Elisa vendía felicidad

Elisa Gutiérrez, en el Capricho de Gaudí de Comillas. :: HOY/
Elisa Gutiérrez, en el Capricho de Gaudí de Comillas. :: HOY

Los barrios del sur de Cáceres se han quedado sin su agente de viajes de cabecera

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

En el barrio falta algo. En El Rodeo y Moctezuma, en Los Fratres, Reyes Huertas y Antonio Hurtado falta Elisa y se nota. Elisa vendía felicidad, vendía sueños, vendía proyectos... Elisa vendía viajes. Elisa Gutiérrez Cordero (Cáceres, 1968-2019) descendía de Aldea del Cano. Sus padres, José y Agusti, se dedicaban al campo y ella les ayudaba desde niña. Estudió en el IES Norba e hizo Ingeniería Informática. Tenía una hermana, Toñi, que murió en accidente de tráfico con 26 años. Ahora se ha ido ella y en el barrio falta algo.

Elisa se casó con Francisco José Núñez, Paco. Se conocieron en Aldea del Cano con 14 años. Después, diez años de novios, 24 de matrimonio y un hijo: Ricardo, que nació con el siglo, en el año 2000, y llevó a su madre a tomar una decisión, dejar de trabajar hasta que el niño cumpliera diez años. Así que hasta 2010 no se embarcó en una aventura que la convirtió en una de esas personas que necesitas en tu entorno para sentirte bien: el médico de cabecera, el asesor fiscal de confianza, el tendero de toda la vida... Ella decidió convertirse en la agente de viajes que ayudaba a soñar a los vecinos del barrio, sobre todo a los mayores.

«En 2010 salimos por primera vez de veraneo. Fuimos a una playa de Huelva y Elisa hizo la reserva. Le gustó la experiencia y decidió que abriría una agencia de viajes para vender felicidad», recuerda Paco. Dicho y hecho: un local en la calle Julián Murillo de Cáceres, junto al parque de El Rodeo, y un nombre francés con mucho significado: 'Atelier', o sea, taller... de ilusiones, de propuestas, de emociones.

Elisa era la agente de viajes de cabecera del barrio. Cuando entró su primer cliente, un repartidor de butano, y supo que se llamaba Ricardo, como su hijo, intuyó que le iba a traer suerte. Y efectivamente, poco a poco, los mayores y las parejas jóvenes, las familias y los grupos de amigos descubrieron que Elisa se desvivía por ellos y estaba siempre a su disposición; echaba horas buscando las mejores ofertas, los hoteles con más encanto, los vuelos más directos y más baratos...

Si un cliente tenía un problema, podía llamarla a la hora que fuera, que ella lo solucionaría. Tanto que cuando se produjeron los atentados de Bruselas, consiguió sacar del lío a una pareja de clientes facilitándoles la salida del país y el vuelo desde un aeropuerto holandés. Tenía un sistema propio para facilitar que 'sus' viajeros del Inserso pudieran ir a su destino favorito. Para ello, recogía sus cartas con antelación, ordenaba sus preferencias y los días en que se escogían los viajes, cerraba la agencia durante la mañana y seleccionaba los mejores destinos.

Es natural que en el barrio se note un vacío especial desde que el pasado 2 de junio Elisa se fue. Sabía que estaba enferma desde Navidades, aunque calló para que su hijo Ricardo, que estudia Farmacia en Salamanca, disfrutara de las fiestas sin preocupaciones. Trabajó hasta el 26 de marzo y cuando ya no podía más físicamente, se trasladó a su casita de Aldea del Cano, en un paraje conocido como El Tesoro, donde tienen una casa en cuyo porche Elisa daba gracias por tener la suerte de disfrutar del final de su vida entre olivos, con los Llanos de Cáceres a un lado, la Sierra de San Pedro al otro y el territorio de su infancia rodeándola. «Eso era lo que de verdad le gustaba a mi madre: el campo». rememora Ricardo.

«Somos una familia creyente y en estas situaciones nos queda la resignación», explica su hijo, que sacó adelante el primer cuatrimestre de su grado de Farmacia, pero que en el segundo solo ha podido presentarse, y ha superado, la asignatura más fuerte, aunque no ha comentado su situación especial a los profesores. «Yo soy como mi madre, lo último que queremos es dar pena y lástima», asegura.

Será por eso que la agencia Atelier va a seguir vendiendo felicidad. Paco y Ricardo han decidido que la mejor manera de recordar a Eli, a Elisa, es encargando a otra mujer, también llamada Eli, Elisabeth, que siga despachando sueños en el barrio.