Mi viaje favorito...Nueva York y Londres

«La estancia en Nueva York cuando tenía 13 años para estudiar fue un viaje al futuro»

Londres. Francisco Hipólito en el puente de la Torre de Londres, en el que se ven los aros olímpicos./
Londres. Francisco Hipólito en el puente de la Torre de Londres, en el que se ven los aros olímpicos.

Viajero infatigable, ha recorrido casi todo el mundo. Ha visto tiburones en el cabo de Buena Esperanza, sobrevolado las cataratas Victoria... pero le encantan paisajes como la sierra de Alor, un lugar precioso a 25 kilómetros de casa

Marisa García
MARISA GARCÍABadajoz

-¿Cuál ha sido su viaje favorito? ¿Cuándo lo hizo?

-Viajar ha sido siempre un objetivo muy importante en mi vida. No tiene por qué ser a lejanos destinos, puede estar en las proximidades de tu entorno. Me marcó mucho un viaje a Nueva York cuando tenía 13 años. Mi madre discutía con mi padre porque le parecía una locura la idea, al igual que a mi abuela Carmen. Gracias a Dios, mi padre, un verdadero crack, desoyó nuestras temerosas opiniones. Aprendí inglés y me «hice un hombre» a base de sobrevivir en una ciudad hostil. Fue un viaje al futuro. Aún recuerdo el primer día que entré en el 'high school'. Me quedé atónito al constatar las numerosas razas que había en el aula. Ya más mocito, en sexto de arquitectura, hice junto a Javier otro viaje que me influyó mucho. Hicimos la ruta de las obras de nuestro arquitecto referente de la carrera, Le Corbusier. Miles de kilómetros recorriendo Francia y aprendiendo del Movimiento Moderno, pero nos pasó de todo... Estambul en los ochenta, mi primera inmersión en el mundo árabe, también me fascinó.

-¿Volvería allí o es de los que siempre buscan destinos nuevos?

«Me adapto a todo. Está demostrado que el lujo no te aporta más felicidad que lo económico»

-Si puedo no. De hecho, no he vuelto a Nueva York.

-¿A quién le recomendaría este viaje?

-Solo recomiendo un viaje para apreciar la suerte de vivir en una sociedad acomodada. En el ascenso al pico Toubkal en Marruecos hay que hacer noche en un refugio a unos 3.000 metros de altura. Aparte del frío y de hacer tus necesidades en la nieve, la comida austera se basa en harina (sopa) y huevo cocido todos los días.

-¿A dónde le gustaría ir si pudiera?

-A la ópera de Sidney y ascender el Kilimanjaro, pero Guti me dijo que sucede igual que en el Everest, hay más gente que en la Gran Vía madrileña.

-¿Cuál es el sitio que más le ha impresionado?

-Las maniobras de aproximación del avión para aterrizar en Río de Janeiro sorteando el Pan de Azúcar. En África, sobrevolar las cataratas Victoria también me impresionó. El agua cae desde una altura tan monstruosa que, tras rebotar en el suelo, los vientos la hacen ascender formando una especie de hongo cuya forma nos recuerda la explosión de una bomba atómica. Por otro lado, en Granada, las vistas nevadas desde el pico de El Veleta y sobre todo, su silencio. También la primera sensación cuando alcanzas Machu Picchu y piensas, ¿cómo hicieron los incas este asentamiento aquí?

-¿Cuántos viajes suele hacer al año?

-No lo sé, pero me gusta moverme. El campo extremeño es inigualable. Un paisaje atractivo y una mochila con un buen bocata es suficiente. Hay un lugar precioso a 25 kilómetros de casa, la sierra de Alor, sobre todo cuando florece la rosa de Alejandría. Me atrae el senderismo, la nieve, la ciudad, (arquitectura, museos, paseos urbanos), muchas playas... Otras veces viajo por trabajo. Y sobre todo, mezclar el desplazamiento de trabajo prolongándolo un poco con ocio y amigos del lugar.

-¿Cuál es el lugar más raro que ha visitado?

-Supongo que los tiburones en el cabo de Buena Esperanza. Pernoctar en 'lodges' (refugios) en Zimbabwe escuchando fieras. El desierto del Sáhara con los hombres azules. En Luxor una noche a las tres de la madrugada, el capitán del barco donde transitábamos por el Nilo me invitó a visitar su casa. Era Ramadán e íbamos en un carro pequeño. Las calles estaban repletas de gente. Despertó a su numerosa familia para que los conociera y fue tan entrañable como maloliente.

-¿Qué tipo de viajero es? ¿De los que planifica o de los que va a la aventura?

-Siempre planifico. Intento minimizar riesgos, para una vez asentado, poder improvisar. La aventura está muy bien, sobre todo si sabes que al llegar la noche tienes un cuartel general.

-¿Y suele mirar comentarios sobre hoteles, restaurantes o destinos antes de reservar?

-Destinos nunca y si puedo, prefiero informarme a través de amigos.

-¿Qué tipo de viaje prefiere: los activos o los de relax?

-Siempre activos. Yo soy hiperactivo desde niño.

-¿Mar, montaña o ciudad?

-De niño, el mar. Cuando viajábamos en familia nos íbamos todo el mes de agosto. Ya de arquitecto, la ciudad, sus edificios, su urbanismo. Y de 'pureta' la montaña y el campo.

-¿Low cost o lujo?

-Me da igual. Me adapto a todo. Está demostrado que el lujo no te aporta más felicidad que lo económico. Los espetos de cordero viejo que hacen Ignacio y Andrés en Valverde del Camino son un lujo a low cost.

-¿Qué lugar visitó y quiso quedarse a vivir en él?

-Londres en 2012. Jim y Mita tienen casa allí y nos invitaron a las Olimpiadas. La ciudad estaba preciosa, engalanada, ordenadísima. Compraron entradas para ver distintos deportes, visitar museos, asistir a los Proms en el Royal Albert Hall. cada día nos llevaban a un lugar. Me enseñaron la ciudad del lugareño, no del 'guiri'.

-¿Qué viaje le ha defraudado y no recomendaría nunca?

-Ciudad de México. El último viaje que hice allí en febrero fue un descontrol. Fui solo y me invitaron a impartir un curso en la UNAM, una universidad que tiene matriculados más de 350.000 alumnos en una urbe de 23 millones de habitantes. Las distancias son tan grandes que para comer en Polanco con Virginia y Matías desde Ciudad Universitaria empleé dos horas y veinte en el trayecto de ida y casi una hora en la vuelta. ¡En metro! Una locura. Pero México es un país espectacular. Uno de mis mejores viajes fue allí, catalogando conventos franciscanos en torno al volcán Popocatépetl.

-¿Es la gastronomía una parte importante de su viaje?

-Sí. Disfruto mucho comiendo una tortilla de patatas en la ruta de Carlos V o avistando el cerezo en flor. También he ido con Julio a la semana gastronómica de Intxaurrondo. Comimos en Arzak, en Subijana. Cáceres y Atrio están muy bien y el 99 Sushi Bar en Madrid es un japonés inolvidable.Tampoco me olvido de un cabrito en Casares de Hurdes en medio del campo.

-¿Qué plato recuerda de su viaje favorito?

-Uff, tantos. Ballena cruda y ahumada en Oslo. Fue un gran viaje. Con José, los cuñados y todos los sobrinos, en total 17 personas. Montamos en tren hasta París, alquilamos allí dos furgonetas y cruzamos el Báltico y el mar del Norte en barco. ¡Badajoz-Oslo! Perdimos el tren de vuelta por un atasco en París. ¡Un lío!

-¿Es de los que se atreve a probar de todo?

-Me encanta. Comencemos por lo que a nosotros nos puede parecer normal. Sesos en Badajoz. Ortiguillas en Cádiz. Ostras en Vigo. Percebes en Gijón. Y ahora toca un sapo grande y verde en Tailandia. Perro en China. Cocodrilo en Sudáfrica. Steak tartar de reno en Suecia. Desayunar arenques en Rusia. Murciélago en Zimbabwe. Ojo de cordero en Marruecos. Gusano de ágave en México. Caracoles en Portugal.

-¿Le gusta hacer fotos de sus viajes? ¿Es de los que les gusta compartirlos en las redes sociales?

-Sí, me gusta la fotografía, pero no comparto.

-¿Qué es lo que no falta nunca en su maleta?

-Prensa de distinta ideología.

-Y en la vuelta ¿es de los que siempre necesita más espacio por las cosas que ha comprado? ¿Suele traer souvenirs de recuerdo?

-Va por épocas. Cierto es que soy fetichista y cualquier objeto me recuerda un momento. De todas formas, ahora se consigue todo en cualquier sitio.

-¿Qué es lo que llevará seguro en su próximo viaje?

-El pijama y el cepillo de dientes.

PERFIL

Francisco Hipólito (Badajoz, 1965)
Es arquitecto por la Universidad de Sevilla. Doctor internacional por la Politécnica Superior de Ingenieros, Universidad de Oviedo. Ha resultado vencedor de nueve primeros premios en concursos de arquitectura, tiene dos intervenciones en edificios Patrimonio de la Humanidad Unesco y en cuatro edificios Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento. Su rehabilitación del Edificio Metálico ha sido seleccionada por el Ministerio de Cultura como ejemplo de reutilización del patrimonio industrial.