Cuidado con el WhatsApp

Una conductora maneja el coche y el móvil. :: HOY/
Una conductora maneja el coche y el móvil. :: HOY

La DGT instala camiones en los arcenes para vigilar el uso del móvil

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

El móvil es una tentación irresistible cuando conducimos. Trina el WhatsApp, timbra una llamada, tintinea un SMS, campanillea un correo, vibra una nota, 'tritona' el Messenger, crepitan las palomitas de maíz del privado de Facebook, zurea el retuiteo, canta la notificación, ronronean los avisos de tu prensa favorita, de tus apps meteorológicas, de tus apps deportivas, de las apps de tus bancos, de las apps de tus compras...

No conozco ningún aparato que haga tantos ruidos diferentes y, sobre todo, no conozco ningún aparato que haga tantos ruidos excitantes. Porque ya nos puede llamar nuestra pareja, nuestra madre o nuestro jefe, que pasamos. Pero como el móvil suene una milésima de segundo, allá que vamos como posesos a cogerlo. Es como si en cada nota estuviera escondido el secreto de la felicidad. Nuestras vidas pendientes de una simple vibración y nuestra dicha al albur de un politono.

Que nos lancemos a por el móvil mientras comemos en familia, mientras charlamos en pandilla o mientras amamos en pareja, está muy mal, pero el único peligro que entraña es que nos riñan, nos dejen por imposibles o nos dejen para siempre. El problema verdadero surge cuando vamos conduciendo, se escucha una señal de radiobaliza o un estímulo de constelación y nos lanzamos a por el teléfono ya vayamos por una recta, ya estemos sorteando el puerto de la Camella.

¿Cómo va a ser más importante conducir con atención que coger el móvil, leer lo que nos comunican y responder? En conducir nos va la vida, en el parpadeo con son de oleaje de nuestro celular nos va la felicidad instantánea. Cualquier alteración de nuestro smartphone nos provoca más ansiedad e interés que las primeras veces que nuestro hijo recién nacido se removía en la cuna. Y si prestábamos, al principio, atención al bebé, ¿cómo no se la vamos a prestar al móvil al principio, en el medio y al final? Lo mejor de estos aparatos es que nunca nos aburrimos ni nos hartamos de él, sino todo lo contrario: cuanto más lo usamos, más móvil-dependencia padecemos.

¿Sabían ustedes que el WhatsApp mata? Si vamos conduciendo y enviamos uno, tardamos, según estudios de la Dirección General de Tráfico, cuatro segundos en hacerlo, es decir, decenas de metros con el vehículo circulando y sin atender a la carretera. Más del 30% de los accidentes de tráfico se deben a distracciones y entre ellas, por encima de todas, las provocadas por el móvil. Su uso adictivo y compulsivo en la calle, en la mesa y al volante ha sido tan sorprendente que ha pillado con la guardia baja a los responsables de nuestra seguridad vial.

Pere Navarro, director general de Tráfico, pide a las operadoras de telefonía móvil que habiliten un modo coche semejante al modo avión, algo que ya se puede activar en algunos modelos de iPhone. La DGT estudia una propuesta de la consultora Pons Seguridad Vial para que, cuando un accidente sea causado por un conductor que iba hablando por el móvil, pague los daños la aseguradora, pero luego se los reclame al conductor.

La realidad es que el uso del móvil es ya la primera causa de accidentes mortales, por delante de la velocidad excesiva y el consumo de alcohol y drogas. Hoy, la infracción de usar el teléfono conduciendo cuesta dos puntos y se está barajando que se pierdan entre cuatro y seis. Pero ni los mensajes, ni las campañas ni las amenazas surten efecto cuando el «aparatino» nos guiña su pantalla o suena con gracia encantadora. Es sencillamente irresistible y por él lo damos todo, hasta la vida, la nuestra y la de los demás.

En algunas autonomías, la DGT ha puesto en circulación camiones y furgonetas camufladas. Los agentes aparcan estos vehículos en el arcén y desde las alturas vigilan mejor el uso del móvil. Pero no hacen falta camiones-garita, desde cualquier acera podemos ver a decenas de conductores con el móvil en la mano. No podemos vivir ni morir sin él.

 

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