Doctor en Extremadura

Doctor en Extremadura
PABLO CALVOCáceres

Tal vez todavía recuerden la serie de televisión 'Doctor en Alaska', en la que a un joven médico se le caía el mundo encima cuando tenía que aceptar un destino profesional tan alejado de los atractivos de la gran ciudad. Una serie deliciosa antes de la era del pago y de Netflix, y que inevitablemente me ha venido a la cabeza esta semana cuando el Servicio Extremeño de Salud (SES) ha identificado hasta 37 zonas para las que reconoce que tiene complicado conseguir médicos con los que cubrir las plazas de atención primaria.

Los profesionales de la salud que invierten al menos una década en su formación se resisten en convertirse en médicos rurales, y no se les puede reprochar nada. Los municipios pequeños tienen una serie de virtudes, sin duda, pero también presentan sus limitaciones vitales, que se agravan si el profesional carece de un vínculo personal con la zona o tiene otros condicionantes familiares.

El caso es que los centros de salud tienen complicado conseguir médicos, y eso en un problema grave para el mantenimiento de la Extremadura más rural. De la España rural, cabría decir, pues el problema no es exclusivo de nuestra región. Hace unos días, Castilla y León también identificaba sus 24 zonas de difícil cobertura y ponía sobre la mesa una serie de medidas con las que intentará corregir el déficit.

Se trata de acciones más contundentes y atractivas de las que hasta ahora ha planteado el SES. El gobierno castellano-leonés se propone incentivar con 6.000 euros anuales a los profesionales de la salud que acepten el destino en esos lugares remotos, además de concederles una mayor flexibilidad de horarios y una serie de ventajas formativas, un aspecto importante para unas personas que valoran y necesitan del aprendizaje continuo. En Extremadura, de momento, solo se les ofrece más puntos para futuros traslados y la opción de moverse en dos años.

La oferta parece poca cosa para la dimensión del problema que presentan esos municipios extremeños que se encuentran a más de 50 kilómetros de un núcleo de 20.000 habitantes, que son los que el propio SES ha identificado como de complicada cobertura.

Sobra recordar que la importancia de un médico es inversamente proporcional a la dimensión de la localidad en la que ejerza. Esto es, un doctor es la persona más importante de un pueblo, todavía más si reside en él. Para la subsistencia de nuestros municipios, cada vez más envejecidos y vacíos, tener un centro de salud es un elemento diferenciador clave para frenar su despoblamiento y mantenerlo más dinámico en comparación con los pueblos vecinos. En resumen, para Extremadura es vital que el SES consiga médicos suficientes para atender a la población rural, dispersa y alejada, y para ello se antoja imprescindible poner más carne, es decir, recursos económicos, en el asador.

El déficit, por lo demás, no solo está en la atención primaria, aunque sea el más acuciante. También se enfrenta el sistema sanitario extremeño a una carencia de especialistas en aquellos hospitales ubicados en esas zonas más periféricas como Talarrubias, Llerena o Coria. También en Plasencia, donde unas veces se queda de golpe sin traumatólogos y otras sin nefrólogos, como ha sucedido esta semana. El atractivo de trabajar en un hospital más grande, con más y mejores recursos y ubicado en un municipio más grande está siendo un quebradero de cabeza constante para el SES y, como resultado, para los pacientes de determinadas especialidades y áreas de salud.

El pasado lunes, el Ministerio de Sanidad anunciaba una convocatoria mayor de plazas de médicos internos residentes para el próximo año, un aumento del nueve por ciento que aún se considera corto, pero que va en la línea de lo que le habían insistido desde regiones como Extremadura. Mientras las facultades de Medicina están llenas, con notas de corte por las nubes para poder acceder, los hospitales y las consultas echan en falta a sus profesionales.

Extremadura debe luchar contra sus características poblacionales y territoriales. Nadie dijo que fuera fácil la gestión, y menos en materia tan sensible como la sanitaria. Por eso, hay que ser imaginativos, persuasivos y también generosos si se quieren alcanzar los objetivos.