Errores del CSIC Doñana sobre Valdecañas

Ante la incapacidad de dar respuestas contundentes y sin ambages a las preguntas que planteó el TSJEx, se basan en conjeturas y disgresiones para articular unos razonamientos sustentados en meras hipótesis que no pueden contrastar ni verificar a lo largo del documento

JULIÁN MORA ALISEDADr. en Geografía y Dr. en Sociología. profesor DE Ordenación del Territorio y Desarrollo Sostenible

ESTE desatino de Valdecañas arranca por una delimitación y calificación aberrante en sí misma, como es la declaración de espacio protegido ZEPA para una lámina de agua artificial del citado pantano, que interrumpe la dinámica natural del Tajo, modificando su proceso erosivo-sedimentario y el régimen de caudales, además de obstaculizar el movimiento natural de la flora y la fauna autóctonas.

Por ende, declarar y después afirmar que el embalse de Valdecañas y su eucaliptar de cerro Burro es un espacio natural no es más que un atropello a la razón, lo diga Agamenón o su porquero. Pasemos, pues, a diseccionar una parte del informe 'científico' elaborado por la Estación Biológica de Doñana, lleno de especulaciones y errores sobre Valdecañas. Ante la incapacidad de dar respuestas contundentes y sin ambages, se basan en conjeturas y digresiones, para intentar articular unos razonamientos sustentados en meras hipótesis que no pueden contrastar ni verificar en modo alguno a lo largo del documento. Por ello utilizan con profusión un lenguaje especulativo: «probable», «posible», «potencialmente», «no se pudo determinar», etc. recurriendo a la tautología para contestar a las cuestiones que les plantea el TSJEx, como cotejamos seguidamente:

1ª) Dicen que «si el puente se eliminara, la isla se formaría antes», lo cual es ilusorio. ¿Cómo es posible estudiar científicamente una zona habiendo cruzado un puente que no existe?

2ª) Sobre si debería la 'isla' ser una ZEPA, atestiguan que «no existe ni un solo registro documentado del uso que la avifauna hacía de la isla y sin esos datos no es posible catalogar su fauna retrospectivamente»; sin embargo hacen especulaciones sobre que«al menos 62 especies de aves terrestres podrían haberla utilizado en algún momento, aunque desconocemos con qué frecuencia y abundancia». Entra en contradicciones, aduciendo que «el valor ambiental de la isla de Valdecañas no era extraordinario (…) si se incluyó es porque habría motivos para ello», sin ratificar ninguno, lo que es una falta de rigor.

3ª) Divagan constantemente en las preguntas del TSJEx diciendo «no es posible confirmar que hubiera milanos reproductores en la isla con anterioridad a las obras», y ante esta falta de pruebas señalan «que la isla contaba con características de hábitat», careciendo de seriedad porque eso ocurre en casi todo el territorio extremeño. Y abundan sin concretar: «Es posible que hace 30 años hubiera parejas reproductoras de milano negro en la isla de Valdecañas (…)» y lo mismo para el milano real. Para acabar afirmando, más adelante, a otra cuestión (5ª), que ni antes ni después de las obras «ninguna de las dos especies ha criado en la isla ni en sus inmediaciones».

4ª) Respecto a la vegetación y los hábitats, en el citado informe se detectan graves incoherencias, fruto de haber usado una serie de datos incorrectos además de emplear una metodología errónea, lo que denota que casi el 50% de la vegetación citada no presenta una distribución potencial en la isla de Valdecañas. Asimismo, el informe teoriza sobre una serie de hábitats de interés comunitario que habrían existido antes de la urbanización de la zona. Sorprendentemente, estudios anteriores a la urbanización de la isla realizados por el ministerio de Medio Ambiente muestran la inexistencia de dichos hábitats. En consecuencia, los datos aportados en el informe sobre estos aspectos carecen de validez científica, provocando una distorsión de la realidad, como me indica el Dr. Y. Cáceres, especialista en flora.

6ª) Este informe reconoce que antes del Complejo «la biodiversidad de la isla era probablemente menor que la del entorno de la ZEPA» (ya de por sí infundada). ¿Entonces por qué se empeñan en justificar que debía ser espacio protegido?

Asimismo, entran en contradicciones sobre la eutrofización de Valdecañas, a sabiendas que las causas se relacionan «con los usos del suelo, y especialmente con la actividad agrícola (…) durante los últimos 70 años», citando al eminente Margalef. Aseguran: «a través de la teledetección (…) hemos analizado la evolución del grado de eutrofia del embalse, así como otros de su entorno» y apuntan que «los demás embalses de la región no siguen la misma dinámica que Valdecañas», lo cual choca con los datos recientes de la Confederación Hidrográfica del Tajo (2018) para el periodo posterior a las obras, obtenidos por toma directa de agua y analizados en laboratorio (más precisos que el satélite), lo que viene a refutar los datos del CSIC. De acuerdo con la CHT el comportamiento de Valdecañas entre 2012 y 2015, es similar al resto de los embalses de la cuenca del Tajo, incluso mejor que otros.

Además señalan erróneamente al «vaciado del embalse para facilitar las obras en la isla solo puede haber empeorado cualquier problema de eutrofización», lo cual se debió a la pertinaz e intensa sequía, que afectó al resto de los pantanos de la cuenca, como recoge el informe de la Fiscalía del año 2008, desmintiendo dicha aseveración del CSIC.

Son estos, y otros muchos errores de gran calado, los que desacreditan el rigor científico de este estudio de la Estación Biológica del CSIC de Doñana. Un informe plagado de inexactitudes, fallos y especulaciones no puede considerarse como argumento para demoler Valdecañas.