La Constitución y la crisis 'de los 40'

Ojalá podamos mostrar a las futuras generaciones una Norma Fundamental que, aunque imperfecta, dé respuestas sobre lo que fuimos capaces de hacer, al igual que nos muestran esos 300.000 padres y madres de la Constitución que hoy celebramos

JOSÉ ÁNGEL CAMISÓNProfesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Extremadura

La Constitución española se sometió a referéndum el 6 de diciembre de 1978, fecha de la que ahora conmemoramos su cuadragésimo aniversario. Con una simple operación matemática, que consiste en sumar los 40 años de la Constitución a la edad mínima que era necesario tener para poder participar en dicho referéndum –al menos 18 años–, obtenemos como resultado que quienes participaron en aquella significativa e importante consulta tienen hoy 58 años o más. En Extremadura, según los datos estadísticos, conviven entre nosotros aproximadamente unas 300.000 personas que fueron directamente protagonistas en aquella jornada, en tanto en cuanto la vivieron en su condición de 'poder constituyente', es decir, como ciudadanos y ciudadanas facultados para poder darse a sí mismos una Constitución en el uso y ejercicio de la soberanía de la que eran titulares como integrantes del pueblo español.

Sin duda son ellos y ellas, memoria viva y cercana, quienes mejor nos pueden ofrecer hoy el testimonio directo de cuánto ha cambiado y evolucionado gracias a ellos nuestro país y nuestra región, Extremadura, en estas cuatro décadas de vigencia de la Constitución del 78 y; también, de cómo fueron realmente aquellos tiempos del 'consenso' en el marco un debate constituyente que ocupaba no solo a las élites políticas de aquel momento sino también a quienes directamente como ciudadanos vivieron y protagonizaron aquel momento histórico. Por ello, es preciso reivindicar aquí que los verdaderos 'padres' y 'madres' de la Constitución del 78 fueron en realidad todos y cada uno de integrantes del pueblo español soberano que, convocado a las urnas, manifestó abrumadoramente en todo el conjunto del Estado su apoyo a la Constitución.

Sin embargo, muchas veces se habla metafóricamente de los 'padres de la Constitución' para referirse únicamente a los siete diputados constituyentes que, integrando la ponencia constitucional, fueron los redactores del primer proyecto de Norma Fundamental. Por cierto, normalmente se nos olvida que, además de aquellos siete padres, en aquel primer borrador estuvo directamente implicado también un extremeño, el profesor Francisco Rubio Llorente, reconocido experto en Derecho Constitucional quien, actuando en su condición de Letrado de las Cortes y específicamente de aquella ponencia, desempeñó un papel muy significativo, aunque poco conocido por el gran público, en la redacción de aquel texto que habría de servir de base a la futura Constitución española.

Y es que, si nuestra Constitución tiene 'padres', también ha tenido ya 'hijas' y hasta 'nietos', pues la Norma Fundamental se sitúa hoy a caballo entre varias generaciones. De una parte, aquella generación que, como antes indicamos, fue protagonista en su elaboración y aprobación, y que se siente legítimamente orgullosa y celosa de su legado. De otra parte, una nueva generación de jóvenes que han venido al mundo en el nuevo siglo XXI y que reclaman también su momento y su derecho a ser protagonistas. Y entre ambas, una generación que ha crecido junto con la Constitución y que se ha desarrollado con ella, conviviendo con sus luces, pero también con sus sombras.

Podríamos decir así que, ante esta situación intergeneracional, nuestra Constitución 'sufre la crisis de los cuarenta', que es aquella época de la vida que comúnmente sobreviene cuando uno se encuentra en el momento de ser sincero con uno mismo respecto no solo de su pasado sino también de su futuro. Por ello, llegados a este punto es preciso y necesario mirar con perspectiva y sin complejos hacia los significativos logros de la Constitución, pero también a sus defectos y lagunas –que deben ser corregidos–, y hacia el porvenir que la espera en un mundo globalizado muy diferente de aquel que la vio nacer.

En este sentido observamos cómo en los últimos tiempos 'el cambio constitucional' ha pasado a ocupar un significativo lugar dentro del debate político, académico y social. Y es que la Constitución no es solo, en tanto que norma, un mero 'deber ser' de naturaleza jurídica, sino que es también al mismo tiempo la expresión de una realidad social y de una voluntad común y pactada de lo que una sociedad 'es' y de lo que 'quiere ser'. Es por ello que la Constitución ha de entenderse como la sede y el lugar en la que una sociedad, que siempre es plural y compleja, reconoce sus conflictos y se dota de instrumentos para resolverlos. Cuestión ésta complicada, pero ciertamente necesaria en tanto que si la constitución no logra convertirse en parte esencial de la solución, tristemente devendrá en elemento central del problema, como da cuenta nuestra atribulada historia constitucional. Y este es el reto que tanto 'los padres' como 'las hijas' y 'los nietos' de la Constitución debemos afrontar conjunta y serenamente, y en la que Extremadura debe estar presente.

Quizás, dentro de 40 años alguien nos pregunte: ¿Y tú qué hiciste en aquel momento histórico en el que ante el Brexit había que culminar el proyecto de integración europeo? ¿Cómo fuisteis capaces de superar la sempiterna cuestión de la vertebración de España? ¿Cómo hicisteis posible una sociedad más justa e igualitaria después de la crisis? Ojalá nuestra contestación a las futuras generaciones no sea el silencio y podamos mostrarles una Norma Fundamental que, aunque seguramente imperfecta, les dé cumplidas respuestas de lo que entre todos fuimos capaces de hacer, al igual que hoy nos muestran orgullosos esos 300.000 extremeños que son 'padres y madres' de la Constitución que hoy celebramos.

 

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