España va a ir bien

l presidente del gobierno Pedro Sánchez (i) y el líder de Podemos Pablo Iglesias, durante una ronda de consultas para la investidura/HOY
l presidente del gobierno Pedro Sánchez (i) y el líder de Podemos Pablo Iglesias, durante una ronda de consultas para la investidura / HOY
Manuela Martín
MANUELA MARTÍNBadajoz

Quizá la prueba más contundente que muestra que los políticos no son tan importantes como los periodistas suponemos es la predicción de crecimiento económico para España que ha hecho la Comisión Europea. Vienen a decir los expertos europeos que a pesar del bloqueo político, que amenaza con tenernos más de medio año con un gobierno en funciones, nuestro PIB crecerá el doble de la media. Tenemos un Ejecutivo prorrogado, con un presupuesto prorrogado, y sin embargo España funciona.

Otro ejemplo, todavía más llamativo, es el de Cataluña. Lleva años con gobiernos que dedican toda su energía a desconectarse del resto de España, con declaración de independencia incluida, pero en contra de lo que cabría esperar, la economía catalana no se ha hundido. Tal vez porque la gente normal y corriente, los empresarios, los trabajadores, los profesionales, los estudiantes, se siguen levantado cada mañana para cumplir con su obligación. A pesar de lo que digan y hagan sus gobernantes.

La sociedad civil echa un vistazo al telediario o al periódico, se indigna porque los políticos no se ponen de acuerdo, y sigue a lo suyo: su oficina, su fábrica, sus clases, su comercio, su taller...

Averiguándoselas para llegar a fin de mes, para hacer crecer su negocio, para aprobar un máster que le dé acceso a un empleo decente. Sorteando las dificultades de la vida como cada uno sabe o puede. Y aburrida del sainete político. ¿Que no ha hay gobierno? Bueno.

Dos meses y medio llevan entretenidos en una ceremonia del cortejo que solo pone en evidencia su falta de habilidad para la tarea para la que les elegimos, gobernar este país.

Pedro Sánchez en su atalaya de La Moncloa, jugando a rendir por cansancio a quien anhela ocupar alguna de las estancias del Palacio. A Pablo Iglesias ya no le quedan más armas para asaltar el castillo que acudir al comodín de la militancia. Una consulta a las sufridas bases de Unidas Podemos para que respalde su apuesta por un gobierno de coalición con miembros de UP en el Consejo de Ministros. Como si ese voto fuera a desactivar la resistencia de Sánchez a sentarlo en el Gobierno.

Y mientras, el PSOE explorando vías alternativas para lograr la investidura al margen del pacto con Podemos. La propuesta más estrambótica ha sido la carta firmada por diputados socialistas pidiendo al PP que se abstenga y facilite así la elección de Sánchez, el líder que cimentó su poder en el 'No es no' a Rajoy; que dimitió incluso para no verse obligado a abstenerse y acabar con el bloqueo que ya vivimos en 2016. La pirueta política es de órdago.

Un amigo, poco amante de las alambicadas teorías políticas que a menudo construimos los periodistas, simplifica el monumental bloqueo y apunta una salida: «Ya tendríamos Gobierno si los parlamentarios no cobrasen su sueldo hasta que empezaran efectivamente a trabajar». Las largas vacaciones parlamentarias que propicia la falta de Gobierno no contribuyen demasiado a que la imagen de los políticos, que ya está por los suelos, mejore. El problema es que, probablemente, a muy pocos les importa.

No me atrevo a afirmar que tenemos la generación de políticos más incapaz de la etapa democrática, pero sí que nos ha tocado en suerte un grupo de líderes cuya principal preocupación es su ombligo, su inmediato futuro, no los problemas del país.

El único consuelo al que agarrarnos es la predicción de la Comisión Europea. Si está en lo cierto al hacer sus predicciones económicas, la economía española va a ir bien. A pesar de sus políticos. Haya o no gobierno, haya o no elecciones, seguiremos levantándonos para ir a trabajar.