El elemento extremeño de la tabla periódica

José Miguel González señala una tabla periódica en la que destaca el Carbono, su elemento. :: hoy/
José Miguel González señala una tabla periódica en la que destaca el Carbono, su elemento. :: hoy

El químico José Miguel González representará al Carbono en una tabla conceptual protagonizada por jóvenes | Sus trabajos científicos se centran en la nanotecnología y ahora trabaja en el Instituto de Carboquímica de Zaragoza

M. ÁNGELES MORCILLO MÉRIDA.

José Miguel González es un joven de 34 años graduado en Química por la Universidad de Extremadura (UEx). Él tiene el honor de haber sido escogido para representar al elemento Carbono en la Tabla Periódica de jóvenes químicos elaborada por la International Union of Pure and Applied Chemistry (IUPAC). Este es el mayor organismo a nivel mundial que gestiona la Química y ha hecho esta selección con motivo de la inminente celebración del Año Internacional de la Tabla Periódica, la manera que se tienen de organizar los elementos que conforman las materias.

La IUPAC ha lanzado una convocatoria para que jóvenes químicos puedan ser nominados y encontrar 118 (el número de elementos que a día de hoy tiene la Tabla Periódica). Quiere crear con ellos una tabla conceptual en la que, cada elemento, esté representado por un joven químico que personifique la misión y los valores de dicho organismo.

Como José Miguel siempre se ha dedicado a la parte de la ciencia que se centra en la nanotecnología del Carbono, no se lo pensó y eligió representar a este elemento. «Pensé que nunca me elegirían. Estaba seguro de que medio planeta había elegido el Carbono, que es el elemento más codiciado por ser el elemento de la vida, el más abundante...». Pero hace dos semanas le llegó un correo electrónico comunicándole que le habían seleccionado para representar la 'C' del Carbono.

Este es uno de los logros que José Miguel ha conseguido a lo largo de su carrera profesional como científico gracias a su tesón y esfuerzo. Pero sobre todo, gracias a su ansia por conocer y saber más y hacer de su pasión, la química, su trabajo.

Aunque sus padres, que vivían en Mérida, se trasladaron por motivos laborales a Mallorca, donde José Miguel nació, volvió cuando era un chaval a la capital extremeña. Aquí decidió hacer sus estudios secundarios y de Bachillerato en el Instituto Extremadura.

También decidió apostar por la Universidad de Extremadura (UEx) para estudiar la carrera de Química. Eso fue en 2002. «Me di cuenta de que era la ciencia más completa, la más bonita, la que podía contactar con otras disciplinas... Y pude comprobar que todo es química. Las emociones, lo que comemos, el planeta en el que vivimos...».

Fue un estudiante brillante y sacó muy buenas notas. «La UEx me dio una formación muy buena. Me di cuenta de que tenía un nivel perfectamente competitivo para poder optar a todo lo que yo quisiera».

En el transcurso de la carrera, dice que sintió la vocación por la investigación. Y como se define a sí mismo como un joven muy curioso, que nunca paraba de preguntar, de indagar y de querer conocer cada vez más, fue así como llegó a conocer la institución donde ahora mismo trabaja, el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Una institución que le atrajo por varias razones, entre ellas, por su carácter público. «Siempre he creído que el talento hay que ponerlo al servicio de la sociedad. El conocimiento, la ciencia, el avance científico y tecnológico tiene que ser nuestro y para nosotros».

Se enteró que había una beca de posgrado que ofrecía el CSIC a estudiantes del último curso de carrera. La echó y tuvo la suerte de que se la concedieron. También optó a una beca del Ministerio en colaboración con el catedrático Vicente Gómez, con quien comenzó a investigar.

Sus primeros trabajos en investigación le marcaron el camino para saber que su vocación sería volcarse en la nanotecnología, a lo que se dedica actualmente. Esta es la tecnología que se dedica al diseño y manipulación de la materia a nivel de átomos o moléculas, con fines industriales o médicos.

La UEx se le quedó pequeña

A partir de ese momento, José Miguel confiesa que la UEx se le iba quedando pequeña. Y con la beca conseguida le dieron como destino Zaragoza. Pero no siempre ha estado allí. También ha trabajado en Francia, Italia, Canadá y en otras ciudades de España como Madrid, León o Barcelona.

Dice que al principio ni su familia ni muchos compañeros de su carrera entendieron que se fuera, para una beca de cuatro meses, a más de 700 kilómetros de su casa.

Pero él lo tenía claro. Y lo que comenzó como algo temporal se convirtió en un periodo de 6 años. «Comencé a enlazar una beca con otra. Empecé con el posgrado, seguí con la tesis y como labor postdoctoral estuve unos meses investigando en el Instituto de Carboquímica de la capital aragonesa, que pertenece al CSIC, y donde trabaja actualmente.

Se dedicaba entonces, y también ahora, a aplicar estrategias químicas de materiales de carbono de tamaño nanométrico. «Lo he aplicado al diseño de estructuras funcionales como fuselajes de aviones o de naves espaciales... aunque ahora estoy centrado en el campo de la Medicina. «Haciendo los mismos desarrollos de química de estos materiales pero aplicados a un diagnóstico y tratamiento de enfermedades como cáncer, párkinson o alzhéimer».

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