Estar o no estar

PNV y la antigua Convergencia han marcado y mucho la agenda gubernamental y la política de este país sin necesidad de entrar en el Consejo de Ministros como insiste Unidas Podemos. La diferencia es que nunca quisieron sustituir al PSOE

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante una de sus entrevistas tras las elecciones de abril :: /HOY
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante una de sus entrevistas tras las elecciones de abril :: / HOY
Pablo Calvo
PABLO CALVOCáceres

Mañana comienza la sesión de investidura para elegir presidente del Gobierno, de un Gobierno que por primera vez puede ser de coalición. O no, que diría Rajoy. Los tiras y aflojas entre el PSOE, a un lado, y Pablo Iglesias, al otro, se han ido destensando en las últimas horas, pero es probable que sea con la investidura en marcha cuando se cierre el acuerdo definitivo, si llega a producirse.

El deseo de Iglesias de entrar en el Consejo de Ministros ha hecho peligrar un Gobierno que en la noche electoral del ya lejano 28 de abril se daba por hecho, y que los votantes de izquierdas que aquel domingo se lanzaron en masa a las urnas vieron enseguida con ilusión. Es verdad que muchos socialistas, más la dirigencia que las bases, se decantaron por el acuerdo con Ciudadanos, pero esa vía se comprobó enseguida imposible.

Así que, Sánchez e Iglesias han ido acelerando desde entonces para comprobar quién frenaba más tarde antes de caer por el precipicio de unas nuevas elecciones en noviembre. Pese a su paso atrás de última hora, ha sido Iglesias el que ha aguantado más. El PSOE ha debido renunciar primero al Gobierno en solitario, y luego a su deseo de tener solo ministros técnicos de Unidas Podemos, es decir, personas en las que pesara más su capacitación que su carné. No estará el líder máximo, pero todo indica que sí pueden entrar varios compañeros de Iglesias de indudable corte político, y eso sería un triunfo para una formación que ha retrocedido en las últimas convocatorias electorales.

Sánchez, con las encuestas en la mano, ha tenido la tentación de ir a nuevas elecciones, pero ha debido pensar que las votaciones las carga el diablo, por muy buenas perspectivas iniciales que se tengan. También habrá pesado la percepción de que el ciudadano iba a responsabilizar más al PSOE que a Unidas Podemos del fracaso en la no formación del Gobierno, pues después de todo es el partido mayoritario.

Además, se da por hecho que el electorado de izquierdas no volverá a movilizarse en otoño de la misma manera que lo hizo en primavera. Que puede sucumbir al desencanto de observar la incapacidad de los políticos para ponerse de acuerdo. Por el contrario, al votante de derechas se le abriría una segunda oportunidad que no dejaría escapar, una vez aprendida la lección de que dividir el tiro es perder diputados en Madrid. Es mejor no asumir riesgos innecesarios para a la postre lograr un escenario final quizás muy parecido.

Así que, este fin de semana estamos en el punto de partida, a las puertas de un Gobierno de coalición al que el PSOE se ha resistido, pero que Unidas Podemos ha buscado como única forma de no ser vistos como una simple muleta de los socialistas.

Hay una diferencia sustancial entre presentarse como un mero punto de apoyo necesario para avanzar a sentirse el médico, o al menos el enfermero, que lleva de la mano al PSOE en su recuperación de las políticas de izquierda. De ahí esa necesidad extraordinaria que han sentido de formar parte del Gobierno.

En realidad, lo que persigue Iglesias es ponerse a la misma altura que Sánchez, esa es la cuestión. Influir, lo que se dice influir y marcar las políticas gubernamentales, se puede hacer también desde fuera del Consejo de Ministros. Lo ha hecho y lo siguen haciendo el PNV y lo hizo también durante varios lustros la antigua Convergencia.

Tanto los nacionalistas vascos como los catalanes en los tiempos de Pujol han logrado marcar la agenda legislativa y han influido en asuntos de trascendencia, no sólo para sus correspondientes comunidades autónomas, sino para todos los españoles, incluidos los extremeños, por supuesto. Han apoyado y dejado caer gobiernos, y han marcado el rumbo de medidas económicas, fiscales, laborales y sociales. Sin necesidad de forma parte del Gobierno central ni de mojarse. No sentían esa necesidad porque nunca tuvieron como objetivo sustituir o superar al PSOE.

El empeño, pues, de Unidas Podemos por estar dentro no obedece solo a su interés por fijar el rumbo de las políticas, lo que ya hizo pactando unos Presupuestos Generales para 2019 que finalmente no pudieron entrar en vigor. Desde luego, Iglesias tiene todo su derecho a seguir la estrategia que considere más adecuada para rentabilizar el apoyo de sus diputados a la investidura de Sánchez, pero su interés por incluir ministros de corte político tiene más que ver con aprovechar el momento para convertir a la formación en un partido con dimensión de Estado, y a él mismo, hasta su paso atrás, como un presidente bis, con agenda y dimensión propia. Por eso el PSOE no le ha dejado entrar.