«Contar la pérdida de un hijo ha dolido, pero duele mucho más callarlo»

La extremeña Isabel Carrasco delante de un muro en homenaje a su hijo. A la derecha, la foto del fallecido Alberto Fresneda. :: Daniel Ferreres/
La extremeña Isabel Carrasco delante de un muro en homenaje a su hijo. A la derecha, la foto del fallecido Alberto Fresneda. :: Daniel Ferreres

Alberto Fresneda falleció arrollado por un tren en Londres mientras pintaba grafitis y hoy sus padres, la extremeña Isabel Carrasco y el periodista Carlos Fresneda, hablan de él y del duelo en un libro

ÁLVARO RUBIOCÁCERES.

«Cuando esa mañana cogí el metro, enfrente de la pared de la estación vi dibujada la palabra 'Trip'. Alberto firmaba con ella cuando pintaba, pero en esa ocasión la esquina de un muro tapaba la 't' y sólo se podía leer 'Rip', siglas de 'rest in peace' en inglés, que se traduce 'descanse en paz'. Cuando vi eso me dio un vuelco el corazón, pero no le di importancia. Estuve trabajando hasta que por la tarde me llamó Carlos, mi marido. Al principio no quería decírmelo». Así explica a través del teléfono la extremeña Isabel Carrasco el día más duro al que se ha enfrentado. El 18 de junio de 2018 murió Alberto Fresneda. Lo recuerda sin terminar las frases y con muchos suspiros. Es difícil contar que tu hijo ha muerto a los 19 años. Tras una conversación y justo después de un largo silencio, es capaz de decirlo: «Mi hijo murió arrollado por un tren en la estación de Loughborough Junction, Brixton, al sureste de Londres, mientras realizaba grafitis en plena madrugada junto a otros dos amigos».

Alberto salió de su casa, en el norte de la capital británica, a las cinco de la tarde del domingo 17 de junio. Su último mensaje fue a las diez de la noche diciendo que tenía intención de volver a cenar a casa. Sin embargo, no fue así. «Nuestra inquietud fue a más con el paso del tiempo y sin tener noticias suyas. Desde primera hora de la mañana supimos del accidente en el que habían muerto tres hombres en Brixton, pero al principio no establecimos la relación. Fue el lunes por la tarde cuando la Policía Británica de Transporte nos comunicó la noticia», explica Isabel, que no puede evitar emocionarse cuando alude a cómo se volcó con las tres víctimas el mundo del arte urbano londinense. Esa misma semana aparecieron tres corazones negros pintados en la estación de Loughborough Junction en recuerdo a los fallecidos, conocidos como Kbag, Trip y Lover.

Hoy, un año después, los homenajes continúan. El último se lo están dando sus padres, que acaban de presentar el libro titulado 'Querido hijo'. El autor es el padre de Alberto, el periodista Carlos Fresneda. En él habla sin tapujos del duelo y de la idea de no volver a besar a un ser querido. Es una carta de amor incondicional a quien se va demasiado pronto.

Acaban de presentar el trabajo en la Feria del Libro de Madrid y lo harán en Extremadura en agosto

«En vacaciones siempre volvíamos a Herrera del Duque, a Alberto le encantaba», dice Isabel

Además, cuenta cómo era la vida de Alberto, que nació en Nueva York y tenía la doble nacionalidad, española y norteamericana, pero que pasaba parte de los veranos y las navidades en Herrera del Duque, donde vive su familia materna. A Londres llegó a finales de 2011. Desde muy pequeño, su pasión fue dibujar. Le encantaba el arte y estaba a punto de empezar a estudiar diseño gráfico en el London College of Communications. En sus últimos años también mostró interés por el mundo de la moda.

El epílogo de este trabajo lo ha escrito Isabel, nacida en la citada localidad pacense. En él explica lo difícil que fue comunicarle lo sucedido a su madre, a sus dos hermanos, a sus amigos, así como contarlo en las redes. «Exteriorizar la pena es como arrancar una mala hierba», detalla Isabel en el primer texto que se puede leer en este libro. De su marido, el autor, admira la capacidad que ha tenido para visitar un momento tan duro y crear algo tan bonito. «Muchas grandes obras de la literatura y el cine están basados en momentos autobiográficos que son los que llegan a la gente, luego con ellos haces un trabajo artístico», añade Isabel.

La vuelta a Extremadura

Para ella también fue complicado volver a su tierra natal tras la muerte de su hijo. Eso fue un golpe de realidad mezclado con dosis de cariño. «Pasar de Londres, donde caminas por el anonimato, a Herrera, donde todos te conocen y te apoyan, me daba vértigo», reconoce. «La pérdida de un hijo es muy dura. Ir al pueblo fue como volver atrás. Los primeros días los pasamos en Londres, que al ser una ciudad tan grande casi nadie sabe por lo que estás pasando. En Herrera todo el mundo lo sabía y no puedes esconderlo, pero el apoyo se agradece. Me impresionó mucho que la primera vez que volvimos tras perder a Alberto la gente venía a darnos el pésame. Al principio me intimidaba mucho salir a la calle, pero hice un esfuerzo; hay gente que pierde a sus hijos y no vuelven a salir», dice emocionada Isabel.

Lo comenta antes de acordarse de los momentos con su hijo en su tierra natal. «En vacaciones siempre volvíamos a Herrera del Duque. A Alberto le encantaba estar en el pueblo. Disfrutaba del río, del fútbol, del campo, de la comida de sus abuelas y del tiempo que compartía con sus primos», comenta la madre.

En los últimos meses, ella y su marido han conocido a familias que también han perdido a sus hijos. De hecho, hay un capítulo que está dedicado a otros dos grafiteros españoles, Molas y Goma, que también murieron en las vías del tren en la ciudad portuguesa de Oporto.

Además, el libro también hace referencia a varias personas que han perdido la vida jóvenes como Ignacio Echeverría, conocido como 'el héroe del monopatín' tras enfrentarse a uno de los terroristas del atentado de Londres de junio de 2017, o Julio Anguita, corresponsal de guerra que murió a los 32 años al sur de Bagdad.

La obra acaban de presentarla en la Feria del Libro de Madrid y esta semana harán un homenaje a Alberto en el teatro Cervantes de Londres. En agosto volverán a Herrera del Duque y presentarán el libro. «Será una manera de agradecer el cariño que hemos recibido. Son muestras de apoyo que también nos han llegado desde el mundo del grafiti, que está siendo todo un descubrimiento. La primera sorpresa ha sido ver el gran corazón que tienen los grafiteros. Lo que me dio un poco de luz después de su pérdida fue ver todos los murales que se pintaron en su honor y el cariño que nos han demostrado. Son maravillosos», concluye Isabel.

Ella, al igual que Carlos, se arman de valor cada vez que cuentan la historia que cambió sus vidas para siempre. Es su única forma de arrancarse el sufrimiento. «Contarlo ha dolido, pero duele mucho más callarlo», concluyen.