Enseñanza máster en la UEx

Uno de los retos más importantes al que se enfrenta la Universidad de Extremadura es la implantación de másteres de calidad que satisfagan las necesidades de nuestros estudiantes y atraigan a alumnos foráneos

PEDRO CASERO Catedrático de Biología Celular y Responsable de calidad de Ciencias de la UEX

En estos 45 años de historia, la Universidad de Extremadura ha contribuido decisivamente a configurar la identidad de esta autonomía y se ha transformado en un hito cuya importancia trasciende su estricto ámbito académico. Es una universidad pública para Extremadura que genera unos 2.200 puestos de trabajo para hombres y mujeres que viven en esta región con sus familias, y participan activamente en el desarrollo económico de la misma. Hombres y mujeres que contribuyen a formar académica y socialmente a unos 20.000 estudiantes cada curso. Estudiantes que pueden permanecer en Extremadura durante su formación universitaria y que constituyen un activo potencial para el desarrollo de un tejido productivo tan necesario.

La Universidad de Extremadura tiene una gran envergadura y una alta complejidad estructural. Consta de 18 centros distribuidos en Badajoz, Cáceres, Mérida y Plasencia y dos centros adscritos en Cáceres y Almendralejo. Se imparten más de 80 titulaciones de grado, y más de 90 titulaciones de máster, además de los programas de doctorado. Enseñanzas de todas las ramas de conocimiento: Artes y Humanidades, Ciencias, Ciencias de la Salud, Ciencias Sociales y Jurídicas e Ingenierías. Un proyecto social de una enorme envergadura en una región de 41.634 Km2 y alrededor de 1.100.000 habitantes, es decir, unos 26 habitantes por Km2, una de las más bajas densidades de población de España. Estos datos de población, como una terrible pescadilla que se muerde la cola, se esgrimen con frecuencia para justificar la injustificable falta de infraestructuras que padece Extremadura. Por ello, admiro a aquellas personas que entre los años 60 y 70 del siglo pasado, en medio de una aridez socioeconómica aún más aguda, entendieron que una Universidad para Extremadura era una reivindicación imprescindible y consiguieron pergeñar un proyecto que encauzaron hacia el feliz término que ahora disfrutamos. Se invirtió mucha ilusión y dinero para conseguir un futuro mejor. Profesores formados en otras universidades se trasladaron a Extremadura para trabajar y vivir. Una región que se caracterizaba por exportar mano de obra ahora podía importar profesionales al máximo nivel académico con alta cualificación docente e investigadora.

Una universidad pública que ofrece una diversidad tan grande de títulos es necesariamente una institución compleja que debe ser analizada como tal. Sin embargo, estamos demasiado acostumbrados a manifestar categóricamente conclusiones basadas en análisis superficiales con referencia a indicadores o a titulares de prensa sacados de contexto. Recientemente, hemos podido leer en prensa el siguiente titular: «Ser la única universidad de la región no le beneficia». Curiosamente, el titular deriva del último de los argumentos, un tanto colateral, citado por la coautora de un informe de la Fundación BBVA y encuentra eco en otros titulares de prensa, relativamente recientes, que indicaban el interés de algunas universidades privadas por instalarse en la región. De ahí se refuerza la idea de que sería beneficioso para la Universidad de Extremadura que en esta comunidad se instalasen otras universidades, necesariamente privadas, que le sirvan de aliciente en un ámbito competitivo de libre mercado. Es una reflexión, sacada de contexto, completamente banal. La demanda de educación superior indudablemente puede ser considerado un objetivo muy lucrativo, sobre todo, si se basa en la oferta de titulaciones que requieran poca infraestructura y no estén obligadas a ofertar titulaciones más onerosas. Una universidad privada dirigida a estos intereses puede competir de forma muy desleal con una universidad pública tan generalista como la nuestra y no necesariamente se transformaría en un núcleo de atracción de recursos beneficiosos para la propia Universidad de Extremadura.

La Universidad española vive un complejo proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior que ha afectado profundamente a la estructura de sus títulos y al modo de gestionarlos. Títulos de cinco años han sido sustituidos por otros de cuatro. Esta transformación no es baladí. Para entendernos, las antiguas licenciaturas tenían un nivel equivalente a máster. Los actuales títulos de grado tienen un nivel equivalente a las antiguas diplomaturas. Por lo tanto, actualmente nuestros estudiantes deben cursar un máster de uno o dos años para adquirir un nivel académico equivalente al de los antiguos licenciados. Este pequeño detalle tiene una gran importancia porque divide la enseñanza universitaria en dos niveles: el grado de carácter generalista y el máster más específico. Si a esto le añadimos el ingrediente de la competitividad, no a nivel de región, sino a nivel nacional o internacional, se nos plantea un reto extraordinariamente interesante porque las universidades se caracterizarán, no por sus enseñanzas de grado generalistas, sino por sus enseñanzas de máster, específicas. Y el problema consiste en que estas enseñanzas de máster requieren una mayor financiación para hacer frente a los recursos humanos y materiales necesarios y una mayor implicación de la sociedad, sobre todo si se trata de másteres de ciencias, ciencias de la salud o ingenierías. Es por todo ello que uno de los retos más importantes al que se enfrenta la Universidad de Extremadura es la implantación de másteres de calidad que satisfagan las necesidades de nuestros estudiantes y atraigan a estudiantes foráneos teniendo en cuenta el contexto geográfico, social y económico en el que esta universidad se desenvuelve.

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