María del Mar Lozano Bartolozzi: «Hay que difundir más nuestros recursos»

María del Mar Lozano Bartolozzi: «Hay que difundir más nuestros recursos»

Llegó a Cáceres cuando la Universidad de Extremadura daba sus primeros pasos. Su criterio fue decisivo para que Vostell se instalara y abriera su museo en Los Barruecos. Lleva el arte en su ADN. «Una carrera no se debe parar, de ninguna manera, por el hecho de ser mujer», defiende.

María José Torrejón
MARÍA JOSÉ TORREJÓNCáceres

María del Mar Lozano Bartolozzi, nacida en Pamplona, recaló en Cáceres en el mes de octubre de 1972, cuando se puso en marcha el Colegio Universitario adscrito a Salamanca, germen de lo que años más tarde sería la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Extremadura. Inició entonces una carrera vinculada a la investigación y la divulgación que todavía hoy requiere su total dedicación. Comenzó sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Navarra y los concluyó en la Universidad Complutense de Madrid. Es catedrática de Historia del Arte de la UEx desde el año 1989 y dedicó su tesis doctoral a la ciudad de Cáceres, al periodo comprendido entre los siglos XVI y XIX. De 1996 a 2004 compatibilizó la enseñanza con la dirección científica del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida, etapa de la que guarda un grato recuerdo. «Fue una gran experiencia», apunta.

Casada y madre de dos hijos, tiene muy presentes las raíces italianas que se adivinan en su segundo apellido. Mantiene, de hecho, colaboraciones habituales con la Universidad La Sapienza de Roma. Es nieta de Salvador Bartolozzi, dibujante e ilustrador de Pinocho y otros personajes de la conocida editorial Calleja. Sus padres estudiaron Bellas Artes y se dedicaron al dibujo y la escenografía. Se podría decir que María del Mar lleva el arte en su ADN. El último reto que acaba de asumir ha sido entrar a formar parte de la Real Academia Extremeña de las Letras y las Artes para cubrir la vacante de José Miguel Santiago Castelo. Menuda, de melena rizada y ojos claros, posee un discurso reflexivo que huye de las respuestas atropelladas.

-¿Qué le trajo a Extremadura?

-Llegué aquí porque estaba en un colegio mayor en Madrid donde coincidí con varias extremeñas y entre ellas estaba Mercedes García Camino. Ella me dijo que en Cáceres se había puesto en marcha el Colegio Universitario y estaban contratando profesores. Y me animó a presentar mi currículum. Dado mi perfil de historiadora del arte y mis comienzos en el mundo de la investigación, me contrataron. Había un proyecto muy importante que era el inicio de una universidad en la que todos éramos bastante jóvenes, comenzábamos una carrera profesional... Tuvimos un ambiente muy proclive a ese desarrollo con Ricardo Senabre, que era entonces el primer decano de Filosofía y Letras, y nos animaba a que hiciéramos muchas cosas. Fue un momento de expansión de la ciudad y, a la vez que dábamos clases, organizábamos exposiciones y ciclos de conferencias, escribía en el periódico críticas de arte...

-¿Qué impresión le causó Cáceres y Extremadura al llegar? ¿Había estado antes aquí?

-Tenía unos familiares aquí y había venido un año antes. Encontré una ciudad que, en aquel momento, estaba transformándose a través de la Universidad, lo cual dio muchas oportunidades. Teníamos alumnos de todas las edades, algunos eran mayores que yo. La Universidad trascendía mucho a la vida de la ciudad. Los profesores invitábamos a venir a compañeros de otros lugares, y ese ir y venir enriquecía mucho el ambiente cultural de la ciudad. También nosotros nos desplazábamos a otros sitios, a congresos y cursos...

-¿Qué le pareció que se sacaran las facultades del centro histórico de Cáceres y se llevaran al campus?

-Creo que toda la Universidad no se podía meter en la ciudad intramuros, aunque es un tema muy complejo como para resumir en una sola frase. Así es cierto que había edificios, como la antigua cárcel o el cuartel, o incluso el hospital provincial, cuyo futuro no parece del todo claro, que podían haber formado parte un campus más disperso, como se ha hecho en otras ciudades. Esto hubiera repercutido más en la vida urbana. Pero no me parece tan negativo hacer un campus. Proporciona un espacio común para todos los centros. Los campus universitarios tienen sus ventajas pero creo que podríamos haber aprovechado esos otros edificios.

«Guadalupe es una reivindicación antigua y sensata aún sin resolver. Me parece muy deseable que el monasterio esté dentro de una diócesis de nuestra comunidad autónoma»

-Su participación en congresos y tribunales le obliga a viajar con frecuencia. ¿Qué percepción se tiene fuera de la región y de la Universidad de Extremadura?

-A Extremadura se la relaciona mucho con el patrimonio histórico y cultural. Tener ciudades Patrimonio de la Humanidad produce un eco muy importante. La gente asocia Extremadura con la ciudad antigua de Cáceres, con la historia de Guadalupe, con todo el conjunto arqueológico de Mérida y ahora, felizmente, con la arquitectura y el arte contemporáneo gracias al Museo Vostell, que tiene mucha personalidad, gracias a la colección de Helga del Alvear, gracias al MEIAC, al MUBA... Igualmente se asocia Extremadura con la gastronomía, con la naturaleza, con el turismo ornitológico... Pero también ven que somos una región muy poco habitada y muy mal comunicada. Cuando he invitado a profesores a venir a Cáceres lo tienen complicado. Llegar de Madrid a Badajoz o a Cáceres todos sabemos que es un problema.

-¿Es usuaria habitual del tren?

-Sí, además me gusta mucho viajar en tren. Pero cada vez que cojo aquí el tren me lamento de sus grandes deficiencias. ¿Hasta cuándo vamos a estar así? Llevamos diez años con este proyecto y es terrible. Comprendo que somos pocos pero deberíamos estar bien comunicados. Tenemos buena autovía. Pero el tren es básico, cada día que pasa sin que lo mejoren es un día que nos distancia más del resto de lugares. Hay que crear, además, mejores infraestructuras para poder llegar hasta museos como el Vostell o hasta el Monasterio de Guadalupe.

-¿Le ha afectado de forma directa alguna de las últimas averías?

-Sí, claro. No me ha tocado la avería del incendio, pero sí una en la que el tren se quedó parado, me tuve que bajar y completar el recorrido a Madrid en autobús. Me ha ocurrido más de una vez y he sufrido muchos retrasos.

-¿Y qué percepción hay fuera de nuestra Universidad?

-Hay algunos centros más solicitados que otros. No descubro nada nuevo. Creo que la Universidad, y el mundo de las humanidades en concreto, tiene que buscar un tipo de alumnado que se especialice en temas relacionados con el mundo iberoamericano, con el arte intermedia y el arte digital, con la arqueología, el patrimonio histórico y cultural... Hay que ofrecer cursos bilingües. Hay que estar continuamente revisando los objetivos porque el mundo va muy deprisa. Es una obligación repensar el proyecto de ciudad, el proyecto de universidad, el proyecto de conservación de la naturaleza... Es cierto que la Universidad ha ido a menos en el número de alumnos. Y ahora mismo Cáceres tiene una crisis por el número de personas jóvenes que se van a estudiar a otro sitio y a buscar trabajo porque aquí no hay. Cuando yo llegué hubo mucha ilusión y se creó algo que faltaba, pero ahora hay que reconsiderar otras cosas para ofrecer oportunidades a los alumnos egresados, es decir, a los ya titulados.

«A Extremadura hay que venir, no un turismo de día, sino a un turismo de semanas. Hay que acabar con la idea del turismo rápido prque hay muchos imprescindibles»

-Se habla mucho del techo de cristal. ¿Ha encontrado obstáculos en el seno de la Uex para desarrollar su carrera por ser mujer?

-Yo no. Puedo decir que he sido una privilegiada por las oportunidades que he tenido. Me ha ayudado mucho mi familia. Mi marido siempre ha tenido clarísimo que mi carrera era mi carrera. Él también tenía la suya y siempre me ha apoyado muchísimo. O tienes un ambiente familiar que colabore o es imposible conciliar vida familiar y vida laboral. Si me he tenido que ir un mes a México para hacer un trabajo de investigación, ahí estaba la familia para ayudar. Los jóvenes creo que ahora tienen otra mentalidad y comparten las tareas con sus parejas. Pero yo eso ya lo he vivido. Una carrera no se debe parar, de ninguna manera, por el hecho de ser mujer.

-Conoció a Vostell. ¿Ha sido una suerte que abriera su museo en Extremadura?

-Viajó hasta Madrid para conocer el Museo del Prado y se acercó hasta Guadalupe porque le interesaba mucho la pintura de Zurbarán. Ahí fue cuando conoció a su mujer y, a través de ella, vino varias veces más. Inició la idea de hacerse la casa y cuando llegó a Los Barruecos acompañado por Juan José Narbón, otro gran artista que yo conocí y al que quería mucho, se quedó entusiasmado por el lugar. Dijo entonces que ese era el sitio donde le gustaría hacer su museo. Yo lo conocí porque el alcalde de Malpartida, entonces Juan José Lancho Moreno, cuando le llegó el proyecto no entendía nada, pero recurrió a la Universidad. Fue una persona muy clarividente. Vino a verme. Y yo, que había estudiado en Madrid, ya había oído hablar de Vostell. Le expliqué que era un artista internacional y que no había que dudarlo. Teníamos que escucharlo y ver su proyecto. Desde el principio conectamos y yo lo invité a la Universidad a dar alguna conferencia. Él me dijo y su mujer lo sigue diciendo que le dio mucha confianza que estuviera la Universidad apoyando su proyecto. Creo es un museo muy singular, por la relación que hay entre arte y naturaleza. Sigo yendo a menudo y continúo entusiasmada. A Vostell le gustaron las rocas, le gustaron las charcas, los animales... y fundó un museo Fluxus. Su arte y el de sus amigos fluxistas de lo que hablaban era del arte y el fluir de la vida. Además, es un ejemplo de museo de artista, con personalidad propia.

-¿Qué opina de la ampliación del centro de artes visuales Helga de Alvear en Cáceres?

-Soy tan defensora de las piedras arqueológicas como del arte contemporáneo porque es el arte de nuestra época. Creo que la colección de Helga de Alvear es de una gran categoría. Todas las exposiciones que se van haciendo son relevantes. ¿Qué va a suponer la ampliación? Tener unas instalaciones en las que va a haber una serie de piezas que ahora mismo no se pueden ver incluso por sus dimensiones. Por ejemplo, hay una lámpara del artista Ai Weiwaei, que vi en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, y ahora no hay espacio para exponerla. La es obra fantástica.

-¿Cómo lleva ser académica?

-Estoy muy contenta. La Academia reúne a una serie de especialistas en distintos temas, de literatura, arquitectura, música, artes plásticas... Si acepté que me propusieran es porque consideraba que era un reto nuevo que se me ofrecía. Espero poder colaborar dentro de sus objetivos. Me gusta, además, ocupar el puesto de Santiago Castelo porque lo conocía. Pero aún soy académica electa. Estoy pendiente del discurso de entrada.

-Si viniera alguien que no conociera Extremadura, ¿qué le enseñaría en 24 horas?

-Extremadura es una región muy extensa y con un gran patrimonio. Le preguntaría por sus gustos. Podemos ofrecer desde un rico patrimonio arqueológico, hasta arte contemporáneo, desde arquitectura monumental aislada hasta centros históricos, sin olvidar la variada naturaleza. Lo primero que le diría es que no se quedara solo 24 horas. A Extremadura hay que venir, no a un turismo de día, sino a un turismo de semanas. Hay que acabar con la idea del turismo rápido. Hay muchos imprescindibles. Hemos hablado del Museo Vostell, pero también está el yacimiento arqueológico de Cancho Roano o la arqueología emeritense, la ciudad histórica de Cáceres, Guadalupe, el norte de Extremadura, Yuste, las murallas de Badajoz... Al turista habría que ponerle el patinete para que fuese de arriba a abajo, y de nuevo debemos lamentar la falta de un buen servicio regional de trenes o de mejores autobuses. Creo que hay que promover además otras rutas creativas. En Semana Santa estuve en Nueva York y los turistas hacían una ruta por los escenarios de los rodajes de películas y series. En Extremadura también tenemos que buscar esto. O por sitios que aparezcan en la literatura. Hay que buscar alternativas para gente que ya ha venido muchas veces a ver la Ciudad Monumental de Cáceres y que ahora quiera descubrir, por ejemplo, dónde grabó 'Juego de Tronos'. Tenemos que ofrecer diversidad. Y necesitamos buscar más recursos para que la gente esté más interesada en venir. Recursos tenemos, pero entre todos hay que difundirlos más y comunicarlos más.

-¿Cree necesario que el Monasterio de Guadalupe pase a una diócesis extremeña?

-Es una reivindicación antigua y sensata aún sin resolver que afecta al monasterio y a algunos pueblos. Me parece muy deseable que el monasterio esté dentro de una diócesis de nuestra comunidad autónoma. Se añade la tutela que ejerce sobre su patrimonio la Junta de Extremadura empleando recursos para su conservación. Recuerdo que en el año 92, cuando la Expo de Sevilla, yo fui comisaria del pabellón y se llevaron importantes piezas de Guadalupe. Si no me equivoco, la Junta las restauró previamente. El hecho de que esté en otra diócesis no ha significado que no se tenga presente Guadalupe, sino todo lo contrario.

 

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