Cortés: héroe o villano

Cortés: héroe o villano
Manuela Martín
MANUELA MARTÍNBadajoz

No descubro nada nuevo si afirmo que los españoles tenemos una tortuosa relación con nuestra historia. Con la más reciente y con la más lejana. Fíjense ustedes en la campaña emprendida por algunos sectores para deslegitimar la Transición, la etapa más pacífica y próspera que ha vivido España en muchos siglos. No hay manera: nos quieren convencer a quienes la vivimos que fue un desastre. Tampoco parece que haya acuerdo sobre cómo enjuiciar y explicar a los más jóvenes el franquismo, que ha resucitado en los últimos tiempos como materia de bronca política. Pero es que ni siquiera somos capaces de acercarnos con cierta calma a nuestra historia lejana.

Este año se cumple el 500 aniversario de la llegada de Hernán Cortés a México y ya se ha levantado algún revuelo. Hay quienes acusan al Gobierno de querer esconder la fecha para no levantar ampollas.

La pregunta obvia es plantearse qué pasa para que cinco siglos después del viaje de Cortés no seamos capaces de valorar con tranquilidad lo que supuso la llegada del extremeño al gran país de los aztecas. Probablemente la exaltación que hizo el franquismo de los «conquistadores» y de la época del imperio español han hecho desarrollar una alergia a todo lo que suene a 'conquista'. Nos sentimos culpables de las barbaridades que seguro que cometieron Cortés y su ejército y ello nos impide acercarnos de manera sosegada al estudio de ese lejanísimo siglo XVI, que es lo que resultaría lógico. A sus luces y a sus sombras.

El extremeño Cortés es considerado por muchos historiadores uno de los españoles que más influencia ha tenido en el devenir del mundo moderno; si no el que más. Su victoria sobre el imperio azteca cambió la historia, al mismo nivel que lo hicieron las campañas bélicas de Julio César o Alejandro, que sí son puestos como ejemplo de genios políticos y militares. Pero muchos españoles no conocen ni someramente esos datos. Nos hemos quedado con el tópico apolillado de los conquistadores y nunca nos han enseñado la trascendencia histórica de esos hechos.

El quinto centenario de Cortés coincide con otra efeméride: en 2019 se cumple también el 500 aniversario de una gesta que no es ni de lejos tan importante, pero que tiene la suerte de no acarrear polémica: la primera vuelta al mundo de Juan Sebastián Elcano y Fernando Magallanes.

El vasco Elcano, que es el que la completó, juega con la ventaja de que su aventura no tiene la carga negativa de la conquista de México, por lo que sí va a ser celebrada como merece. Incluso hay disputa entre España y Portugal por qué país tuvo más mérito en la hazaña naval.

¿Y qué hacer con Cortés? Hasta ahora el Ministerio de Cultura no ha mostrado demasiado entusiasmo en conmemorar la fecha. El motivo que se aduce es que en México sigue siendo un personaje negativo, un genocida para los más críticos. Ni que decir tiene que si Hernán Cortés hubiese sido inglés su papel central en la historia hubiera sido más reconocido por sus compatriotas.

¿Y qué puede hacer Extremadura ante este centenario? El Ayuntamiento de Medellín se ha quejado de esa renuencia oficial a conmemorar el 500 aniversario de su hijo más ilustre y es probable que la Junta tenga las mismas reservas que el Ministerio de Cultura y huya de darle demasiado bombo al personaje y a la hecha redonda. Vivimos tiempos de extremos, de héroes o villanos. Y habrá quien piense que recordar la aventura de Cortés le convierte en cómplice de lo que éste hizo mal. Como si no se pudiera acercarse a la época y estudiar, con la distancia que dan cinco siglos, la extraordinaria aventura del extremeño y su ejército. Lo bueno y lo malo que hizo. No se trata de contar un cuento bobo de buenos y malos, sino de conocer la historia con su complejidad. Sabiendo de antemano que juzgar con los ojos de hoy las acciones de quienes vivieron en el siglo XVI resulta tramposo. Pero si todavía no podemos hacer las paces con lo que ocurrió en 1519, estudiarlo, aprender de ello, enseñárselo a los niños y jóvenes, mucho menos vamos a ser capaces de asumir con tranquilidad y sin sectarismos la historia más reciente.