Las dos Extremaduras

Recreación del proyecto Elysium City/HOY
Recreación del proyecto Elysium City / HOY

Es preciso que las inversiones privadas lleguen a todos los territorios, cuando menos que las que haya se repartan, y que las públicas alcancen al conjunto de la región

ANA BELÉN HERNÁNDEZ

Lo ha puesto sobre la mesa José Antonio Monago. Y bien sea porque él no lo evitó cuando pudo o bien porque ya estamos en campaña preelectoral cuando menos, lo de poner en marcha una ley que garantice un desarrollo equilibrado entre las dos provincias extremeñas, suena más a populismo que a otra cosa. También, además, porque más que anunciar una medida en condiciones soltó una idea vaga de la que ni siquiera se mostró muy convencido, porque se movió entre dos aguas o jugó a dos bandas. La anunció, claro, en Cáceres buscando el apoyo de los cacereños, pero con tibieza en la defensa para no molestar a los pacenses. Más allá de sus intenciones, no sé si es precisa o no una ley para procurar que ambas provincias, que todos los territorios de Extremadura en definitiva, avancen a la misma velocidad.

Más bien parece cosa de sentido común que de legislación. Pero, si es preciso, habrá que hacer una ley, porque el sentimiento al que se refirió con tibieza el presidente del PP es real, lo tienen muchos ciudadanos de la provincia cacereña, en general, y del norte extremeño, en particular. Porque no hay equidad en el reparto en esta comunidad autónoma. Y el sentimiento en este caso no es una cuestión etérea, sino concreta. Basta con constatar qué territorios se eligen para los poquísimos proyectos empresariales, para las grandes inversiones privadas que llegan a esta tierra.

Azucarera, matadero, parque de ocio... Unas veces la justificación es que son los empresarios los que eligen la ubicación y otras se echa mano de los datos de población para argumentar la elección. Pero quizás, solo quizás, algo tenga que ver la Junta en la oferta de suelo y tal vez, solo tal vez, sería conveniente plantearse que la despoblación más acusada en la provincia cacereña requiere una mayor apuesta por su territorio. Precisamente para luchar contra ella, para tratar de frenarla. Porque sin empleo es complicado afianzar población.

No se trata de levantar polémica, remover las aguas ni azuzar enfrentamientos. Pero tampoco de silenciar sentimientos reales ni de ventilar el asunto como una disputa política más. Es preciso que las inversiones privadas lleguen a todos los territorios, cuando menos que las que haya se repartan, y que las públicas alcancen también al conjunto de la región, de norte a sur y de este a oeste. Y tampoco se está produciendo. Simplemente no puede ser que los placentinos esperen cinco veces más que los emeritenses para operarse. Y que el consejero de Sanidad lo despache diciendo que no se puede hacer nada hasta que no se abran más quirófanos en el hospital de Plasencia. Quirófanos cuyas obras llevan seis años paradas y que ni políticos del PP ni del PSOE han sido capaces de conseguir que se terminen. Igual tiene algo que ver que los tres presidentes de esta comunidad hayan sido de la provincia de Badajoz. Porque igual ven el norte extremeño como un territorio lejano.

El sentimiento de discriminación, en unos casos, y de olvido directo en otros más, existe en la provincia cacereña. La idea de que Extremadura es cada vez más dos y menos una avanza.