España se italianiza

El vicepresidente del Gobierno y ministro de Interior italiano, Matteo Salvini/HOY
El vicepresidente del Gobierno y ministro de Interior italiano, Matteo Salvini / HOY
Antonio Chacón
ANTONIO CHACÓNBadajoz

España se está italianizando. Como Italia, se está acostumbrando a vivir en la cuerda floja y no morir en el intento, a seguir funcionando con un Gobierno en funciones, a que, en definitiva, la inestabilidad política sea la regla y no la excepción y apenas afecte a su economía, al menos, a la que reflejan los grandes números.

El producto interior bruto español crecerá el 2,3% este año, casi el doble que la zona euro y mucho más que las tres grandes economías europeas: Alemania (0,5%), Francia (1,3%) e Italia (0,1%).

Esas son las buenas noticias que nos da Bruselas. Las malas son que «el recurso generalizado a los contratos temporales podría suponer un obstáculo para la capacidad de crecimiento de España y su cohesión social». La Comisión Europea nos alerta de que jóvenes, personas sin cualificación e inmigrantes «están expuestos a un mayor riesgo de pobreza» en España por la precariedad laboral.

Bruselas también nos da un tirón de orejas por nuestros altos niveles de abandono escolar y nuestro déficit en innovación y eficiencia energética. Además, nos urge a corregir nuestros dos grandes desequilibrios: la aún alta tasa de paro y el elevado nivel de endeudamiento (tanto público como privado). El primero es un mal endémico de nuestra economía y el segundo va camino de serlo, como en Italia.

Sin embargo, para Ignacio Molina, experto del Real Instituto Elcano, es verdad que ambos países del sur de Europa comparten elementos del modelo productivo, la falta de competitividad y un elevado desempleo, «pero las tendencias son muy diferentes: mientras Italia está estancada desde 1998 o 2000 y a la cola de Europa, España lleva creciendo por encima de la media europea, de Alemania, Francia o el Reino Unido desde hace cinco».

Con todo, Italia sigue siendo la tercera economía de la zona euro, por delante de España, pues partía de una situación industrial más desarrollada.

En el plano político también hay semejanzas y diferencias. Ambos países comparten un sistema multipartidista, pero mientras en Italia está asentado, en España es incipiente y nuestro bipartidismo imperfecto está dando sus últimos coletazos. Ese multipartidismo genera inestabilidad política en ambos, pero mientras en Italia es sistémica, en España es coyuntural, de momento. Lo mismo se puede decir de la corrupción. El multipartidismo también obliga a practicar una cultura del pacto que en Italia es hasta excesiva y en España aún está en pañales.

En ambos países también está en auge el populismo, pero con muchos más bríos en Italia, donde ya gobierna. Además, en Italia no existe un partido como Podemos, porque el titubeante Movimiento 5 Estrellas no se puede decir que sea de izquierdas, como ha demostrado al formar un Gobierno de coalición con la ultraderechista Liga. En cambio, en España sí hay ya un partido que se asemeja al de Salvini, Vox.

No obstante, como dice Fernando García Sanz, investigador del CSIC, «la incertidumbre en Italia y España se puede llevar por delante la UE, porque los dos países son la punta del iceberg y hasta el laboratorio de un mal general europeo, donde estamos al final de algo, de una era política, pero no sabemos qué es lo siguiente».

Quizá haya que mirar más a Italia que a España para intentar predecir qué es lo siguiente, porque como dice Romano Prodi, expresidente de la Comisión Europea y dos veces primer ministro italiano, el país transalpino «es siempre un laboratorio político: Mussolini fue el maestro de Hitler; Berlinguer fue el primero en romper la Unión Soviética y Berlusconi es el maestro de Trump».