Una docena de mujeres han sido asesinadas en Extremadura por sus parejas desde 2003

Una docena de mujeres han sido asesinadas en Extremadura por sus parejas desde 2003

Extremadura es la tercera región con menos víctimas mortales por violencia de género, solo por delante de Cantabria y La Rioja

José M. Martín
JOSÉ M. MARTÍN

En el lugar que debe ser más seguro. Aquel en el que se busca refugio. El propio hogar. El mismo que para las víctimas de violencia de género se convierte en el más peligroso y en el que la mayoría de las mujeres asesinadas por sus parejas en la región encontraron la muerte.

En su casa de San Vicente de Alcántara (Badajoz) murió apuñalada el 22 de octubre de 2003 M. C. M., de 34 años. Ella tiene el fatídico privilegio de inaugurar las estadísticas de víctimas de violencia de género en la región. Su marido, J. D., acabó con su vida en la cama, tras clavarle un cuchillo en el cuello, como él mismo reconoció en el juicio celebrado tres años después.

Fue en 2003 cuando las administraciones públicas comenzaron a contabilizar las casos de violencia de género. Desde esa fecha, otras once mujeres han sido asesinadas en Extremadura. Esto hace que las víctimas mortales en la región sean el 1,2% del total nacional, según datos del Ministerio de Sanidad. Y es que el pasado lunes, día 10 de junio, la violencia machista se cobró su víctima número mil en nuestro país.

Extremadura es la tercera comunidad con menos asesinatos machistas en estos 16 años, solo por delante de Cantabria, con ocho, y La Rioja, con seis. El porcentaje extremeños, además, puede variar. El último caso que se incluyó en la estadística fue la muerte de S. T., que perdió la vida el 24 de agosto de 2017 a manos de su marido en Arroyo de la Luz. El juicio todavía no se ha celebrado y el causante confeso de la muerte asegura que actuó en defensa propia. De momento, S. C. está en libertad y la memoria de la Fiscalía recomienda no contabilizar ese caso como violencia de género.

Concentración por uno de los asesinatos machistas en 2015. :: HOY
Concentración por uno de los asesinatos machistas en 2015. :: HOY

También fue asesinada en la habitación que compartía con su marido, aunque en este caso en una residencia de ancianos de Almendralejo, M. A. M, de 81 años de edad y natural de Montijo. De nuevo un cuchillo fue el arma elegida por el agresor, J. G. D., que el 19 de enero de 2004, solo cinco días después de contraer matrimonio, le asestó varias puñaladas.

Ese mismo año, el 12 de diciembre, tuvo lugar uno de los casos más extraños que se han producido en la región. Una mujer –N. H. V.– falleció tras ser atacada por su marido, J. N. C. En el momento de la agresión, ella estaba ingresada en el hospital de Navalmoral de la Mata en un estado de coma irreversible. El matrimonio llevaba más de seis décadas casado y ambos superaban los 80 años.

La Fiscalía no tiene claro que uno de los casos, que está a la espera de juicio, sea violencia machista

En cuatro de los crímenes existían denuncias previas y los asesinos se saltaron las órdenes de alejamiento

Degollada a manos de su expareja falleció A. P. M., de 37 años. El crimen se produjo el 20 de mayo de 2006 en la habitación de alquiler que el asesino, de 25 años, tenía en Cáceres. Fue él mismo el que se entregó a la Policía media hora después de la brutal agresión. Antes de salir de la casa se cruzó con uno de sus compañeros de piso. «He matado a la chica», le dijo y salió a pasear por las calles de la capital cacereña manchado con la sangre de su víctima. Esa misma frase fue la que repitió al encontrarse con un agente.

Ella residía en Casar de Cáceres, donde convivió durante un año con su asesino, pero hacía más de seis meses que la pareja había interrumpido la relación.

En ninguno de estos casos constaba denuncia previa. Algo que sí había hecho I. A. B., de 54 años. Su marido, J. M. G., doce años mayor que ella, tenía una orden de alejamiento y había sido condenado en dos ocasiones por maltratato, una vez en 2004 y otra en 2008. Pese a ello, aquel 10 de abril de 2009 ambos se encontraban pasando las vacaciones de Semana Santa en Valencia de Alcántara, localidad de la que eran naturales.

J. M. G. asfixió a su mujer y fue uno de los hijos de la pareja quien encontró a su madre sin vida en la cama y a su padre en un rincón de la misma habitación.

Rehaciendo su vida

Una orden de alejamiento también tenía J. R. Lo que tampoco impidió que el 16 de diciembre de 2010 esperase a su exmujer en el portal y la matase de un disparo. Ella, de 44 años, volvía de dejar a su hija de nueve años en el colegio y se topó con su asesino en el bloque del pacense barrio de San Roque en el que vivía. «La mató cuando empezaba a ser libre», comentó Rachida, hermana de la víctima, a la periodista de este diario Natalia Reigadas, dos días después del crimen. En esa misma conversación, la mujer se lamentó de que su hermana pudo mandar a su exmarido a la cárcel por incumplir el mandato judicial, pero que no lo hizo. «No sabía qué iba a decirle a su hija el día de mañana», en palabras de Rachida, a la que se le saltaban las lágrimas al saber que su hermana estaba rehaciendo su vida y volviendo a ser feliz.

No mediaba denuncia previa entre C. A. D., de 80 años, y su marido, J. R. A., un año mayor que ella. El hijo del matrimonio fue el que el 7 de enero de 2012 encontró a su madre muerta en el suelo de la casa familiar en Zafra. Su padre, que golpeó a su mujer con un objeto contundente en la cabeza hasta que le provocó la muerte, estaba junto a la escena.

A golpes, pero en este caso con un martillo, asesinó M. D., de 78 años, a C. T. Al igual que en otros casos existía una orden de alejamiento por malos tratos previos. Él ya se había saltado el mandato judicial en una ocasión, por lo que ingresó en prisión pero quedó en libertad. La segunda vez que lo hizo, el 4 de agosto de 2013, fue para acabar con la vida de su expareja a la que atacó en la casa de la víctima.

En los días posteriores, la familia de la mujer informó que ésta había recibido amenazas. En una carta, el asesino decía que la mataría si se separaba de él. Que los protocolos de atención a las víctimas no sirvieran para proteger a esta víctima y que su atacante estuviera en libertad son aspectos difíciles de explicar.

El 11 de marzo de 2015 J. J. mató a su mujer en plena autovía A-66 cerca de la barriada cacereña de Aldea Moret. La arrojó de la furgoneta en la que viajaban y la causa de la muerte fue un fuerte golpe en la cabeza. El matrimonio apenas llevaba dos años casado y tenía un hijo de año y medio.

En el entierro de la víctima, en Navalmoral de la Mata, los familiares de la mujer de 23 años aseguraron a los periodistas que su marido ya maltrató a su primera esposa.

Llamar al 016

Es un teléfono para llamar si eres víctima de maltrato o si conoces un caso cercano de violencia machista. Es gratuito, funciona las 24 horas del día los 365 días del año y no deja rastro en la factura del teléfono, aunque sí hay que eliminarlo de la lista de llamadas del teléfono. Así, nadie sabrá que has llamado. Es confidencial.

La más joven de las víctimas mortales por violencia machista en Extremadura es M. P. G., de 21 años. Su expareja, cinco años mayor que ella, la mató a golpes y con extrema violencia. Tras cometer el crimen, tiró el cadáver al embalse de Alange, donde fue encontrado en las inmediaciones de la presa.

En este caso también existía una orden de alejamiento que el criminal se saltó para cometer el asesinato. Además, en varias ocasiones había amenazado a la víctima con quitarle al hijo pequeño que ella tenía.

Si se excluye el caso de Arroyo de la Luz, que está por juzgar, la última mujer asesinada por violencia de género en la región es N. C., de 91 años. Ella padecía una demencia avanzada asociada a la edad y su marido, un año mayor, la apuñaló e intentó suicidares en la casa que compartían con una hija.

Este hecho luctuoso tuvo lugar el 19 de febrero de 2017, por lo que hace más de dos años y medio que en Extremadura no hay que lamentar ningún asesinato machista.