Y a los cuarenta años resucitó

ALFREDO LIÑÁN CORROCHANO

¡Ay monseñor! ¡La que ha liado vuecencia! Pero hombre de Dios ¿a quién se le ocurre? Todo un señor arzobispo, enviado del mismísimo Santo Padre como su representante al principado de Andorra e, incluso, al reino de España y, ya con el pie en el estribo, salta al ruedo afirmando que «no ayuda a vivir mejor recordar algo que ha provocado una guerra civil» y es cierto, a vuecencia no, pero a una inutilidad como la que –por nuestros pecados– nos preside, sí. Porque gracias a esa pichicharra funeraria nos tiene entretenidos mientras él disfruta viviendo en la Moncloa, en donde antaño se solazara la XIII duquesa de Alba de Tormes, nuestra inmortal Maja Desnuda. Y por si la cosa no hubiera quedado suficientemente clara, y ya embalado, su excelencia reverendísima remató con un trincherazo digno del mismísimo Granero: «Yo digo que han resucitado a Franco». ¡Ay monseñor! Al final va a resultar que no se ha enterado de la misa la media. Porque si bien es camino cierto aquello de «la verdad os hará libres», es aún más cierto, y de general conocimiento, que semejante principio no es de aplicación, jamás de los jamases, a la diplomacia vaticana en donde el disimulo es ley y las sinuosidades, travesía habitual. ¡Ay monseñor! ¿Cómo se le ocurrió a su excelencia decir la verdad? ¿En qué diablos coronados estaba pensando? Porque sí, es cierto, Franco ha resucitado, pero únicamente en la mente delirante de la izquierda tontorrona que nos asola, empeñada en liberarlo de su perdedero, allá en el valle del olvido. Triste fin para quien se autonombrara «caudillo por la gracia de Dios».

Y ya para culminar la faena entra a matar por derecho asegurando que: «Hay tantos problemas en el mundo y en España…». Y por ahí sí que no, monseñor, en el mundo pasará lo que pase, pero en España problemas ninguno. Tenemos un gobierno –en funciones– modélico que anda serpenteando para que no se note su compromiso con comunistas, independentistas, separatistas o cualesquiera quitameriendas que le atornille al sillón, por canalla que fuere. Unos partidos de centroderecha responsables, generosos, democráticos y hasta providenciales que andan a cuchilladas por ver quién mata antes a quién. Una derecha más o menos extrema que no sabe muy bien cómo administrar su situación, aunque eso sí, buscando «puestos de gobierno», o sea pensionados. Una extrema izquierda podemita que aplaude con las orejas al sátrapa de Venezuela quien, según la meliflua Bachelet, lleva ya siete mil muertos –asesinados– en su haber y aún andan exigiendo acomodar su popa en el consejo de ministros o, si no pudiera ser en TVE, Cesid, o cualquiera centro de poder real al que puedan echar mano para implantar su revolución pendiente y bolivariana. Y para rematar una señora muy señoreada, siempre protestando y siempre cabreada que ejerce de vicepresidenta del gobierno a quien vuecencia ha ofendido de muerte y que, en modo matacuras, ha apelado al césar para que vuecencia sea condenado a galeras por su provocadora imprudencia al airear la verdad sin el mínimo pudor exigible a un buen diplomático vaticano. He leído que piensa retirarse a su pueblo para ayudar al párroco. Ojo, monseñor: igual acaba de monaguillo; que Carmen es mucha Carmen y además es la de Cabra, que no la de Merimée. Y tiene además poderes. Piense vuecencia si era complicado resucitar a Franco después de 40 años. Y lo hizo. ¡Ay monseñor!