No hay edad para jubilarse

Lo que existe en nuestro país es un auténtico embrollo con las edades de jubilación, que merecería una legislación más clara y coherente

Concentración por el mantenimiento de las pensiones esta semana en Cáceres./ARMANDO MÉNDEZ
Concentración por el mantenimiento de las pensiones esta semana en Cáceres. / ARMANDO MÉNDEZ
Pablo Calvo
PABLO CALVOCáceres

Los médicos extremeños van perdiendo, de momento, la partida con el Servicio Extremeño de Salud (SES) y deberán jubilarse a los 65 años, a los 67 a lo sumo por necesidades del servicio. Así lo ha determinado, en primera instancia, una sentencia conocida esta semana y que aún no es firme porque se anuncian recursos. Pero así están las cosas por ahora.

Reconozco que cuando hablo con profesores, por ejemplo, que se prejubilaron hace ya una década y compruebas que conservan todas sus capacidades, las físicas y las mentales, pienso que es un claro desperdicio de materia gris que no sé si el conjunto de la sociedad nos lo podemos permitir.

Pero de igual forma, y aunque resulte contradictorio, me resulta llamativo el interés de los profesionales médicos por alargar su vida laboral, de seguir al pie del cañón en una actividad que no tiene nada ni de fácil ni de relajada.

No se trata únicamente de acudir al argumento algo grosero de que deben 'hacer hueco' a las nuevas generaciones de médicos que necesitan trabajar. Extremadura, en realidad, tiene en la actualidad déficit de facultativos, sobre todo en algunas especialidades. Pero no sé hasta qué punto, y habrá de todo por supuesto, detrás de estas reclamaciones de seguir trabajando pesa únicamente un interés profesional y una vocación inalterable con el paso de las décadas. Lo que sí resulta llamativo es que otros colectivos de funcionarios públicos, como profesores y jueces, puedan alargar su vida laboral y no se les permita a ellos.

Miro las estadísticas y resulta que en nuestro país, solo la mitad de los trabajadores (51%) se jubila en el momento en que alcanzan los 65 años (en este 2018, 65 años y seis meses). Es decir, que casi la otra mitad ni llega (44%). Y solo el 5% sigue acudiendo a su puesto de trabajo una vez cumplida esa edad.

El derecho al descanso ha sido siempre el maná prometido de las sociedades del bienestar. Las crisis económicas y la mayor esperanza de vida ha hecho que este merecido tiempo de ocio se haya ido retrasando en la legislación, y que se esté poniendo cada vez más difícil el poder jubilarse a los 65 años sin sufrir una merma económica. ¿A qué edad se jubilarán los alumnos que se encuentran hoy en las aulas universitarias?. La respuesta es tan difícil como lo es también el saber a qué edad podrán encontrar su primer puesto de trabajo o la estabilidad laboral.

En nuestro país, donde cada cierto tiempo se nos mete miedo con el cobro de las pensiones, un 'coco' que ya va resultando tan largo en el tiempo como cuando se decía aquello de la 'crisis del teatro', lo que de verdad existe es un auténtico embrollo con las edades de jubilación, que con independencia de la penosidad de tal o cual sector, deberían estar más armonizadas.

Aquí el abanico va desde los 40 años a partir de los cuales pueden acceder a una pensión los mineros (desde los 45 años si es una mina a cierto abierto, como la que se quiere abrir en Cáceres, por cierto); hasta esos 70 años de profesores y jueces (y registradores de la propiedad, como Rajoy), en el caso de los empleados públicos; o hasta que el cuerpo aguante en el sector privado, pues no existe una edad obligatoria de jubilación. Pasando además por los planes de bajas incentivadas de las grandes corporaciones, bancos y multinacionales, empeñados en que nadie llegue en nómina a los 60.

Un auténtico desorden, pues, a la hora de armonizar el mundo laboral y organizar de algún modo esta sociedad, donde puedes encontrar a un albañil sexagenario encima del andamio (nunca han logrado que se les reconozca la jubilación a los 60) y al mismo tiempo un exdocente en plenas facultades sin tener que fichar.

Con este estado de cosas, los médicos tienen derecho a plantear que pueden seguir aportando al conjunto de la sociedad, pero no deberían ser los jueces, de ninguna edad, quienes lo determinen, sino una legislación más clara y coherente.