Donaciones millonarias

Donaciones millonarias
JOSÉ LUIS GIL SOTO

En algunos países del mundo, entre los que se encuentra Estados Unidos, los alumnos de las universidades piden préstamos para poder completar sus estudios y luego los van pagando poco a poco con el esfuerzo de sus familias y de sus primeros trabajos.

Hace unos días, durante el acto de graduación de los estudiantes de último año de Morehouse College, en Atlanta, una universidad tradicionalmente de población negra, intervenía en el discurso de clausura el millonario Robert F. Smith, fundador de una afamada firma de inversiones. Este hombre de color, de 56 años de edad, fue ingeniero químico en Goodyear y Kraft, y trabajó también para Goldman Sachs especializándose en inversiones tecnológicas. Ahora invierte únicamente en software y está entre los firmantes (junto a Warren Buffett y el matrimonio Gates) del movimiento que intenta convencer a los estadounidenses más ricos de que regalen la mitad de sus fortunas para acciones filantrópicas. Cuando lo hizo, Smith dijo que se centraría en las causas que apoyen la igualdad para los estadounidenses de raza negra y en el medio ambiente. «Nunca olvidaré que mi camino fue pavimentado por mis padres, abuelos y generaciones de afroamericanos cuyos nombres nunca sabré (.). Mi historia solo sería posible en Estados Unidos y nos corresponde a todos pagar esta herencia», dijo entonces.

En su intervención de hace unos días en el acto de graduación del último curso, Smith anunció a los estudiantes que pagará de su bolsillo todos los préstamos pendientes de los recién graduados, que ascienden a un total de cuarenta millones de dólares.

Al conocer esta historia no he podido dejar de pensar en Amancio Ortega y en sus donaciones para equipos médicos contra el cáncer. Smith también lo ha hecho, pues además de apoyar a los afroamericanos, conservar el medio ambiente y ayudar a la educación musical, también ha donado millones para la investigación del cáncer.

Debo reconocer que me sobreviene el paralelismo y la inevitable pregunta de qué habría pasado si el anuncio de Smith lo hubiese hecho Ortega para pagar becas estudiantiles. Las redes sociales se habrían llenado de pretendidos salvadores de la educación pública para denigrar la iniciativa arremetiendo contra el capitalismo representado por el empresario gallego afeándole el gesto y manifestando a boca llena que la educación pública no puede (sí, no puede, dicen cuando de sanidad se trata) recibir donación alguna.

Y digo yo que una cosa es que el sector público no debería tener que depender de donaciones y otra bien distinta es que tenga que rechazarlas. Si esas donaciones contribuyen a incrementar el gasto público en beneficio de la población, lo que deberíamos es agradecer enormemente a Smith, a Ortega o a quien sea que decidan dar parte de su dinero en lugar de gastárselo en un yate, cosa que podrían hacer perfectamente porque es suyo y están en su derecho. Pero es que a algunos les fastidia que otro tenga tanto que se pueda permitir donarlo para mejorar nuestras vidas. No sé si es dignidad mal entendida.