«Me dijeron que dejara de estudiar la oposición porque me iba a morir»

María del Cielo Mejías, junto a su madre, saliendo del Hospital Universitario de Badajoz. :: j. v. arnelas/
María del Cielo Mejías, junto a su madre, saliendo del Hospital Universitario de Badajoz. :: j. v. arnelas

Cielo Mejías logra una plaza de maestra tras superar una grave colitis ulcerosa

ALBERTO ARANDABADAJOZ.

A lo largo de la vida todos tenemos que ir superando pruebas. Unas más duras que otras. Pero cada situación es diferente según sea la persona que la afronte. Lo que para unos es un mundo, para otros simplemente es una piedra más en el camino.

María del Cielo Mejías, una salvaleonesa de 29 años, tenía 25 cuando empezó a prepararse las oposiciones de maestra para la Comunidad de Madrid. Acababa de terminar la carrera de Magisterio en el Centro Universitario Santa Ana de Almendralejo, pero un día de diciembre se dio cuenta de que sangraba mucho a la hora de ir al baño. «Serán los nervios», le decía su madre.

En febrero la situación empeoró y decidió ir al médico. El especialista le dijo que podría ser una situación provocada por el estrés y le recomendó dieta blanda. Pero en lugar de mejorar, todo iba empeorando lentamente. «Todas las mañanas iba al servicio unas 15 veces».

«Pesaba 30 kilos y estudiaba entre cojines sin poder levantarme de la cama»

En su casa pensaban que eran los nervios por el examen. Nada más lejos de la realidad. Una mañana de mayo, Cielo no pudo levantarse de la cama. «Yo estaba en la cocina y la oía gritar diciéndome que no se podía mover», rememora Francis Flores, su madre.

Automáticamente la trasladaron desde Salvaleón al Hospital Universitario de Badajoz, donde fue ingresada. En ese momento le comunicaron que padecía colitis ulcerosa grave, una enfermedad inflamatoria del intestino grueso y del recto que provoca úlceras en la parte interior del colon.

«Desde los 25 hasta los 28 años estuve probando tratamientos. Tenía épocas buenas, de hecho estuve un año viviendo en Inglaterra. Pero la medicación dejó de hacerme efecto. El 20 de junio de 2018 me dijeron que me tenían que ingresar, pero les dije que no podía porque tenía que presentar el trabajo de fin de grado de Educación Primaria. Finalmente, el 24 de junio ingresé en el Hospital Universitario», explica María del Cielo.

A los dos días le hicieron una colonoscopia que reveló que el recto estaba bien, pero su colon se encontraba en muy malas condiciones. La única solución era extirparle el intestino grueso. A finales de junio del pasado año, Cielo fue operada con éxito, pero después surgieron algunos problemas. Ya en septiembre, al día siguiente de recibir el alta, se le formó un 'nudo' en el intestino delgado, lo que le impedía digerir la comida con normalidad. Tuvo que ser intervenida de nuevo, esta vez de urgencia.

Ha llegado a pesar 30 kilos, ha sido operada en varias ocasiones, pero su fuerza de voluntad le permitirá trabajar como maestra con 29 años

A finales de ese mes fue dada de alta otra vez, pero el resultado estaba lejos de ser el esperado. «Estaba en 36 kilos y cada día perdía unos 200 gramos. Me quedé en 30 kilos, los psicólogos me decían que podía tener depresión o anorexia nerviosa, pero yo me encontraba bien anímicamente».

No perdía el ánimo, pero poco después tuvo que volver a ser ingresada hasta que en una de las revisiones el endocrino descubrió que, al haberle cortado parte del íleon, una sección del intestino delgado, su cuerpo no procesaba las grasas. Le cambiaron la dieta y le pusieron una sin aceite. Cielo recibió el alta en diciembre definitivamente y comenzó a ganar peso.

El único momento de debilidad mental que sufrió durante la enfermedad fue cuando le dijeron que tendría que llevar toda la vida una bolsa recolectora debido a la ileostomía que le habían practicado. «Fue la peor noticia que me podían dar. Pensaba en lo joven que era y que iba a tener que estar el resto de mi vida con una bolsa pegada al cuerpo. Estuve una semana entera llorando», confiesa.

Durante la enfermedad, Cielo continuaba dedicándole tiempo a seguir formándose. Estuvo un año en Brighton (Inglaterra) trabajando y aprendiendo inglés; con 26 años estudió un máster de Ciencias Sociales y Jurídicas; con 27 se trasladó a Madrid para hacer un segundo grado, el de Educación Infantil; y con 28, sin muchas esperanzas, comenzó a prepararse las oposiciones. «Pesando 30 kilos y sin poder levantarse de la cama, se puso a hacer el trabajo de fin de máster», valora su madre, que siempre ha estado a su lado.

«Dejé un poco de lado las oposiciones, porque no tenía muchas esperanzas, incluso pensé no presentarme -asegura Cielo-. No podía estar en mi casa sin hacer nada, así que me puse a terminar el máster».

Finalmente, en febrero de este año se sacó el Máster de Ciencias Sociales y Jurídicas. «Iba mejorando poco a poco, pero llegaba a mi casa agotada. Aún pesaba muy poco. Ni siquiera pensaba en presentarme a las oposiciones».

«Solo pensaba en mi futuro. Sin incentivos, ¿cómo iba a recuperarme?»

Pero a mediados de marzo decidió intentarlo. Se puso en contacto con una nueva preparadora, habló con amigas para pedir temarios y comenzó a estudiar las oposiciones de Magisterio. «Estudiaba por estar entretenida, sin ninguna esperanza».

Pero debido a la colitis que había sufrido durante los últimos años, a Cielo le habían reconocido una minusvalía por un periodo de dos años, además su madre comprobó que el número de aspirantes a las plazas destinadas a las personas con minusvalía era bajo, por lo que se le presentaba una gran oportunidad de poder sacar la plaza después de tanto sufrimiento.

Durante abril, mayo y junio Cielo dedicó todo su tiempo a preparar el examen. Era consciente de que tenía una oportunidad única y no quería desaprovecharla. «Dos semanas antes de las oposiciones, me puse a escribir los temas y me los sabía todos. Todavía no sé cómo me pude aprender tantas cosas en tan poco tiempo».

Con buenas notas

Cielo sacó en el primer examen un 7,6 y un 8,3 en el segundo. Con un 8 de media, ha conseguido una plaza fija.

En el peor momento de la enfermedad, entre octubre y diciembre, el psicólogo que llevaba el caso de Cielo no se podía explicar su situación. «Me llegaron a decir que no era normal que estuviera tan bien de ánimo, incluso me dijo que me iba a morir. Me derivó a un psiquiatra porque decía que no asimilaba la situación, pero yo era plenamente consciente de todo. Lo que tenía claro era que no iba a dejar que la enfermedad pudiera conmigo».

En la consulta de Psiquiatría descartaron cualquier atisbo de depresión. Le dijeron que era una chica con mucho valor, que había conseguido asimilar su situación con naturalidad y de forma rápida, algo que muy poca gente es capaz de conseguir. «Ella ha tenido siempre una mentalidad muy fuerte. Siempre ha sido positiva. Cualquier otra persona habría dejado que la enfermedad la consumiera», comenta emocionada su madre.

Durante el proceso, mucha gente le decía a Cielo que no se centrara en estudiar, que debía descansar y pensar en recuperarse, pero para ella la recuperación pasaba por pensar en el futuro. «Mis amigas me decían que lo dejara, que ya tendría tiempo. ¿Pero cómo iba a dejar de pensar en mi futuro?. He sido consciente de que he estado muy mal, hasta llegué a pensar que podría morir, pero si no tenía incentivos, ¿cómo iba a recuperarme?», concluye esta joven.

Actualmente, Cielo pesa 44 kilos, aunque según su madre «aún le faltan unos seis o siete por coger».

Ya hace vida completamente normal, va al gimnasio, conduce y sale con sus amigas. Todo ello con la misma naturalidad de siempre.

En octubre se somete a la que debería ser su última operación. En ella, los médicos pretenden volver a meterle la parte del intestino delgado que la une a la bolsa de ileostomía para que no tenga que volver a llevarla nunca más.

Cielo espera que esta sea la última operación de su vida, aunque es consciente de que se trata de una intervención complicada. «Mi cuerpo se tiene que acostumbrar otra vez a funcionar sin la bolsa. Aunque con lo que he pasado ya, voy tranquila. Lo que me da rabia es que tendré que pedir la baja», asegura riéndose.

Y es que el día 2 de septiembre, tras una larga enfermedad, Cielo se incorporará por primera vez al puesto de trabajo por el que tanto ha peleado y con el que tanto ha soñado. A pesar de todas las adversidades, ese día será por fin maestra.