Extremadura: territorio protegido

El 34% de la superficie de región está ocupada por áreas de conservación y protección de la naturaleza y en esos espacios florecen las iniciativas empresariales

Rodrigo Domínguez (de blanco), gerente de Ganatur, muestra el geoparque de Las Villuercas a unos turistas desde el mirador de la ermita de la Virgen de la Breña. :: HOY/
Rodrigo Domínguez (de blanco), gerente de Ganatur, muestra el geoparque de Las Villuercas a unos turistas desde el mirador de la ermita de la Virgen de la Breña. :: HOY
José M. Martín
JOSÉ M. MARTÍN

Zepa, ZEC, reservas de la biosfera, corredores ecológicos, parques naturales o zonas Ramsar. Las figuras de conservación de los espacios naturales de Extremadura son múltiples en una región en la que más del 34% del territorio está catalogado como protegido. O lo que es lo mismo, 14.276 kilómetros cuadrados de los 41.635 que tiene la comunidad.

Para el sector agroganadero es un porcentaje excesivo que limita la productividad de la región. «No se puede hacer nada, si quitas un roble de tu finca menuda multa te cae». Esta sentencia, que cambiando el tipo de árbol se puede escuchar a lo largo de toda la región, contrasta con los datos que maneja la Junta de Extremadura. «Se aprueban más del 90% de las solicitudes que nos llegan de los empresarios que quieren actuar en las áreas protegidas», afirma Pedro Muñoz, máximo responsable de la Dirección General de Medio Ambiente, que puntualiza que en algunos casos se ponen medidas correctoras para la instalación de industrias y que los empresarios conocen la legislación y se ajustan lo máximo posible a las exigencias.

Pese a estos números, desde las organizaciones agrarias defienden la idea de que la excesiva protección medioambiental en Extremadura lastra la rentabilidad de las explotaciones agrarias. «Cuando llegaron estas figuras se dijo que habría ayudas específicas para compensar la menor rentabilidad de las explotaciones en estos espacios», expone Ignacio Huertas, secretario general de UPA-UCEen Extremadura, que lamenta que esa compensación no se ha concretado.

En el lado opuesto está el colectivo ecologista, que se muestra contrario a la idea generalizada de la incidencia de la protección ambiental en la menor productividad del sector primario. «La mayor parte de los espacios protegidos de Extremadura está en protección desde 2004; en este tiempo, ninguna estadística de los niveles de producción agraria ha tenido un descenso que se pueda achacar a estas figuras», indica Marcelino Cardalliaguet, delegado de SEO/BirdLife en Extremadura, que considera que más áreas de la región merecerían estar incluidas en la red de conservación. «Hay una tendencia a ser más permisivos de lo que se debería», apostilla.

Sí hay una línea común a la hora de entender necesario valorizar la producción sostenible. «Una forma de trabajar respetuosa con el medio ambiente, por lo que beneficia al conjunto de la sociedad, merece un marchamo de calidad que repercuta en el precio de los productos obtenido», apunta Huertas.

La realidad es que la agricultura y la ganadería tienen un peso muy destacado en la economía regional. Según los últimos datos, representan el 8,1% del Producto Interior bruto regional (PIB).

Precisamente, un alto porcentaje de las solicitudes que gestiona Medio Ambiente para hacer intervenciones en los espacios protegidos son las que se refieren a los cambios de cultivo. En concreto, está en auge la implantación del olivar en intensivo. «En muy pocos casos hay una resolución negativa, solo si se quiere actuar en las zonas consideradas prioritarias», apunta Muñoz, que también indica que una de las exigencias es respetar los ciclos naturales, sobre todo la época de cría, de las especies que viven en esos hábitats.

En este sentido, los agentes medioambientales cifran entre un 15 y un 20% el terreno de cada una de las zonas protegidas que tienen tantos valores ambientales como para impedir cualquier tipo de actividad en su territorio. «Aun así, se han permitido cosas que no se deberían permitir, como la instalación de una explotación porcina intensiva en un área de lagunas temporales mediterráneas, de las que hay unas 30 hectáreas en toda Extremadura», critica el delegado de BirdLife.

Más demandas

Más allá de las solicitudes relacionadas con los cultivos, en los últimos años se ha registrado un destacado incremento de las empresas relacionadas con el turismo activo. Sin embargo, en la actualidad son las plantas fotovoltaicas las que lideran el ranking de solicitudes para instalarse en las áreas protegidas de Extremadura, como confirman desde la Dirección General de Medio Ambiente.

El sector ganadero, con la instalación de granjas avícolas y porcinas, también se encuentra a la cabeza de las peticiones.

Lo cierto es que un barco navega en aguas del parque natural del Tajo Internacional; el embalse de Orellana se puede recorrer en piragua; hay explotaciones ganaderas más antiguas que las declaraciones de las figuras de protección en la Sierra de San Pedro o en las dehesas de Jerez y han seguido actuando sin complicaciones; en la reserva natural de la Garganta de los Infiernos desarrollan su actividad empresas de turismo activo; en los Llanos de Cáceres se cultiva el terreno; empresas de energías renovables han ubicado sus parques y plantas en reservas de la biosfera, y en la Sierra de Gredos tienen lugar acciones cinegéticas todos los años. Son solo algunos ejemplos de negocios, de sectores muy dispares, que se dan en las áreas protegidas de la región. «Enfocamos los espacios protegidos como una oportunidad», en palabras de Cardalliaguet.

El Parque Nacional de Monfragüe es el área protegida más conocida de la región. :: HOY
El Parque Nacional de Monfragüe es el área protegida más conocida de la región. :: HOY

En total, según datos de la Consejería de Economía, la región cuenta con 154 empresas de actividades alternativas en la región, 109 en Cáceres y 45 en Badajoz.

Uno de los emprendedores cacereños es Rodrigo Domínguez, que hace más de cinco años creó Ganatur, una empresa turística relacionada con el ámbito ganadero en Deleitosa. «Es una localidad que está incluida tanto en el Geoparque Villuercas-Ibores-Jara como en la reserva de la biosfera de Monfragüe», dice este empresario.

Su oferta incluye rutas de senderismo, explicaciones sobre geología o acerca de la cultura y tradiciones de la comarca, pero también muestran a los turistas cómo funciona una explotación ganadera. Para ello disponen de una finca de su propiedad que lleva más de cuatro décadas dedicada al sector y tiene ovejas merinas, cabras de raza verata y porcino ibérico. «Es más antigua que la catalogación del geoparque», bromea Domínguez, que asegura que la figura de conservación no les afectó negativamente y les sirvió para añadir la vertiente turística.

«Hacen falta ayudas a las explotaciones que hay en estos espacios, ya que pierden rentabilidad»

«Hacen falta ayudas a las explotaciones que hay en estos espacios, ya que pierden rentabilidad» IGNACIO HUERTAS, UPA-UCE

«Las plantas fotovoltaicas y el cambio a olivar intensivo lideran las peticiones»

«Las plantas fotovoltaicas y el cambio a olivar intensivo lideran las peticiones» PEDRO MUÑOZ, DTR. GRAL. DE MEDIO AMBIENTE

«Hay una tendencia a ser más permisivos de lo que se debería en ciertas áreas»

«Hay una tendencia a ser más permisivos de lo que se debería en ciertas áreas» MARCELINO Cardalliaguet, SEO/ BIRDLIFE

«Los trámites para que los cotos empiecen a funcionar se prolongan en exceso»

«Los trámites para que los cotos empiecen a funcionar se prolongan en exceso» MIGUEL GÓMEZ, BIÓLOGO DE FEDEXCAZA

Al crear su nueva línea de negocio tuvieron que presentar un proyecto, ya que los técnicos de la Junta de Extremadura tienen mucho que decir antes de que las empresas se instalen en zonas de especial conservación y deben superar una fase previa de estudio. Los trámites burocráticos son más complejos en estos casos.

Una reclamación habitual de los representantes de los empresarios del campo es la de una mayor agilidad en el papeleo. «Faltan técnicos en la Administración y los expedientes se eternizan», detecta el delegado de la entidad ecologista, que también echa en falta más personal dedicado a la protección del medio ambiente. «Somos la comunidad que tenemos menos agentes por hectárea; deberíamos tener cerca de 600, más del doble de los que hay», insiste Cardalliaguet, que especifica que estos trabajadores deben servir para asesorar a agricultores, ganaderos y cazadores y para ayudar a la gente a hacer bien las cosas.

En el entorno del embalse de Orellana y de la Sierra de Pela, otros espacios protegidos, desarrolla su actividad la empresa Wellness Costa Dulce. Rutas guiadas en kayak, snorkel o buceo son algunas de las actividades que organiza en el agua, pero también tiro con arco o paintball están en su catálogo. Su gerente es Pablo Jesús Collado. «Hay restricciones, como no poder llegar hasta la isla, y tuve que comunicar previamente las acciones que pretendía emprender», comenta, a la vez que ve una ventaja para su negocio la bandera azul de esta playa interior, pero no cree que su volumen de negocio sea superior por estar en un espacio protegido.

Caza

Otro de los sectores que tiene una gran presencia en el medio natural de la región es el de la caza. Su desarrollo está permitido en espacios protegidos, aunque, por supuesto, tiene algunas limitaciones.

Las acciones cinegéticas deben seguir los mismos procedimientos de seguridad y sanitarios en cualquier terreno. Las restricciones se dirigen a las fechas de veda. «Las monterías se prolongan hasta el tercer fin de semana de febrero, pero si en los cotos nidifican aves protegidas finalizan a mediados de enero o principios de febrero, dependiendo de la especie», comenta Miguel Gómez, biólogo de la Federación Extremeña de Caza (Fedexcaza), que añade que la actividad de los cazadores no se ve coartada en los espacios protegidos.

La Dirección General de Medio Ambiente afirma que más del 90% de las solicitudes de empresarios que quieren actuar en zonas protegidas son aprobadas por los técnicos

La única excepción que cita es Monfragüe, donde los cupos de animales que se pueden abatir suelen ser más reducidos. «A partir de diciembre de 2020 se acabará cualquier tipo de acción cinegética en el parque nacional, solo se podría autorizar el control por daños», manifiestan desde Fedexcaza. Y entienden que puede ser un problema. «Hay una población de ciervos cinco veces superior a la capacidad que tiene el parque y con una alta prevalencia de la tuberculosis», remarca Gómez, que también lamenta lo mucho que se prolongan los plazos para la aprobación de los planes técnicos de los cotos ubicados en territorios protegidos, ya que tienen que pasar por el Servicio de Conservación de la Naturaleza.

Hasta la fecha, la caza sigue siendo uno de los principales usos que hay en las 18.000 hectáreas del parque nacional, aunque el área de la reserva ya es diferente y ahí ganan presencia la ganadería, la agricultura, el aprovechamiento forestal o las industrias de primera transformación, según el responsable del Medio Ambiente regional.

Tres tipos de protección para más de 14.000 kilómetros cuadrados

En Extremadura existen tres tipos diferentes de protección medioambiental. Por un lado, están los denominados 'espacios naturales protegidos', que integran 2.984 kilómetros cuadrados (el 7,2% de la región). «Son más restringidos y llevan un plan rector de uso y gestión; en estos, si se vende una finca la Administración puede hacer el derecho de tanteo y retracto», detalla Pedro Muñoz, director general de Medio Ambiente, en relación a los parques naturales;las reservas naturales; los monumentos naturales; los paisajes protegidos; las zonas de interés regional; los corredores ecológicos y de biodiversidad; los parques periurbanos; los lugares de interés científico; los árboles singulares, y los corredores ecoculturales, que son lo que tienen esta categoría.

Mucha más extensión tienen las áreas que se integran en Natura 2000, que es una red ecológica europea. Suma 12.642 kilómetros cuadrados (el 30,4% del territorio extremeño). Se creó para incluir a las ZEPA (zonas de especial protección para las aves) y los ZEC (zonas de especial conservación). «Europa no exige que se establezca un régimen de uso, pero sí que en ellas continúen las actividades que se vienen realizando de forma tradicional», explica Muñoz, que añade que no se pueden transformar los ecosistemas si afecta a las aves o a los hábitats que han dado lugar a su clasificación dentro de la red.

Por último están los espacios que se agrupan en la categoría de 'otras figuras de protección'. Aquí se encuentran el Parque Nacional de Monfragüe; la Reserva de la Biosfera de Monfragüe; la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Tajo-Tejo Internacional; las áreas privadas de interés ecológico, y las zonas Ramsar del complejo lagunar de La Albuera y del embalse de Orellana.

La suma de todos los espacios es superior a los 14.276 kilómetros cuadrados del total, porque hay zonas que se solapan y tienen más de una catalogación.