«La crisis ha acabado con el 80% de lo que recibíamos para ayudar a familias»

Dos usuarias del centro de acogida de Acisjf, en Cáceres, recogiendo comida. :: a. méndez/
Dos usuarias del centro de acogida de Acisjf, en Cáceres, recogiendo comida. :: a. méndez

Acisjf, la asociación que atiende a 850 personas en riesgo de exclusión en Cáceres, asegura que cada vez cuentan con menos recursos de entidades e instituciones públicas

ÁLVARO RUBIO CÁCERES.

«Acabo de hablar con una joven que ha sido víctima de violencia de género. Tiene una niña pequeña y desde este mismo momento vamos a empezar a ayudarle en todo lo que podamos». Lo cuenta Dolores Ballell, directora del centro que gestiona la Asociación Católica Internacional de la Juventud Femenina (Acisjf). Su sede está ubicada en el número 5 de la Plaza de San Juan de la capital cacereña. Hasta allí llegan cada día mujeres con historias difíciles que buscan ayuda en una agrupación que nació en 1971.

Desde entonces su objetivo no ha cambiado. Siempre ha intentado ayudar a las familias más necesitadas. Sin embargo, cada vez lo tienen que hacer con menos recursos. La crisis acabó con gran parte de las ayudas que recibían de instituciones y hoy, cuando parece que la situación económica está mejorando, las componentes de Acisjf aseguran que no lo notan. «Lo que se ha perdido ya no se va a recuperar. La crisis ha acabado con el 80 por ciento de las ayudas que recibíamos para familias», asegura Ballell.

Detalla que sólo cuentan con una subvención de 10.000 euros del Ayuntamiento cacereño, donativos de asociaciones relacionadas con la Iglesia que ascienden a unos 12.000, unos 5.000 procedentes de fundaciones como Mercedes Calles, Valhondo Calaff y San Lázaro, y unos 38.000 de socios y particulares.

«De la Junta de Extremadura hemos llegado a recibir 75.000 euros en un año, ahora ya no nos dan nada»

A ello se suman los beneficios que obtienen por los rastrillos que celebran en épocas como Navidad y con motivo de la Feria de San Fernando. En esas iniciativas también se ha notado la crisis. «Antes recibíamos 3.000 regalos de casas comerciales. Ahora no llegamos a los 500. La gente es solidaria pero hay veces que la necesidad apremia», reconocen desde Acisjf.

Según cuentan, de donde ya no obtienen ningún tipo de ayuda es de la Junta de Extremadura. Recuerdan que en el año 2012 el Gobierno autonómico les rebajó una aportación de 75.000 a 30.000 euros. «Ahora ya no nos dan nada», asevera Corazón Rosado, presidenta de Acisjf.

Actividades

Con lo que reciben hacen frente a las actividades que llevan a cabo durante el año. Entre ellas, el reparto de comida, ropa y muebles a 268 familias. De ellas, 6o son inmigrantes que residen en Cáceres y han sido derivadas por el Instituto Municipal de Asuntos Sociales. La mayoría proceden de Rumanía, países de América del Sur y Marruecos.

Respecto a la nacionales, el 80% de las familias que acuden a este centro viven en Aldea Moret, según explican sus responsables. «Desde hace tres meses vengo a recoger comida. He sufrido malos tratos y estoy pasando por una situación muy complicada. Mis hijas tampoco me pueden ayudar», comenta una cacereña que prefiere no desvelar su nombre. Lo dice mientras llena el carro de alimentos que recoge cada mes.

En total, reparten 100.000 kilos de comida por año. Aproximadamente 60.000 proceden del programa de ayuda para las personas más desfavorecidas financiado por el Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA). Lo restante llega de las campañas que realizan el Banco de Alimentos y el Club Rotary.

La agrupación nació hace más de cuatro décadas y anualmente realizan cursos y entregan 100.000 kilos de comida»

En Acisjf también hacen talleres y cursos formativos. Su objetivo es preparar a las mujeres para el mundo laboral. Sus hijos menores reciben clases de apoyo. Además, a las madres que tienen bebes les regalan canastillas con todo lo necesario para los primeros meses. «En lo que va de año hemos entregado seis», dice Dolores.

Para que todo eso pueda ser una realidad cuentan con empleados (oscilan entre tres y cinco) y más de 70 voluntarios.

«La gente tiene que seguir confiando en nosotros. Esto es una casa abierta. Nos dan igual las creencias políticas y religiosas. Sólo queremos servir a las personas», concluye Corazón.

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