Los días que nunca existieron

JOSÉ LUIS GIL SOTO

CUANDO se celebró el Concilio de Nicea, en el año 325, el mundo occidental se regía por el calendario juliano, establecido por Julio César en el 46 a. C. Este calendario estaba basado en el calendario egipcio, y se basaba en que cada año duraba 365,25 días. En ese concilio se acordó que la Pascua debía celebrarse el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera en el hemisferio norte o de otoño en el sur. Aquel año el equinoccio había ocurrido el 21 de marzo. Pero fueron pasando los años, y los siglos, y la fecha se fue adelantando hasta el punto de que en 1582 el desfase era de diez días. El equinoccio de aquel año fue el 11 de marzo. ¿Por qué? Pues porque se comprobó que cada día duraba en realidad once minutos menos de los que se creía. Este error de once minutos acumulado durante 1.257 años hizo que el desfase fuese de diez días, aproximadamente.

El papa Gregorio XIII tomó cartas en el asunto, a sabiendas de que los científicos habían realizado mediciones más exactas de la duración de los días. Dos estudios realizados en la Universidad de Salamanca en 1515 y 1578, enviados a la Santa Sede, sirvieron para concienciar de la importancia de un nuevo calendario y pusieron las bases para lograrlo. Luego se constituyó una comisión con reputados matemáticos y astrónomos que, basándose también en las tablas alfonsíes (realizadas mucho tiempo atrás por iniciativa de Alfonso X «el Sabio»), concluyeron cómo debía ser el nuevo calendario. La reforma se aprobó en septiembre de 1580 y se puso en práctica en 1582.

Para lanzar el nuevo calendario el papa promulgó su uso por medio de la bula 'Iner Gravissimas'. Pero no todo el mundo adoptó inmediatamente el nuevo sistema. Solo donde la Iglesia católica tenía una gran influencia se puso en práctica de inmediato: Italia, Portugal y España. En estos países, al jueves 4 de octubre le siguió el viernes 15 de octubre. Es decir, que en 1582 no existió un día como hoy, pero tampoco como ayer o como mañana ni como los días anteriores y posteriores. No existieron diez días. Nada. Nadie pudo nacer el 5 de octubre de 1582, por ejemplo.

Comenzó por estos tres países y le siguieron otros muchos, aunque en los países protestantes, anglicanos y ortodoxos el calendario no se implantó hasta mucho después. Hay lugares donde, incluso, aunque se rigen por el actual calendario gregoriano, ellos lo siguen llamando juliano para no reconocer la autoridad y, por qué no decirlo, el acierto del Vaticano. Tanto es así que en las iglesias ortodoxas, excepto en Finlandia, siguen utilizando el calendario juliano. Pero solo en el ámbito eclesiástico, porque a estas alturas en todo el mundo se considera como base para el establecimiento del año civil el calendario gregoriano. Aunque en lugares como Grecia, China, Rusia o Yugoslavia no diesen su brazo a torcer hasta bien entrado el siglo XX.