El experimento de Badajoz

De izquierda a derecha, Ignacio Gragera (Cs), Francisco Fragoso (PP), Eladio Buzo (PP) y Alejandro Vélez (Vox)./HOY
De izquierda a derecha, Ignacio Gragera (Cs), Francisco Fragoso (PP), Eladio Buzo (PP) y Alejandro Vélez (Vox). / HOY
Manuela Martín
MANUELA MARTÍNBadajoz

De todos los pactos salidos de las elecciones del 26M el alcanzado en Badajoz entre PP, Ciudadanos y Vox es el que tiene un potencial conflictivo más alto. Como recordarán, el PSOE logró 12 de los 27 concejales en liza, tres más que el Partido Popular. Una amplia victoria (la primera en 24 años de derrotas encadenadas), pero insuficiente para hacerse con la Alcaldía. La única concejala conseguida por Podemos no bastaba para armar la mayoría absoluta, por lo que han sido los cuatro ediles de Cs y el de Vox los decisivos. El argumento utilizado por Francisco Fragoso para reclamar la Alcaldía ha sido que el centro derecha suma más concejales (14), que la izquierda (13), por lo que es legítimo que gobierne la ciudad.

Es verdad. Nadie le puede quitar legitimidad democrática al pacto: los gobiernos nacionales, regionales y municipales son para quien suma más diputados o concejales, haya ganado o no las elecciones. Lo importante es sumar.

Para evitar que los gobiernos dependan de los pactos poselectorales habría que aprobar la norma de que siempre gobierne la lista más votada; o bien arbitrar un sistema con una segunda vuelta entre el partido ganador y el segundo. El cambio depende de los mismos políticos que se quejan amargamente de los pactos cuando no les favorecen.

Mientras se aprueban esas modificaciones en el sistema electoral, si es que algún día salen adelante, que es poco probable, estamos a expensas de los pactos. El de Badajoz empezó mal. El sainete de la negociación previa a la elección de alcalde fue lamentable. Minutos antes de la hora del pleno ni siquiera se sabía si Vox votaba o no a Fragoso o si Ricardo Cabezas sería alcalde con mayoría simple. El acuerdo para turnarse en la Alcaldía entre Francisco Fragoso e Ignacio Gragera cada dos años suena a chalaneo y muestra la fragilidad del gobierno municipal.

Las decisiones tomadas desde el día de la constitución de la nueva corporación no han hecho más que empeorar la imagen del pacto a tres. La liberación de más concejales de los que ha sido habitual y el nombramiento de más personal de confianza, entre ellos Morales y Pozo, dos cargos de Vox que no lograron acta de diputados en la Asamblea, huele demasiado a aprovechar el poder para buscarse una colocación.

El PSOE tiene en su mano toda la munición que puede desear para deslegitimar el pacto. Y la está utilizando. Lo hizo en el pleno del 29 de junio calificando de 'trincones' a los concejales del equipo de gobierno y mostrando billetes con sus caras, y es muy probable que continúe con su guerra para desestabilizar al Ejecutivo municipal. Al Partido Socialista le ha dolido especialmente que un pacto entre PP, Cs y Vox le arrebatase la Alcaldía de Badajoz. Hubiera preferido no gobernar Cáceres (donde Cs no entró al pacto con el PP, lo que propició que el socialista Luis Salaya se convirtiese en alcalde), que quedarse sin Badajoz.

Y entre la precariedad del acuerdo de gobierno entre tres socios que no se fían entre sí y el resquemor del PSOE porque considera que le han birlado la Alcaldía tenemos el cóctel municipal más explosivo de Extremadura.

Es difícil ser optimista ante este panorama y pensar que entre tanta refriega política a nuestros representantes les va a quedar tiempo para ocuparse de gobernar la ciudad, que es lo que los vecinos merecen, hayan votado a quien hayan votado.

Al alcalde Fragoso, principal responsable de este experimento al haber aceptado el apoyo de Cs y Vox en lugar de irse a la oposición, le toca administrar una situación endemoniada. Está por ver si es capaz de que la bomba política en que se ha convertido el ayuntamiento de Badajoz no le explote en las manos.