientes de aquellos que marcharon un día con ánimo incluso de volver, condicionan mucho la vuelta definitiva.

Madrid, Cataluña, Andalucía y Euskadi siguen liderando la presencia de extremeños. Más de 600.000 personas en total, que nacieron en Extremadura, y que junto a sus descendientes superan al millón de habitantes: tantos o más que los que en la región residen. A ellos va dedicado en especial este Congreso, que deberá profundizar en su problemática y abordar ayudas y soluciones, aparte del relumbrón del nombre del mismo y las figuras estelares que han sido convocadas en la primera línea del mismo.